12-08-2020
"La Plata: Ya nadie recuerda la elección de delegados"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

Ahora que ya todo ha pasado, podemos reflexionar. Me refiero al anuncio en plena campaña electoral -acompañado de un decreto- de que habría en febrero elección de delegados. Pero eso no va a ocurrir, como era previsible ya en aquel momento.

 Desde el gobierno se habló de una suma millonaria para estructurar un padrón acorde, imposible de financiar (algo que deberían haber sabido antes de proponer esta "democratización" del Estado municipal), porque el padrón electoral está organizado en secciones y circuitos y este diseño no se corresponde con los territorios de los centros comunales.

Por ejemplo, el circuito 502 del padrón electoral de La Plata incluye íntegramente las localidades de Tolosa y Ringuelet, lo que hace imposible determinar quienes votan en una y otra. La pregunta es: ¿cómo se vota en el Presupuesto Participativo virtual que este mismo gobierno implementó? Nadie se ha percatado de esta contradicción (1). 

No parece que sea tan difícil y oneroso elaborar un padrón "inverso". Esto consiste en la previa confección de un programa que determine los límites de cada localidad, para que luego se ingresen los datos del elector y ese mismo programa indique si le corresponde votar. No es tan complejo. Y el Estado municipal cuenta con recursos humanos y técnicos para hacerlo, con el mismo presupuesto que hoy dispone para ellos. Les regalo la idea. 

Volvemos al punto: solamente la militancia, partidaria o autónoma, ha protestado, débilmente, por la suspensión de las elecciones de administradores (delegados) de Centros Comunales (delegaciones). Esto significa que al conjunto del pueblo muy poco le importa este asunto, lo que debería llevar a aquella militancia a una profunda reflexión sobre cómo abordar lo político en la aldea local. 

Podemos argumentar ese desinterés en la única experiencia de este tipo llevada a cabo en La Plata hace 20 años: sólo acudió a aquella única convocatoria el 10% de los habitantes con derecho a sufragar. Y ya que estamos, podríamos preguntarnos cómo se hizo aquella votación. Si hoy es imposible, en aquel momento hubiera sido imposible también. 

Si bien no es cuantitativamente importante la demanda social para que los delegados de las distintas localidades de La Plata sean elegidos por el pueblo, ello no le quita legitimidad. Lo que hay que decir es que el instrumento jurídico del ex intendente Alak y la copia del intendente Garro no obliga a designar al ganador. El jefe comunal puede perfectamente designar al segundo o al tercero, como efectivamente ocurrió aquella vez en algunos casos, y mantiene la facultad de reemplazarlo en cualquier momento, con un simple acto administrativo. 

Pero además resulta necesario poner sobre la mesa la cuestión de la utilidad de un delegado elegido por el pueblo, si a ese delegado el gobierno municipal le retacea recursos (porque pertenece a una organización política distinta, porque no se llevan bien o por cualquier otro motivo). 

También tenemos que detenernos a reflexionar que sólo por ser elegido por el pueblo no tiene por qué ser más eficiente que alguien designado por el intendente. Puede ocurrir lo contrario (como, de hecho, ocurrió y ocurre en varios casos). 

El simple hecho de que el delegado sea elegido por el pueblo no resuelve la situación estructural, que tiene que ver más con el diseño integral del Estado Municipal que con una discusión sobre el método de elección de los delegados.

Este tipo de prácticas políticas fortalecen la desafección colectiva por la "cosa pública", conservan despolitizada una gran parte del pueblo, para que sólo pueda manifestarse de dos modos: replegándose en su círculo íntimo y despreocupándose de lo político, hasta en su expresión más básica, que es el sufragio, o concibiendo la representación política como una simple delegación de su poder y de su responsabilidad en un pequeño grupo de dirigentes, es decir, colocando el poder en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada y que para ella gobernarán (2). 

Este sentido común dominante (es decir, la ideología dominante), ni siquiera aborda la ruptura que significaría pensar que sólo hay democracia en tanto y en cuanto haya desmonopolización del poder político, en tanto y en cuanto haya una distribución igualitaria del acceso a los medios de participación política. Y esto ocurre porque este sentido común evita que se sienta y que se piense que uno pertenece a un campo ideológico conservador y retrógrado, para que nadie piense ni sienta que puede pertenecer a un campo ideológico transformador y actuar en consecuencia. 

Notas

(1) En esta modalidad "participativa" no hay asambleas barriales, es decir, encuentro de vecinos con funcionarios para el planteo, discusión, decisión y control de ejecución de los proyectos que se elijan. Todo se hace por internet, a partir de tres o cuatro proyectos que el mismo gobierno propone en cada localidad y que los vecinos pueden votar desde su teléfono o computadora, si es que logran encontrar en el padrón que su domicilio se corresponde con la localidad en la que viven.

 (2) Hablo de clase en términos ideológicos y no meramente socio-económicos. Ello significa la construcción de una voluntad colectiva que vaya por la hegemonía, es decir, por la dirección político-ideológica del pueblo.

 (*)  Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 31/01/2020

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/