27-06-2019
"Ser pragmático"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

Y ya que estamos en un año electoral, vale la pregunta: ¿Aporta algo explicitar el campo ideológico desde el cual uno propone su plan de gobierno? El pragmático dice que no, que sólo importan las medidas prácticas, porque lo coyuntural es cruel y debe mandar. Ocurre que el pragmático dirige su discurso y su acción hacia la mayoría del pueblo, a la que considera despolitizada, es decir, desafectada de la "cosa pública".

Y esta amplia porción del pueblo se manifiesta de dos modos: replegándose en su círculo íntimo y despreocupándose de lo político, hasta en su expresión más básica, que es el sufragio, o concibiendo la representación política como una simple delegación de su poder y de su responsabilidad en un pequeño grupo de dirigentes, de los que el pragmático forma parte o pretende hacerlo.

Pero también hay que ocuparse de lo estructural, porque lo coyuntural es su consecuencia. En lo político, uno tiene el derecho y el deber de promover una militancia territorial que atienda a la coyuntura, pero también una militancia temática, es decir, reflexionar, publicar y motorizar cuestiones estructurales más o menos complejas. Los que se quedan con una sola forma de militancia y desprecian la otra, están desperdiciando la mitad de su potencia.


El pragmático lo sabe, no es estúpido. Sabe que nada de lo que haga o diga es puramente pragmático, sabe que su campo ideológico se lo dicta. Pero considera que "la ideología es pianta votos" si se la expone abiertamente. Y esto podría ser comprensible en una acción o discurso públicos, pero cuando se manifiesta hacia el interior de su organización política de pertenencia, entonces ha capitulado: reproduce con su palabra y con su acción el sentido común dominante, es decir, la ideología dominante.

 

Porque estos dirigentes o potenciales dirigentes se han creído que las personas que votan son seres meramente instintivos, con su propia sobrevivencia como único objetivo. Pero no: el ser humano que vota es un ser fundamentalmente ideológico. Y la ideología no es otra cosa que una manera de concebir la realidad y actuar en ella, así, lisa y llanamente, sin contorsiones literarias. Tal vez sin conciencia plena de ello.


Porque nuestra concepción de la realidad es estructurada por los otros que fueron y también es estructurante de los otros que vienen. Pero no pensemos en una estructuración cerrada, en un mandato a cumplir obedientemente. Pensemos, más bien, en un sentido común que se proyecta desde los centros de poder y contamina a toda la población, pero sólo surte efecto en una gran parte de ella, la suficiente para establecer una cultura dominante y sostenible en el tiempo. 

Cuando todas y todos decimos estar a favor de la democracia, por ejemplo, suponemos que  todas y todos decimos lo mismo, que la concepción democrática es una sola: la que hemos naturalizado sin historizar, sin problematizar, la que el "sentido común" nos indica, como lo hacemos con casi todo en la vida. Estamos hablando, por supuesto, del sistema que conocemos como democracia representativa (o democracia liberal o democracia burguesa, como quieran llamarla). Este sistema se impuso en el siglo 19 y podríamos decir que para aquellos tiempos era lo más acorde, o, por lo menos, lo más conveniente. Y ese es desde entonces nuestro anclaje ideológico. 

Porque el sentido común dominante (es decir, la ideología dominante), ni siquiera aborda la ruptura que significaría pensar que sólo hay democracia en tanto y en cuanto haya desmonopolización del poder político, en tanto y en cuanto haya una distribución igualitaria del acceso a los medios de participación política. Y esto ocurre porque este sentido común evita que se sienta y que se piense que uno pertenece a un campo ideológico conservador y retrógrado, para que nadie piense ni sienta que puede pertenecer a un campo ideológico transformador y actuar en consecuencia.

El pragmático desprecia todas estas consideraciones. Se queda a resguardo de su fortaleza ideológica: el sentido común dominante. Para él, no hay que romper este sentido común, hay que acompañarlo. Por eso es que puede formar parte de cualquier armado electoral.

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 12/4/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/