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| 30-12-2015 | Análisis | |||
| Los relatos del Kirchnerismo y Cambiemos, por Eduardo Capdevila (*) | |||
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Hay puntos de convergencia discursiva entre el kirchnerismo y el gobierno actual. Ambos comenzaron con cierta vulnerabilidad de caudal de votos (uno en 2003 llegó con 22% y el otro en 2015 gana por 3 puntos en un ballotage) y tuvieron que construir un relato que acompañara la amalgama política frentista. Estas variables son las que permiten profundidad en el análisis, más allá de existir puntos anecdóticos de encuentro. Por ejemplo, los acordes del tema emblema de Gilda en los festejos de Mauricio Macri, "No me arrepiento de este amor", fue utilizado en la versión de Ataque 77 para el spot "Vengo a proponer un sueño" para evocar las palabras de asunción de Néstor Kirchner acompañado por artistas coreando la consigna; casi una pirateada local del "Yes we can" de Barack Obama en las elecciones que ganó en 2008, tal vez uno de los mejores spot de campaña de la historia. En lo que tiene que ver estrictamente con la construcción frentista y alianzas con sectores de poder para construir sustentabilidad política, el macrismo no tiene la calle "ganada" con organizaciones sociales y partidos respaldándolo; más bien todo lo contrario. Por esto, busca potenciar el uso de los seis meses de luna de miel que tiene todo nuevo gobierno para encarar las reformas que le permitan hacer acuerdos de gobernabilidad a mediano plazo. Optó por el shock para tomar medidas drásticas al calor del verano: eliminó el cepo cambiario; devaluó un 40 por ciento; subió las tasas de interés; comenzó un proceso de suba de tarifas; sacó casi todas las retenciones a las exportaciones para asegurarse el ingreso de divisas; y complementó esto asegurándose engrosar las reservas con acuerdos con bancos y la conversión a dólares de los swap con China. Después del cimbronazo, las variables comenzaron a estabilizarse y el gobierno espera que la calma siga hasta concluir las paritarias salariales; de esa forma, las negociaciones se harían en un contexto postraumático pero con la cirugía mayor ya hecha. La idea es que los gremios pugnen por la proyección de inflación anual y no por recuperar lo perdido en diciembre; negociar con la paz de los cementerios y no con la tensión de la guerra. En todo caso, la cirugía mayor sin anestesia de diciembre será un triste recuerdo imborrable en los bolsillos; el sinceramiento a modo de sangría para corregir "la pesada herencia" del modelo kirchnerista de emisión y consumo con poca inversión. El camino del gradualismo no permitía tanta "sinceridad" de golpe. Poco antes de irse de la Biblioteca Nacional, su ex titular e intelectual de Carta Abierta, Horacio González, hizo una autocrítica de los últimos vaivenes discursivos del kirchnerismo y de aspectos que llevaron a la derrota; completó su análisis diciendo que, tal como el Frente para la Victoria y sus organizaciones tuvieron un relato conceptual e histórico ante la sociedad, en el nuevo escenario de país Cambiemos también necesitará montar su relato. Es ahí que se pueden visibilizar algunos aspectos que enfrentan al relato kirchnerista con el discurso macrista, con un margen de error en este último propio del carácter incipiente del proceso político en ciernes. La historia El kirchnerismo cimentó sus discursos, convocatorias a organizaciones, militantes y a la sociedad en general nutriéndose de la herencia de luchas pendientes, heridas abiertas y profundos simbolismos identitarios de la historia nacional y regional. Se erigió en un proyecto integrador de las bondades de un pasado idílico, supuestos sueños interrumpidos por procesos dolorosos del país y batallas libertarias. "A pesar de los bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido", se cantaba en las plazas con los acordes de Víctor Heredia, sobre el carácter perenne de las luchas reivindicadas; "Néstor no se murió, Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo la puta madre que lo parió", decía otra canción reivindicando la inmortalidad de quien entienden dio su vida por el proyecto; "Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación", era otro rezo como ofrenda de militancia a la "jefa". El presente Nacido con un espíritu vecinalista en Capital Federal, el PRO extendió la misma lógica a su armado electoral nacional, con el que finalmente ganó la presidencia, el principal estado nacional y la Ciudad de Buenos Aires. En sus discursos los políticos ahondan en slogans propositivos, consignas cuasi de autoayuda propios de cadenas de Facebook y frases de señalador de libros. Todo conforma una sintaxis vacía de historia e identidades simbólicas de luchas pasadas. Sus portavoces dicen que encarnan "la política como servicio ante los problemas de hoy". Todo esto es calificado erróneamente como un discurso "no político". Se impone la particularidad de construir un proceso despojado de los grandes relatos políticos del siglo XX y centrado en la inmediatez de los problemas de la gente. "Es hoy, es acá, es ahora", dijo Macri en su último discurso. Parece verse el matrimonio de la negación de la historicidad y la reivindicación del eterno presente, del que nacen los "gestionadores" reemplazando a los "políticos tradicionales". La humanización del "gestionador" en el relato de Cambiemos tiene algo de "sueño americano" estadounidense. El hombre que por su esfuerzo individual sale adelante y es ejemplo. Aquel de la película donde un analfabeto rompedor de pulgares se convierte en Rocky, el garañón italiano que representó a EE.UU hasta en la guerra fría contra un ruso; aquel de la familia Ingals, donde Charles con sus propias manos, voluntad y valores construyó su casa y familia sin provocar ni un disturbio con las injusticias. Macri era el hijo menospreciado de su padre millonario. Se rebeló a su progenitor en la gestión de las empresas; le llevó la contra incursionando en el fútbol y presidió a Boca en la época de oro del club; y finalmente rechazó los consejos del padre metiéndose en la política grande, donde obtuvo dos mandatos como jefe de gobierno porteño y finalmente la presidencia de la Nación. Cuando asumió, su padre Franco Macri lo abrazó y le pidió perdón. En la misma línea, María Eugenia Vidal evocó en su asunción como gobernadora a su abuela, quien no terminó siquiera la escuela primaria pero vino del interior con todos sus hijos a Capital Federal, donde trabajó para afuera y logró que ellos estudiaran, para finalmente llorar de alegría cuando su primer nieta, la ahora mandataria, le llevó su título universitario. La humanización del dirigente allana el terreno hacia la horizontalidad de él con la sociedad. Ya no está más "la jefa" o "el jefe" sino una mujer y un hombre con un equipo de colaboradores trabajando por la gente. Así de simple y descarnado es el discurso; pero así de complejo para los procesos que se vienen y su comparación con el pasado más reciente. El kirchnerismo montó un relato con la historia como proceso de disrupción del presente y el futuro mientras Cambiemos plantea un presente sin historia como factor interpelador de la política. (*) Licenciado en Comunicación Social y docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de Universidad Nacional La Plata.
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