21-10-2019
"Una Política Cultural para nuestra Cultura Política"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

Estamos trabajando en el diseño del próximo gobierno municipal de La Plata, con la pretensión de que sea un Gobierno Participado, es decir, un gobierno que abra sus puertas a la participación popular para el planteo, discusión, decisión y control de ejecución de políticas públicas, para discutir todo entre todos y arribar a decisiones compartidas, a través de foros de intervención ciudadana en cada una de sus áreas (1).

 

Concebimos esta expansión democrática para promover la construcción de un Estado que sea foco de identificación colectiva, que materialice su pretensión indelegable de ser la instancia principal de protección, interpretación y realización de las necesidades y expectativas del pueblo, pretensión desde hace unos años en desuso, por delegación en la "mano invisible" del Mercado.

 

Este Gobierno Participado necesita organizar y desarrollar una Política Cultural para el abordaje y la puesta en crisis de nuestra Cultura Política, una Política Cultural que sea capaz de contradecir el "sentido común" hegemónico y contener los conflictos que ello trae aparejado, hasta lograr su reemplazo por un nuevo "sentido común".

 

Ello significa poner en juego la progresiva superación del individualismo, la fragmentación social y la desafección colectiva por la cosa pública, hoy dominantes en la sociedad, lo que, a su vez, podrá orientar una trayectoria de reducción considerable de los márgenes de discrecionalidad política y económica de las autoridades formalmente constituidas y de quienes pretendan serlo.

Pedagogía de la pregunta

¿Cómo podríamos, desde el gobierno, llevar a los barrios esta herramienta de participación, sin una Política Cultural que tenga en cuenta la manifiesta desigualdad en el reparto de posibilidades de interesarse en lo político?

 

¿Cómo podríamos desconocer que la concentración oligopólica del poder político es lo que hace que las "personas comunes" no le pidan a un gobierno que se le acerquen condiciones de participación, sino, simplemente, que le resuelvan sus problemas individuales?

 

¿Cómo podríamos desconocer que esta es la base del clientelismo, al que tanto se estigmatiza y poco y nada se intenta superar?

 

¿Cómo podríamos organizar y desarrollar una política de participación popular si mantenemos a la mayoría del pueblo despolitizado, es decir, desafectado de la "cosa pública"?

 

¿Cómo podríamos hacerlo, si mantenemos vigente un "sentido común" que sólo alienta al pueblo a manifestarse de dos modos: replegarse en su círculo íntimo y despreocuparse de lo político, hasta en su expresión más básica, que es el sufragio, o concebir la representación política como una simple delegación de su poder y de su responsabilidad en un pequeño grupo de dirigentes?

La ruptura tan temida

Si alentamos esta herramienta de inclusión política es porque no creemos que las personas somos seres meramente instintivos, con nuestra propia sobrevivencia como único objetivo. No. Las personas somos seres fundamentalmente ideológicos (2). Y la ideología no es otra cosa que una manera de concebir la realidad y actuar en ella, así, lisa y llanamente, sin contorsiones literarias. Aunque, tal vez, sin conciencia plena de ello.

Porque nuestra concepción de la realidad es estructurada por los otros que fueron y también es estructurante de los otros que vienen. Pero no pensemos en una estructuración cerrada, en un mandato a cumplir obedientemente. Pensemos, más bien, en un "sentido común" que se proyecta desde los centros de poder y contamina a toda la población, pero sólo surte efecto en una gran parte de ella, la suficiente para establecer una cultura dominante y sostenible en el tiempo.

Cuando todas y todos decimos estar a favor de la democracia, por ejemplo, suponemos que todas y todos decimos lo mismo, que la concepción democrática es una sola: la que hemos naturalizado sin historizar, sin problematizar, la que el "sentido común" nos indica, como lo hacemos con casi todo en la vida. Estamos hablando, por supuesto, del sistema que conocemos como "democracia representativa", un sistema que se impuso en el siglo 19 y que es desde entonces nuestro anclaje ideológico (3).

Porque el "sentido común" dominante (es decir, la ideología dominante), ni siquiera aborda la ruptura que significaría pensar que sólo hay democracia en tanto y en cuanto haya una distribución igualitaria del acceso a los medios de participación política. Y esto ocurre porque este "sentido común" evita que se sienta y que se piense que uno pertenece a un campo ideológico conservador y retrógrado, para que nadie piense ni sienta que puede pertenecer a un campo ideológico transformador y actuar en consecuencia.

Nadie dijo que es fácil

El Gobierno Participado que proyectamos necesita de una fuerte Política Cultural, que cuente con militantes dispuestos a recorrer todos los días todo el territorio y preparados para hablar cara a cara con cada vecino, con cada grupo de vecinos, con cada institución, con cada gremio, con cada partido político, con cada cámara empresarial, con cada movimiento social.

Y, sobre todo, dispuestos a militar con la misma energía al interior del complejo político y burocrático del Estado, porque si no lo hacen corren el riesgo de no poder demostrar, en poco tiempo, que no se trata de un delirio, que se trata de un proyecto político-ideológico. Y, como tal, colectivo. Por lo tanto, realizable. Porque ningún proceso (político, económico, social) es necesario ni es inevitable: todo proceso es la manifestación práctica de relaciones de poder y no de dinámicas divinas o naturales.

Esta participación popular en la conformación de las políticas públicas no puede ser anterior a una gestión de gobierno que reconozca y revierta la hoy reducida eficacia de su conjunto de burocracias y la limitada efectividad de su sistema legal: debe ser simultánea, porque de otro modo estaríamos nuevamente postergando las necesidades y expectativas de la población, lo que redundaría en la inviabilidad de aquella deliberación pública, con lo que sólo estaríamos reproduciendo el Estado que pretendemos transformar.

Cuando hablamos de conjunto de burocracias, estamos hablando de las distintas áreas en que se organiza un gobierno para el abordaje de las complejas relaciones sociales del territorio (ambiente, salud, seguridad, etc.). Y cuando hablamos de sistema legal estamos hablando del orden jurídico-político que se intenta establecer para el desarrollo, más o menos pacífico, más o menos conflictivo, de aquellas complejas relaciones sociales.

Sólo este trabajo simultáneo podrá lograr que el Estado Municipal se transforme en aquel foco de identidad colectiva, en ese Estado que sea reconocido como propio por el conjunto de la población, para que ese reconocimiento permita, a pueblo y gobierno, identificar sus debilidades y fortalezas, con la finalidad de promover acciones tendientes a la superación de las primeras y la profundización de las últimas.

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 7/7/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/    

Notas:

(1) Para mayor información:"Nadie está pensando en la inclusión política": http://www.cadenaba.com.ar/nota.php?Id=40602; "El próximo Presupuesto Participativo tendrá que ser integral":http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=55168; "Apuntes para un programa comunal de gobierno": http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=43139; "Hacia un cuarto nivel de gobierno": http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=43393).

(2) Ver "El voto es ideológico, http://www.cadenaba.com.ar/nota.php?Id=57221

(3) Ver "El anclaje ideológico", http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=52187