17-06-2019
“Las 'políticas de Estado' como clausura ideológica”
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

Día tras día, sobre todo en tiempos electorales, asistimos al planteo de malversaciones ideológicas por parte de actores políticos de todo tipo y color. Los periodistas no lo advierten o no lo señalan, les siguen la corriente, así que la malversación queda legitimada y pasa a formar parte del "sentido común". Se comprende: un actor político debe conectar con este "sentido común", porque contradecirlo, cuestionarlo, es "piantavotos". Un periodista sigue la misma mecánica, pero no porque pierda votos, sino porque pierde audiencia.

El asunto es que ambos coinciden en que el "sentido común" es bastante primario, no resiste ninguna complicación lingüística y tiende, por lo tanto, a inclinarse hacia la derecha. Y lo reproduce. Claro que no lo presentan de este modo: cuando hablan de "sentido común", lo que están diciendo es que no hay alternativa a ese planteo, que ese planteo es la verdad revelada y que todos los mortales estamos de acuerdo con eso.

Unanimidad republicana

Es de "sentido común", por ejemplo, decir que vivimos en democracia. Y a nadie se le ocurre poner en crisis esta idea (Ver "El anclaje ideológico"). Otro ejemplo: hay quienes consideran políticas de Estado sólo a aquellas que se producen desde un "Gran Acuerdo Nacional". Es decir, mediante el consenso de todas las organizaciones políticas que conforman el universo ideológico del país.

Si se bucea en la profundidad de esta pretensión, uno puede encontrar, como único sentido práctico, la supresión de las elecciones y, por ende, del sistema republicano en su conjunto. Porque pregonar este concepto de política de Estado es afirmar el fin de las ideologías, postular el pensamiento único. Siendo que los voceros de esta malversación se autodenominan republicanos, la contradicción no debería ser invisible a los ojos.

Esta malversación le cae bien al "sentido común", no le complica la existencia a sus portadores, que son millones. ¿Cómo no vamos a estar todos de acuerdo en darle al país la dignidad que se merece? Suena bien, contundente, incuestionable. Pero ocurre que, de acuerdo con esta perspectiva ideológica, no hay, no hubo, ni habrá, en ningún país del mundo, una política de Estado. ¿Es una mentira, entonces, aquel postulado? No solamente. Es también el virus de la antipolítica, la bacteria del neofascismo mercadofílico, aunque es probable que sus voceros no sean conscientes de ello. De tanto hablarle al "sentido común", se diluyeron en él.

Lo que sucede, en cambio, es algo absolutamente normal: todas las políticas públicas son políticas de Estado, aunque en el Congreso se impongan por un voto, aunque el gobierno que las impulsa haya ganado las elecciones por un voto, porque la diversidad ideológica existe y proyecta prácticas políticas materialmente tangibles y diferenciadas, que el pueblo, desde su sentido práctico, acepta o no. Si las acepta, esas políticas permanecen, como la educación común pública y gratuita, por ejemplo, que no emergió de ningún "Gran Acuerdo Nacional". Y si no las acepta, esas políticas se desvanecen, como el indulto a los genocidas, por ejemplo, que tampoco germinó desde el consenso universal.

Lo que importa

 

Así las cosas, sólo algo nos importa: lo que se escribe o se dice públicamente puede pensarse, puede expresarse, presentarse al pueblo. Es decir: están dadas las condiciones de recepción. Eso es lo que importa. Y es por eso que importa decir lo que aquí se dice. Para intentar que el "sentido común" no sea el folklore de la ideología dominante, porque la ideología dominante es la ideología de la clase dominante (1). O, al menos, advertirlo, para quienes aún no lo advierten.

Es este "sentido común" forjado por años el que permite que muchos se escandalicen por la corrupción K, pero ni se enteren de la corrupción M, que muchos nieguen la trama de espionaje y armado de causas con un fiscal en rebeldía, que muchos se despreocupen de Maldonado, Nahuel, el ARA San Juan, Chocobar y tantos otros casos en los que la malversación ideológica engendró perversiones. Y esta forja es la que ha logrado que a casi nadie le importe la motivación ideológica de cada práctica política, de cada acto de gobierno.

Traigamos el ejemplo de la antipática y disolvente, como la juzga este "sentido común", lucha de clases: tan sólo es un conflicto, que puede ser abierto, encubierto o latente, como todo conflicto. Y su fundamento es la puja de intereses antagónicos (materiales y/o ideológicos), como lo es en todo conflicto. Así de simple (Para profundizar esta idea, ver "El voto es ideológico").

¿Marxismo explícito? Veamos: el concepto de lucha de clases, con diversas interpretaciones, no proviene de Marx, sino que comienza a ser utilizado por Maquiavelo, para luego ser tomado por liberales como Smith y Mill, por ejemplo, o por pre-socialistas, como Rousseau, entre otros. Sólo después de ese largo recorrido, el concepto de lucha de clases fue abordado y re significado por  Marx y Engels, para, finalmente, ser encapsulado en el marxismo y expulsado definitivamente del canon liberal, porque ya era tiempo de adosarlo a un "sentido común" que lo comprenda y reproduzca como antipático y disolvente social.

La disputa

Las "políticas de Estado" como clausura ideológica responden a esta forja de nuestro "sentido común". Utilizan esta clausura casi todos los actores políticos y uno de ellos, el que la viene remando desde hace años, es Eduardo Duhalde, para quien los partidos políticos son viejos, ya no sirven, y habla de coaliciones integrales de gobierno, en las que estén todos (menos la izquierda, por supuesto), con lo que apuesta al fin de las ideologías, que es a lo que apuesta siempre la derecha (incluyendo a la alianza política gobernante) y es la trampa en la que caen casi todas las fuerzas políticas.

Por su parte, Cristina se acerca peligrosamente, en su afán de comunicarse con el "sentido común", a esta ideología del fin de las ideologías, valga la paradoja, cuando afirma que derecha e izquierda son categorías perimidas, pero no propone nuevas categorías, lo que, a su vez, aparece como un intento de reconciliación con el sentido histórico del peronismo.

Pero Néstor Kirchner solía decir que había dos grandes campos ideológicos en disputa por el poder: centro-derecha (supremacía del Mercado) y centro-izquierda (supremacía del Estado). Y apostó a este último. Sigue siendo, para nosotros, la apuesta político-ideológica por la que militamos día tras día.

(1) Viene a cuento esta cita: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época. Por ejemplo, en una época y en un país en que se disputan el poder la corona, la aristocracia y la burguesía, en que, por tanto, se halla dividida la dominación, se impone como idea dominante la doctrina de la división de poderes, proclamada ahora como ley eterna" (La Ideología Alemana, Marx y Engels, 1845/46).

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 3/6/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/