25-06-2024
Mariano Pagnucco, alentando a Lionel desde el 2005

Lionel Messi sale del avión y camina por los extensos pasillos del aeropuerto de Ezeiza hasta la zona de Migraciones, donde se forma una larga fila de viajeros que esperan su turno para hacer el trámite. El crack también espera, rodeado de gente que no lo reconoce ni altera sus planes por esa presencia. Me acerco despacio a él:

-Hola, Lionel. Felicitaciones por el campeonato.

-Gracias.

Me responde sonriente y empezamos a hablar de f√ļtbol y de la vida. Alrededor, la gente sigue ajena a Messi, que acaba de pisar suelo argentino triunfador.

La escena ser√≠a impensada en diciembre de 2022, con Messi trayendo a la Argentina la tercera Copa del Mundo, en el punto m√°s alto de su grandiosa carrera deportiva. Sin embargo, en agosto de 2005, el encuentro que acredita esta foto que guardo desde hace diecisiete a√Īos sucedi√≥ en circunstancias muy diferentes.

Lionel ven√≠a en el mismo vuelo de Iberia que yo, procedente de Madrid. Un mes antes se hab√≠a consagrado campe√≥n del mundo en tierras holandesas con la Selecci√≥n Sub-20 dirigida por Francisco Ferraro. Hab√≠a tenido un Mundial inolvidable junto a Sergio "Kun" Ag√ľero, Fernando Gago, Pablo Zabaleta y otras figuras que asomaban. Messi se hab√≠a llevado el Bal√≥n de Oro por mejor jugador y tambi√©n el Bot√≠n de Oro por goleador (hizo 6). 

En aquel tiempo que mi pasi√≥n futbolera estaba m√°s encendida ten√≠a muy fresco el campeonato ganado en Holanda y los destellos de genialidad que Lionel empezaba a regalarle al p√ļblico argentino. Por eso mis felicitaciones. Pero no dejaba de ser un torneo de nicho, una atracci√≥n para los m√°s fan√°ticos, algo alejado del gran p√ļblico que se engancha a la tele cuando juega la Selecci√≥n mayor. Adem√°s, Messi reci√©n hab√≠a firmado su primer contrato profesional en el Barcelona. La historia que ahora podemos mirar en perspectiva reci√©n se empezaba a escribir.

La foto en cuesti√≥n est√° en un portarretratos en casa de mi mam√° desde hace a√Īos, pero obviamente fue cobrando otro valor con el paso del tiempo, los torneos y los goles. Ahora vale una Copa del Mundo y la consagraci√≥n definitiva para ese fen√≥meno nacido en Rosario. 

En ese momento (agosto de 2005), Lionel ten√≠a 18 y yo 21. Ahora bromeo con que ninguno de los dos hab√≠a explotado todav√≠a. Yo estudiaba Comunicaci√≥n en la UBA y Periodismo en TEA. Hab√≠a renunciado al call center de un banco y con la plata ahorrada arm√© un viaje a las ra√≠ces: conoc√≠ la casa de mi abuelo paterno cerca de Udine, Italia, y visit√© a mis abuelos maternos que todav√≠a viven en la Comunidad Valenciana, Espa√Īa.

Días después de nuestro encuentro en Ezeiza, Messi iba a debutar en la Selección mayor dirigida por José Pekerman. Fue el 17 de agosto, en Budapest, un partido que Argentina le ganó a Hungría 2 a 1. Hay dos datos de ese partido que ahora cobran relevancia: el más recordado es que entró a los 21 minutos del segundo tiempo (tenía la camiseta 18) y lo expulsaron un minuto y medio después; el otro es que en el campo de juego estaba Lionel Scaloni (tenía la camiseta 4).

 

M√°s all√° del valor de la foto como documento, para m√≠ tiene un sentido adicional ahora que me siento menos apasionado por el f√ļtbol (por motivos varios que me fueron quitando el fanatismo). Lo que me hace pensar la foto, en este diciembre de 2022, es que nunca hay que perder de vista el camino, el recorrido, los pasos necesarios para construir una historia, tal vez la de la propia vida y la de los logros personales.

Aquel Lionel Messi de 18 a√Īos reci√©n cumplidos y toda la gloria por delante accedi√≥ t√≠midamente a conversar unos minutos conmigo, que entre la curiosidad period√≠stica y el gusto futbolero le hac√≠a comentarios sobre el Mundial y sobre Barcelona. Recuerdo que tambi√©n me preguntaba por mis cosas, el motivo de mi viaje. Un di√°logo terrenal que hoy no podr√≠a tener con Messi, no por sus modales (est√° a la vista que el gen rosarino no lo ha perdido), sino porque los caminos que conducen al 10 son mucho m√°s complejos que hace diecisiete a√Īos.

En ese entonces el periodismo era para m√≠ un deseo, una proyecci√≥n que hoy est√° m√°s consolidada. Y lo que gan√© con el periodismo y perd√≠ con el fanatismo futbolero en casi veinte a√Īos, tambi√©n le dio un sabor especial al Mundial de Qatar. Fue el que viv√≠ m√°s desconectado desde lo informativo (a la mayor√≠a de los jugadores no los conoc√≠a en sus carreras porque ya no sigo fren√©ticamente la liga local ni los campeonatos europeos), pero tambi√©n el m√°s encendido desde lo emocional: adem√°s del componente visceral de los siete incre√≠bles partidos de la Scaloneta, festej√© junto a mi hija de dos a√Īos y tambi√©n llor√© junto a mi compa√Īera, que perdi√≥ a su mam√° mientras el pueblo argentino festejaba en cuartos de final haber eliminado a Pa√≠ses Bajos en penales.

La moraleja que me ha dejado este Mundial de una Selecci√≥n que demostr√≥ ser un enorme equipo con una estrella indiscutible como Messi, y que reafirma una creencia que ten√≠a en mis a√Īos m√°s fanatizados, es que el f√ļtbol tiene muchas ense√Īanzas para espejar con la vida. Tal vez porque la vida es eso que transcurre junto a los Mundiales. Y el registro que nos queda son las emociones. Y las fotos. (R. Citrica)