20-10-2019
“Mensaje en una botella (el mar es inmenso)”
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

La construcción política del año impar, en líneas generales, se hace desde una mentalidad burocrática. Se convoca a candidatos que acompañen al principal desde el supuesto de que aportan votos, organización y/o dinero. Si no aporta ninguna de esas tres cosas, lo que puede aportar es que un espacio quede "fuera de juego" en una interna.

Si ese candidato secundario aporta una, dos, tres o las cuatro cosas, lo más probable es que juegue para sí mismo. Pero ese no es el problema: es lógico que así sea. El problema es que el candidato principal crea que será un fiel acompañante, aún en la derrota. Esto no sucede casi nunca.

El candidato principal también puede creer que si el otro no aporta nada de todo aquello, igual debe colocarlo en un lugar destacado por otros motivos, como, por ejemplo, convertirlo en portador simbólico de un mensaje de apertura, amplitud y/o de unidad, porque, de todos modos no corre ningún riesgo "hacia afuera", dado que su protagonismo es irreversible. Esto suele suceder con frecuencia.

Lo que ocurre es que "hacia adentro" del propio espacio pueden aparecer, a partir de esta ingeniería electoral, "grietas" indeseadas entre los "propios", cuando entra a tallar la observación del aporte y se cae en la cuenta de que ese candidato secundario no aporta nada de todo aquello que se suponía y que, gane o pierda el principal, él saldrá ganando con su posicionamiento privilegiado.

¿Qué hacer?, se preguntó alguien alguna vez. Simple: recurrir a un candidato secundario "propio", aunque no aporte nada de todo aquello, que, de todos modos, el otro tampoco aporta, lo que garantiza, al menos, que no se cortará solo, que el candidato principal podrá contar con él gane o pierda la compulsa. Si los votos, en cualquiera de los dos casos, los aporta el candidato principal. ¿Por qué, entonces, rifar ese capital político?

Sucede que por debajo de aquella mentalidad burocrática fluye el magma de la desestructuración de las identidades partidarias. Sólo vemos sellos que remiten a una alianza electoral y en cada una de ellas conviven radicales, peronistas, liberales, socialistas. Ni siquiera la izquierda puede configurarse en un solo bloque. Porque ningún partido político puede expresar hoy algo ideológicamente singular. Eso es cosa del siglo 20 (1).

¿Y el proyecto político? Supongo que se entiende que sólo estoy hablando de la ingeniería electoral y que estas improntas estructuralmente liberales y coyunturalmente conservadoras no necesariamente tienen por qué proyectarse en la acción de gobierno. Si bien cualquier fuerza política que gana una elección traslada al gobierno sus propias miserias y sus propias riquezas, estas últimas suelen ser predominantes, si entendemos por riquezas sus objetivos de gobierno, sean "buenos" o "malos".

¿No estamos de acuerdo con esta práctica política? ¿Queremos definiciones absolutas ya? ¿Seguimos creyendo que es sólo una cuestión de egos, sin mirar más allá? Pues bien, nuestra dirigencia política es la que supimos construir con nuestras acciones y omisiones. Si no nos satisface, no podemos quejarnos: tenemos que hacer algo para reemplazarla. Y si queremos resultados distintos, no podemos hacer lo mismo que ella ni permitirnos seguir haciendo lo mismo que ya hicimos. Recordemos que ella está allí, decidiendo por nosotros, porque nosotros estamos allí, obedeciendo, aún cuando no nos guste (2).

Notas:

(1) Ver "Entre lo viejo y lo nuevo. La cuestión grupuscular": http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=43957

(2) Ver "La insatisfacción política":  http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=43267

 (*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 18/09/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/