28-01-2020
“Cuando la minoría se cree mayoría y la mayoría se lo cree”
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino
Estamos aún en proceso de humanización. Dijo alguna vez Eduardo Galeano que la humanidad está mal hecha, pero que aún no está terminada. En ese intersticio se trabaja por derecha para no completar aquel proceso y por izquierda para acelerarlo. El primer camino es el más fácil y rápido, porque es el más cercano a los sentimientos primarios de la humanidad. El otro aún le resulta extraño. Por eso lo resiste, lo expulsa, lo deforma. 
Cuando la minoría se cree mayoría y la mayoría se lo cree, es porque esa minoría sabe cómo utilizar este incompleto proceso de humanización a favor de sus intereses concentrados y logra que esos intereses concentrados sean asumidos como propios por una buena parte de la población, que los proyecta como creencia universal e indiscutible sobre la mayoría.

Sabidurías

Esta gente que ya no está siempre supo (como deberíamos saberlo todos) que la producción primordial y constante de cualquier dispositivo político trasciende los límites del puro y bruto ejercicio del poder, que es necesaria la producción material de un orden social que justifique sus imperativos materiales e ideológicos. 

Esta gente que ya no está siempre supo (como deberíamos saberlo todos) que esa hegemonía se construye y se sostiene, por derecha (a la que pertenecen ideológicamente), con la instalación de un discurso del orden que potencie y legitime los instintos primarios de la humanidad, que nos pueda hundir en nuestra condición animal más ancestral, arrastrados por inercias antropológicas aparentemente muy lejanas en el tiempo.

Esta gente que ya no está siempre supo (como deberíamos saberlo todos) que ese camino es fácil y rápido, porque sólo hay que alimentar nuestro sentido común dominante, ese que coloca al ciudadano como único responsable de su propio destino, y, al tiempo que lo enaltece en apariencia, lo envilece en la realidad, porque si es el único responsable de su propio destino, el otro no le importa nada, el otro es tan sólo un obstáculo que debe ser removido, que debe ser desaparecido de la ruta.
 
Esta gente que ya no está siempre supo (como deberíamos saberlo todos) que el personalismo no se diluye fácilmente, que lo colectivo no se materializa naturalmente, porque las características dominantes de nuestra cultura, de nuestro sentido común, son el individualismo y la exclusión, aun en movimientos populares, nacionales, democráticos. 

Esta gente que ya no está siempre supo (como deberíamos saberlo todos) que esa es, y ninguna otra, la fragua milenaria, esa que viene de los bajos fondos de la historia para forjar una humanidad fundamentalmente ideológica, y que esa ideología, ese sustrato cultural, no es otra cosa que una manera de concebir la realidad y actuar en ella, así, lisa y llanamente, sin contorsiones literarias. 

Militancias

Pero todo esto no dura para siempre y llega un momento en que una nueva mayoría le dice basta y abre la puerta a una alternativa deseable, creíble y posible de poder político que guíe la vida en sociedad, que es lo que ha ocurrido ahora en nuestro país y en nuestra provincia, aunque no en todos los distritos provinciales y municipales (por ejemplo, La Plata), precisamente por aquella fragua milenaria.

Lo que viene no puede obviar lo dicho hasta aquí. Además de atender la emergencia, el Frente de Todos en situación de gobierno necesitará diseñar y promover un proyecto cultural, ideológico, que contenga aquellos instintos primarios y se trace el objetivo de avanzar en el proceso de humanización quebrado con éxito hace cuatro años.

Se trata de una fuerte Política Cultural, que cuente con militantes dispuestos a recorrer todos los días todo el territorio y preparados para hablar cara a cara con cada vecino, con cada grupo de vecinos, con cada institución, con cada gremio, con cada partido político, con cada cámara empresarial, con cada movimiento social. 

Y, sobre todo, dispuestos a militar con la misma energía al interior del complejo político y burocrático del Estado, porque si no lo hacen corren el riesgo de no poder demostrar, en poco tiempo, que no se trata de un delirio, que se trata de un proyecto político-ideológico. Y, como tal, colectivo. Por lo tanto, realizable.
 
Ningún proceso (político, económico, social) es necesario ni es inevitable: todo proceso es la manifestación práctica de relaciones de poder y no de dinámicas divinas o naturales (1).

Notas

(1) Ver "Lo que vendrá": http://www.cadenaba.com.ar/nota.php?Id=62729

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 23/12/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/