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| 05-10-2015 | ensayista e historiador revisionista | |||
| Norberto Galasso: “La Historia es la política del pasado” | |||
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"Hay una continuidad entre Historia y Política y no se puede hacer Política correctamente si se desconoce de dónde venimos, quiénes fuimos y por qué llegamos adonde llegamos", comenzó diciendo Norberto Galasso, en diálogo con ANDUMA. Estado, Políticas Públicas y Protagonismo Popular que es una revista de la Escuela Superior de Gobierno dependiente de Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación. analizó la importancia política de la Historia como disciplina que construye el conocimiento del Pueblo sobre su propio origen, y repasa distintas corrientes historiográficas.
Noberto Galasso que es ensayista e historiador revisionista analizó la importancia política de la Historia como disciplina que construye el conocimiento del Pueblo sobre su propio origen, y repasa distintas corrientes historiográficas. Además cursó estudios en el Colegio Comercial San Martín y en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, donde egresó como Contador. Es autor de numerosas publicaciones como "Manuel Ugarte: un argentino maldito", "De Perón a Menem", "Cooke: de Perón al Che" y "De Perón a Kirchner. Apuntes sobre la historia del peronismo".
Galasso contó como nació el concepto "los malditos de la historia" y a los jovenes ses recomendó "que leyeran el clásico Política Nacional y Revisionismo Histórico de Arturo Jauretche y Pensamiento Nacional para Principiantes. Ambos son puntos de partida para ir desmitificando las cosas".
- ¿Por qué es importante hacer Historia?
- Es importante porque la Historia es, en realidad, la Política del pasado y la Política es la Historia del presente.
Hay una continuidad entre Historia y Política y no se puede hacer Política correctamente si se desconoce de dónde venimos, quiénes fuimos y por qué llegamos adonde llegamos.
De ahí que la polémica ideológica que se da habitualmente entre los partidos políticos suele reflejarse en la existencia de diferentes corrientes historiográficas, que no responden a metodologías diferentes sino a distintas maneras de interpretar la Historia.
- ¿Cuáles son esas maneras de contar la historia?
- La consolidación en el poder de las clases dominantes después de la Batalla de Pavón marcó el inicio de una línea de historiadores que, aún con distintas metodologías, coincidían finalmente en la teoría de Civilización o Barbarie que proponía Domingo Faustino Sarmiento. No es casualidad que el hombre que triunfó allí y que llegó a la presidencia, el mismo que después fue el director de un matutino como La Nación, sea llamado "el padre de la Historia". Hablamos de Bartolomé Mitre, claro. Con dos biografías sobre Manuel Belgrano y José de San Martín, y con algunas arengas donde erigió a Bernardino Rivadavia como "el más grande hombre civilizado de los argentinos" y destruyó la figura de Juan Manuel de Rosas, dejó toda una línea de historiadores. Esa es la "historia oficial" que tuvo como su gran divulgador a Alfredo Grosso, de quien se cree que tuvo una tirada de cerca de 2 millones de libros a lo largo del tiempo.
Con la llegada de Hipólito Yrigoyen al poder hubo cierta modificación, porque la Historia está siempre ligada a la política y ese momento no fue la excepción. Surgió entonces una nueva escuela histórica. Apareció Emilio Ravignani, que no resultó una expresión netamente mitrista, sino que empezó por reivindicar a José Artigas e incluso llegó al punto de rescatar algunos aspectos de Rosas. De esa escuela histórica surgieron después algunos revisionistas rosistas pero también otros historiadores de la Iglesia. Y en ese contexto, apareció además Ricardo Levene, quien retomó la posición del mitrismo. Levene consiguió que su libro Lecciones de Historia Argentina se editeara 25 o 26 veces y permaneció muchos años al frente de la Academia Nacional de la Historia. Esto prueba su gran cintura política y además la estrecha vinculación entre el control de la Academia y los hechos que sucedieron en el país durante todo ese periodo.
A partir de los años ´30 hubo un cambio importante porque el golpe uriburista tuvo como asesor principal a Carlos Ibarguren que quiso terminar con la Constitución del ´53 e instalar, directamente, una constitución fascista. Ibarguren, autor de Juan Manuel de Rosas su vida, su drama, su tiempo, intentó buscar alguna figura en la historia lo suficientemente autoritaria como para justificar el autoritarismo de José Félix Uriburu. Ese fue el inicio del Revisionismo, un revisionismo de derecha. Pero también emergió desde la resistencia del radicalismo lo mejor del yrigoyenismo, un revisionismo que podríamos llamar Forjista, con Raúl Scalabrini Ortiz como principal figura.
La siguiente corriente revisionista que afloró es consecuencia del peronismo. La irrupción de las masas el 17 de octubre de 1945 influyó también en la Historia. Aparecieron así dos figuras importantes con un revisionismo rosista desde una perspectiva peronista: uno es José María Rosa y el otro Fermín Chávez. Este último se destaca no sólo por su seriedad en la investigación, sino porque reivindicó a los caudillos del interior, como Ricardo López Jordán, Chacho Peñaloza, Felipe Varela y también Juan Manuel de Rosas, pero ya con un tono más desde el interior.
En el ´55, luego de la caída de Juan Domingo Perón, apareció una corriente socialdemócrata influenciada por las tendencias europeas, que también generó dos figuras muy representativas: Tulio Halperín Donghi y José Luis Romero. Halperín Donghi manifestó su antiperonismo fervoroso desde el principio. En su libro La democracia de masas, dice que el 16 de junio de 1955, cuando se produce el bombardeo a Plaza de Mayo, hubo un intento de toma del poder y, como consecuencia de esa rebelión, fue ametrallado el centro porteño, sin siquiera mencionar a los muertos, y agrega que esa noche desde sectores populares se quemaron iglesias. Entonces empieza a describir detenidamente la quema de iglesias, la caída de íconos, etcétera. Ésa es su mirada del bombardeo. Unos años antes de morir, reconoció que había sido un historiador tendencioso. El caso de Romero es diferente porque era un historiador argentino dedicado a cuestiones europeas aunque hizo algún que otro libro sobre historia argentina que no sale de la línea mitrista.
Del ´55 en adelante, al mismo tiempo que se generó esa corriente liberal conservadora, apareció la resistencia peronista con Rodolfo Puiggrós, Juan José Hernández Arregui, Abelardo Ramos y Eduardo Astesano. A mi juicio, todo ese periodo tuvo su expresión en la aparición de corrientes revisionistas que se distinguieron del revisionismo rosista tradicional. Hernández Arregui y Ramos reconocieron a Rosas como una figura patriótica que enfrentó la violencia de las invasiones extranjeras en la Vuelta de Obligado pero que no dejaba de expresar el centralismo porteño. De cualquier modo, lo que ha prevalecido en el movimiento popular son los libros de José María Rosa, donde hay una posición más rosista. Entonces, podemos mencionar una línea del Revisionismo, mucho más popular, con una corriente rosista-peronista nacional, y una corriente que fue expresión de la izquierda nacional más latinoamericana, que partió de concebir a la Revolución de Mayo como un acontecimiento que forma parte de una revolución latinoamericana. Esas dos líneas son las que están prevaleciendo en la medida en que la nueva política del kirchnerismo ha logrado abrir el debate en el sistema educativo.
- ¿Quién conduce la enseñanza universitaria de la Historia?
- La academia ha quedado como un grupo de historiadores no muy productivos, mientras que en el campo de la universidad se ha producido otro fenómeno. Desde el ´55 en adelante, la línea de Halperín Donghi prosperó en las universidades y logró el alineamiento de los profesores que pensaban que era la máxima expresión en la investigación. De un modo u otro, tanto Halperín Donghi como Romero, al adscribir a la Escuela de los Annales (corriente historiográfica francesa) plantearon que la Historia debía ser complementada por el conocimiento de la economía, de la geografía, etcétera, que no debía ser sólo un relato de batallas, sino que había que ver el contexto social, había que ver la parte cultural. En ese sentido, podría haber significado un gran progreso si no hubiese tenido un contenido tan marcadamente antiperonista. Esta línea fue la que prevaleció. Se da incluso, en muchas facultades, el caso de profesores que se dicen "integrantes de la izquierda" que coinciden con las posiciones de Halperín Donghi.
Pero sí se ha producido un cambio en cuanto a que en varios ámbitos se ha podido insistir en una Historia distinta, con la reivindicación de Manuel Ugarte, del socialismo y de figuras olvidadas como Olegario Andrade o Guido Spano, por ejemplo. Esto da lugar a un debate que se manifiesta en la realidad, en las interpretaciones, en los libros que se publican.
- Usted usa el concepto de "malditos" para hablar de los pensadores nacionales, ¿por qué?
- Creo que la estructura cultural organizada por la clase dominante ha tenido un poder tremendo y ha podido dejar en el silencio total a personas que han hecho aportes importantes. Lo de "malditos" surgió en el año ´58 a partir de un artículo en el que Arturo Jauretche utilizó ese término. En 1953, el periodista Armando Cascella publicó La traición de la Oligarquía, en las memorias de sir David Kelly, basado en el libro Los pocos que gobiernan de Kelly -ex embajador inglés en la Argentina-. En el ´55, luego del golpe militar, Cascella es "borrado", pero de una manera muy especial. Esto lo recogió Jauretche en un artículo que publicó en la revista Qué, donde confrontaba cómo fueron publicados dos avisos fúnebres. Jauretche contaba que en 1958 había muerto un cuñado de Cascella y, mientras el diario La Razón había publicado en la necrológica un aviso de los deudos con Cascella incluido, el diario La Prensa había publicado el mismo aviso pero había borrado el nombre de Cascella. Entonces, Jauretche afirmaba que La Prensa discrimina hasta en los avisos fúnebres y mostraba cómo operaban los mecanismos de la clase dominante para convertir en "malditos" a todos aquellos que se oponían a sus intereses.
Hay una actitud discriminatoria donde la clase dominante crea lo que a ella le gusta, lo que responde a su propia ideología, la historia mitrista, la literatura enciclopedista y europeista, la concepción del mundo a lo Civilización y Barbarie. El maldito, según Jauretche, es, entonces, aquel que se atreve a impugnar ese discurso dominante.
Todo lo que a las clases dominantes les gusta lo expanden a través de los grandes diarios, los suplementos, los programas de los colegios, y lo imponen al resto de la sociedad. En ese sentido, Jauretche decía que era mucho más fácil explicarle la Historia verdadera al analfabeto, que no debía desaprender nada, que a la clase media que ya estaba cruzada por la escuela, el cine, las bibliotecas, e incluso los carteles con los nombres de las calles.
Esto se ve hasta en las ciudades. Las calles Rivadavia llevan siempre a la plaza principal donde seguro hay estatuas de él, de Mitre, de Roca o de Sarmiento. El nombre de Plaza Once, cuando pudo haber sido "diez" o "doce", se lo puso la oligarquía en homenaje al 11 de septiembre del ´52 cuando se produjo el triunfo del mitrismo y Buenos Aires se segregó del resto del país. Todas estas cosas conforman una visión, un tipo que acostumbra ver las calle Mitre o Sarmiento vota a Macri, porque tiene esa conformación de que es una especie de sucesor de esa Civilización o Barbarie. Fenómeno que es casi particular de los puertos de América Latina porque los puertos son lugares donde hubo mayor influencia de importación de libros y revistas, donde hay una clase dominante que está ligada al negocio extranjero.
- Uno de los aportes más interesantes que ha hecho Abelardo Ramos a la Historia es escribir concretamente una historia latinoamericana. ¿Cree que hay una deuda pendiente en esa mirada de la historia de nuestra región? ¿Por qué han escrito tan poco sobre la historia de Latinoamérica? ¿Por qué los argentinos saben tan poco de esto?
- Eso empezó a cambiar con Néstor Kirchner y con Hugo Chávez. Ellos hicieron lo imposible por terminar con esa estupidez de "¿Quién es más importante San Martín o Bolívar?". La crítica de José Martí a Sarmiento, en la que plantea quiénes son para él los bárbaros y quiénes son los civilizados, nunca ha llegado a los colegios porque afecta a la visión sobre Sarmiento y la mirada de aquellos que piensan a la Argentina o al Uruguay como la Europa en América, de personas que miran más para afuera que para adentro de su países. Eso se refleja incluso en el turismo. Recién en los últimos años ha crecido el turismo hacia el interior. Antes el sueño de una persona con dinero era viajar a París.
Ugarte fue el primero en decir que éramos una sola Patria, basándose en que el concepto de Nación es un territorio continuo con mujeres y hombres que se conectan mediante un mismo idioma, que tienen relaciones comerciales entre ellos que les permiten sobrevivir y que además tienen tradiciones comunes y sus principales hombres entremezclados en las historias de cada uno de ellos.
Cuando Kirchner, Lula, Correa y Chávez rechazaron el ALCA en Mar del Plata comenzó una nueva historia, que después derivó en la UNASUR, más tarde en la CELAC y que debió tener ya en funcionamiento el Banco del Sur. Pero Kirchner y Chávez eran los que más tenían en claro las desigualdades en lo financiero del sistema bancario tradicional. De cualquier modo, estando Cristina en el gobierno el proceso continúa. Es una figura que ha hecho declaraciones denunciando las interferencias del imperialismo Norteamericano en Bolivia, en Ecuador y últimamente en Venezuela. El "argentino común", que antes no se interesaba por las elecciones en Perú o Bolivia, está al tanto de lo que pasa, salvo aquellos que están tomados o alienados colonialmente. En la Facultad de Filosofía y Letras vi una chica con un cartel enorme que decía "García Linera (Vicepresidente de Bolivia) persona no grata". Cuando le pregunté quién ponía el cartel, me contestó que ésa era la posición del Partido Obrero y, sobre Evo, me dijo que era fascista. Esa es la desgracia de que no se pueda realizar una democratización en la enseñanza universitaria, donde hay tipos que se aferran por concurso y que son inamovibles.
- ¿Qué mensajes podría dejarle a los jóvenes que quieren empezar a trabajar en Historia?
- Les recomendaría que leyera el clásico Política Nacional y Revisionismo Histórico de Arturo Jauretche y Pensamiento Nacional para Principiantes. Ambos son puntos de partida para ir desmitificando las cosas. Después hay que volcarse a los que han trabajado sobre la Historia y han dado una visión mucho más coherente. Hay que tratar en lo posible de no caer en el facilismo o en las pequeñas trampas que hacen a veces los revisionistas. Si Felipe Varela estuvo contra Rosas porque Rosas se quedaba con las rentas de la Aduana hay que decirlo, pero también hay que mencionar que no era culpa de Rosas sino de la clase social poderosa de Buenos Aires que quería hacer un país con una cabeza enorme (Buenos Aires) y un cuerpo raquítico (las provincias). Son las clases sociales las que hacen la historia, no el hecho de estar a favor de uno u otro personaje.
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