17-07-2019
"Para leer ese libro"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

No la voy a nombrar porque me parece innecesario. Con placer o con displacer, con gusto o con disgusto, todas y todos hablan de ese libro, todas y todos hablan de ella. Es un fenómeno editorial como hace mucho no se registra en Argentina.

El mejor marketing fue lo inesperado de su aparición, el embargo judicial de las regalías y su leyenda urbana consecuente: la inembargabilidad de esos derechos de autor porque están destinados, como donación, al Hospital de Niños de La Plata o a entidades de beneficencia.

Todo ello, sumado al vilipendio mediático de quienes la detestan y a la apología mediática de quienes detestan a quienes la detestan. En términos políticos, la noticia fue recibida de igual manera, pero eso no es más que lo esperable.

Todos estos dislates dejan de lado la cuestión central de cualquier libro: lo que dice y lo que otros interpretan sobre lo que dice. Hay casos, incluso, en que es más importante la interpretación de los otros que lo que dice el autor. "La comunidad organizada", de Perón, o el "Manifiesto comunista", de Marx, por sólo citar un par de ejemplos.

 

Pero ese libro no contiene un manifiesto, ni una concepción del mundo, ni un programa de gobierno, ni una estrategia electoral. Es tan sólo el anecdotario de una mujer que ha tenido casi todas las responsabilidades políticas que se puedan tener, incluyendo la más importante de todas. Con lo cual, ese anecdotario se torna interesante, hasta imprescindible de conocer.

 

Lo que sí contiene ese libro es el esbozo, la insinuación, de un proyecto político, que arranca en el último párrafo de la penúltima página y concluye con el punto final de la página siguiente, que es la última. Son 32 renglones. Sólo eso. Y lo dejó para el final. Interpreto que lo hizo a propósito, para dejarnos con las ganas, para que la esperemos, propios y ajenos.

 

Y para seguir con mi clave de lectura, que es tan sólo una interpretación propia, sin pretensión de validez universal, creo que hay que hacer la prueba de leer primero estos últimos 32 renglones y luego empezar por el principio. Desde allí, leer todo a la luz de esos últimos 32 renglones.

 

De ese modo podremos encontrar las tan reclamadas autocríticas (por contraste, nunca explícitas, no pidamos imposibles), las razones por las cuales se hicieron determinadas cosas y no otras, todo aquello que no hay que repetir, todo aquello que es necesario volver a hacer y, fundamentalmente, la negación de que sólo se trata de insistir con el pasado, la afirmación de que tenemos que crear futuro.

 

Me dicen que es tan sólo una burguesa reformista, que no propone una revolución. Pero claro que no. Ella no es socialista. No lo va a proponer nunca. Ni se le ocurre. No cree en eso. Le exigen por izquierda que resuelva la impotencia que la misma izquierda no puede resolver. Si esperás que el olmo te ofrezca peras, vas a vivir frustrado toda tu vida.

 

Me dicen que no habla de aquello, que no menciona lo otro, que silencia no sé qué. Es que aquello, lo otro y lo no sé qué están implícitamente incluidos en aquellos últimos 32 renglones. Allí sostiene que necesitamos un nuevo contrato social. Y esto no puede ser otra cosa que una reforma constitucional profunda, lo que supone una ebullición ideológica de todas y de todos, lo que admite la intervención de todas las fuerzas políticas y sociales para llevarla adelante.

Ante todas las lecturas negativas, lo que no percibo en sus portadores es una simple pregunta: ¿qué hacemos nosotros? Y la respuesta es muy simple: allá vamos, a intervenir en esa reformulación del orden establecido, con ella o sin ella. Porque ese es el llamado. Porque ese es el sentido de la palabra "empoderamiento" (y no vaciarnos políticamente en la queja por no tener quién nos empodere), porque ese es el sentido de aquella frase: "Va a pasar lo que ustedes quieran que pase".

 

Estamos tan alienados en la cultura de la representación (Ver "El anclaje ideológico", en http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=52187), que ni se nos ocurre pensar que somos parte del asunto y que, al ser parte del asunto, tenemos el derecho y la obligación de intervenir en cualquier debate y acción, en un pie de igualdad con quienes elegimos como representantes, porque elegir a nuestros representantes no es la única dimensión posible de participación política.

 

Tenemos que ser capaces de impulsar el salto cualitativo de la petición de derechos individuales y sectoriales a la asunción de responsabilidad y poder colectivos. Así apostamos a que nuestra intervención directa en los procesos de toma de decisión y control de cualquier política pueda asignarle un contenido social democrático.

 

Porque la acción política instituye la naturaleza del poder: cómo decidir el régimen de selección y circulación de las élites o cómo eliminarlas; cómo establecer las relaciones entre gobernantes y gobernados; quienes deben hacer la ley y quienes deben obedecerla; qué perfil productivo se pretende y cuáles son los criterios básicos para la producción y distribución de la riqueza. ¿Cómo que no formamos parte del asunto?

Si acepto su liderazgo, lo acepto con estas ideas y no porque esté en un todo de acuerdo con ella ni con el espacio político que me contiene (Frente para la Victoria, Unidad Ciudadana, Frente Patriótico o como se llame). Si acepto su liderazgo, lo acepto con estas ideas y porque considero que es el único liderazgo y la única fuerza política que pueden desplazar a la derecha gobernante y encarar un gobierno que le garantice al pueblo primero la comida, los servicios y el trabajo. Para comenzar sobre esa base con las reformas estructurales que eviten el retorno de la oligarquía al poder político. Después, vemos…

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 8/5/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/