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| 06-04-2019 | Alfonsín entregó el mando a Menem cinco meses antes de lo previsto | |||
| La trama secreta del dÃa que AlfonsÃn se cansó de negociar con Menem, pateó el tablero polÃtico y renunció a la presidencia | |||
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Mayo de 1989 fue un mes de furia. Quizá como tantas otras veces en Argentina. Pero cada vez parece la única: en ese mes, la inflación fue de 78,4% y el INDEC la dio a conocer en los primeros dÃas de junio. Además, en mayo, el dólar trepó 150%. Por entonces, en estas latitudes la moneda de curso legal era el Austral. Pequeño detalle: el domingo 14 de mayo, Carlos Menem habÃa sacado un contundente 47,5% de votos y superaba por más de 10 puntos al cordobés Eduardo Angeloz, un radical que no tenÃa piel con Raúl AlfonsÃn. No era para menos: en 1976 Angeloz habÃa aceptado sin vacilar un puesto en la OEA ofrecido por el dictador Jorge Rafael Videla. Era un candidato desangelado, por decirlo en forma generosa, y el radicalismo no tenÃa fuerza para otro mandato. En cambio, el riojano Menem se habÃa comido 5 años preso, desde el mismo 24 de marzo de 1976. El peronismo habÃa encontrado una vÃa para zanjar sus duras luchas intestinas: 10 meses antes hicieron una interna abierta donde votaron algo más de un millón y medio de afiliados peronistas en todo el paÃs. Menem le habÃa ganado a Antonio Cafiero en 18 provincias, incluso la de Buenos Aires, donde gobernaba el propio Cafiero. AlfonsÃn, en medio de la hÃper, el dólar imparable, la cesación de pagos de la Argentina, los 13 paros generales durante sus casi 6 años de mandato, su pelea con la Sociedad Rural del año anterior y tantas cosas más, enfrentaba su sexto año de mandato con una fragilidad aguda. Menem, en cambio, venÃa de una experiencia única: el peronismo perdedor de 1983 dirimÃa en las urnas quién conducÃa. Con un añadido importante, Antonio Cafiero estaba comprometido en serio con esa frase que los polÃticos suelen decir un dÃa para olvidarla al siguiente: "El que gana conduce y el que pierde acompaña". Cafiero perdió y acompañó junto al resto de los renovadores. Es la economÃa, hermano El Plan Austral se puso en marcha en junio de 1985. AlfonsÃn le dio salida a Bernardo Grinspun, su primer ministro de EconomÃa, porque vio que su propio partido y buena parte de su gabinete no estaban dispuestos a la pulseada para no pagar parte de la deuda externa ilegÃtima y preferÃan un statu quo con los llamados "capitanes de la industria", básicamente los grupos económicos tradicionales y algunos nuevos consolidados durante los años de la dictadura. Asà fue que, a tres años exactos de la derrota de Malvinas, Juan Sourrouille -flamante ministro de EconomÃa- lanzó una nueva moneda. En efecto, el 14 de junio de 1985, la moneda de curso legal no era el Peso sino el Austral. El Austral fue otra de las tantas desmesuras argentinas: hasta que estuvieran impresos los nuevos billetes, se usaban los antiguos, solo que habÃa que quitarle tres ceros. SÃ, lo que alguna vez se imprimió por valor de mil desde ese dÃa valÃa uno. Los laberintos argentinos permitÃan por entonces congelar las tarifas de los servicios públicos, elevar los salarios, controlar los precios y algunas otras piruetas de modo tal que, por un tiempo, el austral funcionó. Sin embargo, tres años después la economÃa explotaba. Sourrouille lanzó otro plan, el Primavera, aunque el nombre sonaba demasiado bucólico para dar cuenta de lo que pasaba. La deuda externa habÃa crecido de modo exponencial durante la dictadura (de 7.900 millones de dólares a 45 mil millones) y durante los años de AlfonsÃn creció un 40%. Lo suficiente como para que en 1988 el FMI y los acreedores privados no cobraran ni capital ni el total de intereses. Inflación, subsidios a las empresas, déficit fiscal, desbalance comercial, caÃda del salario. De primaveral, nada El paÃs tenÃa que establecer la fecha de elecciones. Era, por entonces, por sistema indirecto, con Colegio Electoral. Lo inamovible era la entrega del poder: debÃa ser el 10 de diciembre. La cuenta regresiva de Sourrouille no era muy optimista. Le dijo a AlfonsÃn que podÃa aguantar hasta mediados de mayo. Después -como dice Virgilio Espósito en Naranjo en flor- qué importa del después. Cuando terminaba el verano del 89 y Menem estaba lanzado a la Casa Rosada, AlfonsÃn llamó a Juan Carlos Pugliese, un radical histórico, cuya retórica no fue eficaz a la hora de pedirles un esfuerzo patriótico a los empresarios. "Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo", dijo y la frase no se viralizó porque entonces no habÃa redes sociales. Pugliese no logró calmar la tormenta. O la sequÃa, porque escaseaban las lluvias y por entonces el caudal de los rÃos no alcanzaban para la generación eléctrica necesaria. Con cortes programados, poca plata en la calle y los acreedores apretando al gobierno, Pugliese declinó. No habÃa llegado a cumplir dos meses al frente del Palacio de Hacienda. En el medio, Menem habÃa sido elegido presidente. -Gallego, sos el último que me queda -le dijo el 24 de mayo AlfonsÃn al economista y dirigente de la Junta Coordinadora de la Capital, Jesús RodrÃguez. Y Jesús cargó con la cruz hasta la entrega del poder el 8 de julio. Pero, claro, Menem ya habÃa sido electo presidente 10 dÃas antes. La silla vacÃa La periodista Clara Mariño -responsable histórica de Tiempo Nuevo, el programa de Bernardo Neustadt y Mariano Grondona- recordó las dos emisiones que batieron récord de audiencia en el prime time de Canal 13. -A Bernardo le gustaban mucho los debates. HabÃa quedado fascinado por el que habÃan protagonizado Vicente Saadi -senador peronista- y Dante Caputo -canciller de AlfonsÃn- en 1984 por el diferendo del Beagle con Chile -dice Mariño. Dado que era el primer traspaso de un presidente electo a otro que iba a ser elegido en unos dÃas, Neustadt le dijo a Mariño que pusiera manos a la obra. -Yo hice las invitaciones mucho antes. La gente de prensa de Angeloz contestó enseguida que tenÃa el sà del candidato radical. En cambio, desde el entorno de Menem las respuestas eran sinuosas. Resultaba desgastante, porque las elecciones eran el domingo 14 y el programa era el martes 9. Cuando se acercaba la fecha, alguien del entorno de Menem llamó: "DÃgale a Bernardo va a ir… la semana siguiente como presidente electo". Neustadt, con mucho oficio, tomó una decisión: "Que venga Angeloz y dejamos una silla vacÃa". Aquel martes, cuando faltaban 5 dÃas para las elecciones en un paÃs sin ballotage, cuando terminó la cortina de Tiempo Nuevo -Fuga y Misterio, de Astor Piazzola- Angeloz estaba sentado y la cámara lo mostraba con una sonrisa tensa y el nudo corazón de su corbata oscura apretado al cuello de su camisa impecable. Al lado, una silla vacÃa. -Efectivamente -continúa Mariño- al programa siguiente vino Menem como presidente electo. Fue un reportaje que asombró: apertura al mundo, a las inversiones…, muy impactante. Incluso Bernardo quedó sorprendido. Fue un punto de partida. Era un nuevo Menem. -¿Cuál de los dos programas tuvo más rating? -Los dos tuvieron altÃsima audiencia -contesta Mariño.
Menem tenÃa el carisma suficiente y los equipos de la Fepac (Fundación de Estudios para una Argentina en Crecimiento, música para los oÃdos de los optimistas que nunca faltan) habÃan diseñado una campaña a la medida. Quien conducÃa la Fepac era el geólogo santafesino Alberto Kohan, que formaba parte del cÃrculo más estrecho de Menem desde los setentas. Recorridas por todo el paÃs en contacto con los cientos de miles de peronistas de a pie que lo veneraban y dos propuestas que hacÃan innecesario un programa económico. Revolución productiva y salariazo. Dichas y repetidas durante los meses en un verano donde en los súper era preciso ser veloz: el precio que figuraba en góndola rara vez coincidÃa con el que tenÃa la cajera. Cuando un empleado cobraba el sueldo iba a una casa de cambio y veÃa cómo el peso se depreciaba cuando finalmente conseguÃa que sus australes se convirtieran en billetes verdes. MartÃn Oyuela era uno de los responsables de la comunicación de Menem. Muy allegado a Kohan, habÃa estado en el triunfo de Menem contra Cafiero. Fue consultado sobre la transición. -La Rioja habÃa recibido fondos nacionales por la promoción industrial. AlfonsÃn tenÃa buena relación con Menem. Hubo una serie de viajes de (Rodolfo) Terragno a La Rioja para hablar de la transición -dice Oyuela. Terragno habÃa vivido años en Gran Bretaña. DirigÃa la revista Cuestionario en la Argentina y el golpe de 1976 lo convirtió en exiliado tras haber publicado una circular reservada de la dictadura en la que le ponÃan los lÃmites a lo que podÃa o no salir en los medios. Obviamente no debÃan aclararle que la circular debÃa mantenerla en reserva. Esa valentÃa más su trayectoria hicieron que su libro La Argentina del siglo XXI -publicado en 1985- hicieran de Terragno una figura relevante por entonces. Tanto entre peronistas como radicales, Terragno era un hombre de consulta. En septiembre de 1987, AlfonsÃn lo integró al gabinete como ministro de Obras Públicas. -Terragno se llevaba bien con Kohan y la relación la llevaba él. Hubo reuniones públicas y también algunas conversaciones privadas. La fecha de elecciones no resultaba un problema. El asunto es que tras el triunfo era demasiado el tiempo hasta el 10 de diciembre. Ahà fue que se hiló un compromiso -cuenta Oyuela. El compromiso era que se adelantara la fecha de asunción de Menem y que la banda presidencial se la colocara el propio AlfonsÃn. Eso despejarÃa cualquier malentendido. Por su parte, los radicales se comprometÃan a votar las leyes que propusiera el Ejecutivo hasta que asumieran los nuevos diputados y senadores que sà lo harÃan el 10 de diciembre. Respecto de si los empresarios mostraban preferencias por Menem o por AlfonsÃn, Oyuela sostiene que en contexto de crisis es difÃcil medir simpatÃas. Sin embargo pone un ejemplo. -Gilberto Montagna era presidente de Terrabusi, una empresa alimenticia de primera lÃnea que solÃa comer tallarines con AlfonsÃn. Cuando asumió Menem, recibió el apoyo del nuevo gobierno para ser presidente de la UIA -cuenta. Respecto de la pobreza y los saqueos que se denunciaban por entonces, Oyuela no descarta que hubiera participación de punteros peronistas. -El conurbano era peronista y forma parte de la mitologÃa que cuando hay descontento y hambre algunos caudillos alientan o dejan hacer. No creo que para adelantar las elecciones al 8 de julio como se hizo finalmente hubiera surgido la idea de echar leña al fuego dentro del peronismo. Los radicales necesitaban irse y Menem no podÃa aguantar una transición larga en ese contexto -dice Oyuela. Oscar Muiño, periodista y biógrafo de AlfonsÃn, confirma que Terragno era quien llevaba el vÃnculo con Menem. Habló y resumió el dÃa de la renuncia de AlfonsÃn, en lÃnea con lo escrito en esa biografÃa. "AlfonsÃn lo llama a Menem: Hola, Carlos. Ahà va Rodolfo para hablar con usted. Le pido que lo atienda. Cortó. Llegamos a La Rioja -cuenta Terragno-y vamos a la residencia del gobernador. Hablamos los dos solos. Vengo a avisarte que esta noche el presidente va a renunciar. ¡Esto es una cabronada! La primera vez que lo veÃa enojado. Yo no estoy preparado para asumir. Pero te la has pasado diciendo que estabas preparado y que esperabas un gesto. ¡Ah, y qué querés! ¿Qué dijera que no estaba preparado? "Lo llama al hermano. Viene Eduardo. Insiste que no puede asumir. Yo le digo que asuma Eduardo como presidente provisional del Senado. Eduardo cara de póker y Carlos Menem que no, que eso no puede ser. Se fue Eduardo. Carlos dice que tiene audiencias en la casa de gobierno. "AlfonsÃn me querÃa matar: No sea ingenuo, Rodolfo. Este hombre va a llamar a conferencia de prensa. Yo sentÃa que negociaba con un enemigo leal, con gente que practicaba algo asà como l'omertà . Yo-dice Terragno-sentÃa una responsabilidad histórica. Estaban asaltando supermercados, habÃa enfrentamientos. "Menem citó a todo su gabinete. Menem me llama para que vaya a la casa de gobierno. Ya era de noche. Participo en la reunión de gabinete de Menem. Estaba Roig, que habÃa sido designado ministro de EconomÃa, que no abrió la boca. El que habló fue Cavallo, que propuso darle un mes a Menem. Me pareció razonable. "AlfonsÃn me llama: Vuélvase. Ellos insistÃan en esperar hasta el 30 de julio, que era la fecha acordada. Voy al teléfono y logro hablar con Ideler Tonelli (ministro de Trabajo de AlfonsÃn). Le digo a Ideler que veo problemas muy serios. Y escucho del fondo la voz de AlfonsÃn: ¡Decile que venga inmediatamente! Agarró el teléfono AlfonsÃn, me dijo que a las nueve de la noche anunciaba la renuncia y me ordenó que volviera inmediatamente. Corto y le digo a Menem que la negociación ha terminado. Nos vamos al avión. Y yo escuché la renuncia de AlfonsÃn desde la cabina del Tango". Era la noche del lunes 12 de junio. AlfonsÃn, por cadena nacional, anunciaba que entregarÃa el gobierno el viernes 30 de junio. Finalmente el traspaso de los atributos presidenciales se llevó a cabo el sábado 8 de julio. El mundo, el famoso mundo El verano austral de 1989 no podÃa desconocer lo que sucedÃa en el invierno del hemisferio norte. En efecto, los laboratorios del FMI, el Banco Mundial, la Comisión Trilateral y el Consejo de las Américas tenÃan una idea de lo que sucedÃa en el mundo bastante diferente al salariazo y la revolución productiva. En efecto, para los allegados a David Rockefeller, Susan Segal y los principales banqueros públicos y privados, llegaba un momento de apretar clavijas: privatizar, achicar el Estado, reducir el déficit fiscal, en fin, recetas liberales en un año que, en pocos meses, asistirÃa a la implosión de Alemania Oriental y luego a un proceso de caos en los paÃses cercanos a la Unión Soviética que terminó en 1991 con el fin de ese sistema polÃtico. Ni la revolución productiva ni el salariazo estaban entre las simpatÃas de las imposiciones de ese capitalismo financiero. Mucha bibliografÃa -y las pruebas de dos mandatos de Menem- dan datos suficientes para constatar que un nuevo alineamiento a los organismos financieros internacionales ("las relaciones carnales" como las definió el canciller Guido Di Tella) no serÃa más que renovar viejos problemas. (infobae) |