27-02-2024
Producción cultural de la época
El de los 90, un "arte plebeyo" al que no se le perdonó la alegría
El cr√≠tico Fabi√°n Lebenglik y el coleccionista Gustavo Bruzzone reunieron escritos que dieron forma al flamante libro "Arte argentino de los a√Īos noventa. Ensayos, documentos, testimonios y cronolog√≠as", de distintos autores, y que analiza la producci√≥n de esa d√©cada. El volumen de m√°s de 600 p√°ginas publicado por Adriana Hidalgo Editora ve la luz veinte a√Īos despu√©s de su fecha original de aparici√≥n. 

En el flamante libro "Arte argentino de los a√Īos noventa. Ensayos, documentos, testimonios y cronolog√≠as", el cr√≠tico Fabi√°n Lebenglik y el coleccionista Gustavo Bruzzone re√ļnen escritos concebidos por distintos autores durante esa d√©cada, un volumen exhaustivo y heterog√©neo donde se analiza la producci√≥n de una √©poca que orbit√≥ alrededor del Centro Cultural Rojas, en manos de una generaci√≥n a la que "no se le perdonaba que expresara su padecimiento con alegr√≠a".

El volumen de m√°s de 600 p√°ginas -publicado por Adriana Hidalgo Editora- ve la luz m√°s de veinte a√Īos despu√©s de su fecha original de aparici√≥n: el libro no se pudo publicar en el a√Īo 2000, como estaba previsto inicialmente, y finalmente llega ahora a las librer√≠as, en el contexto de un creciente inter√©s a nivel local pero tambi√©n internacional por las artes visuales argentinas de aquel per√≠odo, con nombres como Liliana Maresca, Feliciano Centuri√≥n, Omar Schiliro, Marcelo Pombo y tantos otros.

"El de los 90 es un arte plebeyo, que trajo un cambio de estilo y de materiales. En muchos casos, estos artistas no hubieran podido acceder al mundo del arte ni a las galerías en otras épocas. Venían de lugares desplazados. Entonces hay una reivindicación de los contextos dispares y también de los materiales que utilizaban, que tenían que ver con la escasez. Muchas veces eran cosas compradas en Once", explica el editor y crítico Fabián Lebenglik en una entrevista con Télam.

El inmenso volumen, que bien podr√≠a funcionar como la biblia argentina del arte de los 90, es un documento hist√≥rico, ya que los textos fueron escritos hace m√°s de 20 a√Īos, al calor de lo que estaba sucediendo en la misma escena: "Este libro es una c√°psula del tiempo", asegura en el pr√≥logo Lebenglik, quien adem√°s fue director del Centro Cultural Rojas de la U.B.A. entre 2002 y 2006.

En el primer tramo del libro, aparecen un conjunto de ensayos especialmente comisionados y escritos apenas clausurado el siglo XX, por especialistas que vieron y pensaron muy bien las artes visuales argentinas de aquel período: así, mientras Maria José Herrera analiza la consagración de la figura del "curador" en esta década, Eva Grinstein inspecciona el pasaje de la escultura hacia el objeto y Rodrigo Alonso desmenuza los alcances del videoarte, por dar algunos ejemplos.

También aparecen textos que analizan la relación del arte de los 60 con el de los 90 -un "referente privilegiado"-, el rol de los museos, las secuelas de la dictadura, las políticas del cuerpo, la fotografía y otros tópicos, desde una mirada que excede a Buenos Aires y se amplía a otras provincias como Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Mendoza y la Patagonia.

La segunda parte del volumen se compone de una amplia selecci√≥n de art√≠culos, rese√Īas y entrevistas de Lebenglik, publicados entre 1990 y 1999 en el diario P√°gina/12, ya que el autor, junto con Bruzzone, fueron en aquellos a√Īos testigos y protagonistas del fen√≥meno.

La tercera parte de "Arte argentino de los a√Īos 90" re√ļne decenas de testimonios de los protagonistas de las artes visuales de entonces que hoy se resignifican por su lucidez -como Diana Aisemberg, Oscar Bony, Sergio De Loof, Jorge Gumier Maier o Federico Klemm- y, por √ļltimo, al final del recorrido se encuentran cronolog√≠as de las exposiciones, artistas y lugares de exhibici√≥n que han sido hitos de aquel entonces.

"Un arte de fin de siglo que fue de todo menos light", contin√ļa Lebenglik, desde el pr√≥logo del volumen, al recuperar uno de los m√°s recordados debates intelectuales que surgieron a comienzos de los a√Īos 90: la categor√≠a de "arte light" con la que se (des)calific√≥ a aquellas producciones, y a la que se contrapuso con la expresi√≥n "arte bright", desde la misma Galer√≠a del Rojas, bajo la direcci√≥n y curadur√≠a del artista y gestor Jorge Gumier Maier, quien ser√≠a luego sucedido en el cargo por Alfredo Londaibere.

Si bien el Rojas fue el corazón latente de esta escena artística, no escapa a este volumen un repaso por la fuerza de lo interdisciplinar -característica clave de aquella época- que sobrevolaba a través del teatro, el happening o la performance, especialmente de noche, a través de espacios icónicos de ese entonces como Cemento, el Parakultural con Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, el Bar Bolivia y los desfiles de De Loof, o el grupo Mariscos en tu Calipso, por ejemplo en espacios de San Telmo, donde funcionaba también el Espacio Giesso.

En las obras de los a√Īos 90, hab√≠a una "tensi√≥n entre bello y berreta, entre tonto y lindo, entre pobre y lujoso", como enumera por ejemplo en su ensayo el artista Nicol√°s Guagnini, uno de los invitados a escribir junto a nombres como Marcelo Pacheco y Andr√©s Duprat.

"Creo que mi arte no es para nada liviano. Puede tener una apariencia frágil o ridícula, pero me parece que estamos trabajando tanto como cualquier otro artista", son las palabras de Omar Schiliro, expresadas en un ciclo de charlas de 1993, que rescata en su ensayo el crítico Rafael Cippolini, al retomar una famosa discusión entre Schiliro y Jorge Macchi, quien le preguntó en esas mismas charlas "qué querían decir las palanganas" que incluía en sus obras. "Un folklore de pobreza", analiza Cippolini sobre el arte producido durante el menemismo, donde también los artistas daban cuenta de una rotunda decisión de no "aparentar", de allí los materiales como brillantina, peluches, palanganas.

El de los artistas del Rojas, escribe Inés Katzenstein -actualmente curadora de arte latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York- es "un arte que se leyó como kitsch, formal y desconectado de toda realidad", reflexiona la curadora sobre aquella producción que, por el contrario, trajo aparejada una reivindicación de las disidencias, del género, de las mujeres, del cuerpo, dentro de lo que fue la primavera democrática.

"Lo que no se le perdonaba a la generaci√≥n del Rojas es que expresaran su padecimiento con alegr√≠a", recupera Lebenglik y ejemplifica: "Feliciano Centuri√≥n ya sab√≠a que ten√≠a sida y sin embargo pintaba sus sue√Īos, que bordaba sobre frazadas, pintaba la felicidad en su frazadas. Uno no puede decir que es light el arte de alguien que est√° padeciendo una enfermedad terminal. Es un error conceptual tremendo, lo que ocurre es que 'peg√≥' en t√©rminos comunicacionales pero no era para nada liviano el arte de los 90", afirma.

Seg√ļn escribe Lebenglik: "El arte de los 90 fue el √ļltimo gran relato art√≠stico porque luego vino la explosi√≥n de las redes sociales, que trajeron la fragmentaci√≥n del campo art√≠stico, el imperio del autobombo, los 'egosistemas' y las autoconsagraciones, para dar paso a m√ļltiples y parad√≥jicas utop√≠as individuales y realidades paralelas", escribe a lo largo de estas p√°ginas.

Para el compilador y autor, el libro deber√≠a incluir "dos etiquetados frontales: que es Google free, y que no contiene citas de redes sociales, que terminaron de fragmentar y de astillar todo, con los ecos del yo permanente y las auto consagraciones, cuando en los 90 eso no era as√≠", concluye.  (Telam).-