La oscura historia de "La Cuca", la primera mujer condenada a cadena perpetua
24-02-2026
04-08-2018 | Crímenes de lesa humanidad
La oscura historia de "La Cuca", la primera mujer condenada a cadena perpetua
Sus v铆ctimas, y algunos de sus ex compa帽eros, la consideran un bicho despreciable. Por eso la llamaban como una cucaracha. Era cruel y sanguinaria: se re铆a mientras torturaba. La periodista Ana Mariani descubre en su libro "La Cuca" la vida de Mirta Ant贸n, la ex polic铆a condenada a prisi贸n perpetua por sus atroces cr铆menes en el centro clandestino D2 en C贸rdoba.
Por Rodolfo Palacios
En una peque帽a sala de visitas de la c谩rcel de Bower, en C贸rdoba, Mirta Graciela Ant贸n, ex polic铆a condenada por delitos de lesa humanidad, levanta la voz ante la periodista l:

-Yo jam谩s trabaj茅 en la calle. Jam谩s us茅 un arma contra nadie. Nunca dispar茅 una bala. 隆No mat茅 a nadie!

Sin embargo, los testigos que declararon ante la justicia de C贸rdoba dijeron que Ant贸n era una mujer cruel y sanguinaria. Que les retorc铆a los pezones a las embarazadas. Que aplastaba los test铆culos de los secuestrados con los tacos de sus zapatos. Que se re铆a mientras torturaba. Que bailaba sobre los detenidos. Que mataba a sangre fr铆a. Que era la encargada de dar el tiro de gracia a los polic铆as que no obedec铆an a los mandos superiores y que, por tanto, se transformaban en sujetos peligros. Que con otros colegas vend铆a los objetos que robaban de las casas de los desaparecidos.

Sus v铆ctimas, y algunos de sus ex compa帽eros, la consideran un bicho despreciable. Por eso la llamaban "La Cuca": la cucaracha.

"Sus torturas eran monstruosas", dice Ana Mariani, autora de La Cuca, obra de reciente aparici贸n que fue editada por el sello Aguilar. El libro incluye las entrevistas que le hizo a Ant贸n durante seis encuentros en la c谩rcel (Ant贸n es la primera mujer en Latinoam茅rica en ser condenada a prisi贸n perpetua por cr铆menes de lesa humanidad), testimonios de sus v铆ctimas y una investigaci贸n exhaustiva sobre el siniestro y laber铆ntico Departamento de Informaciones de la Polic铆a de la provincia de C贸rdoba, conocido durante los a帽os de la dictadura como D2. Era un centro de detenci贸n clandestino por el que pasaron m谩s de mil personas, y estaba en el Pasaje Santa Catalina, entre la Catedral y el Cabildo, a 50 metros de la Plaza San Mart铆n, epicentro de C贸rdoba.

El 25 de agosto de 2016, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N煤mero 1 de C贸rdoba dict贸 el veredicto final en el juicio por cr铆menes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detenci贸n de La Perla, La Ribera y el D2.

"En las inmediaciones, una multitud que ocupaba varias cuadras acompa帽贸 con aplausos y c谩nticos cada condena. Una de las m谩s festejadas fue la de prisi贸n perpetua para Mirta Graciela Ant贸n, polic铆a, hija de polic铆a, esposa de polic铆a, hermana, madre y t铆a de polic铆as", escribe Mariani.

Seg煤n consta en su legajo, Mirta Graciela Ant贸n trabaj贸 en el Departamento de Informaciones de la polic铆a de C贸rdoba desde el 1 de febrero de 1974 hasta el 22 de diciembre de 1975, y desde el 18 de marzo de 1976 hasta el 11 de enero de 1984.

El juicio en el que condenaron a Ant贸n fue conocido como la megacausa de La Perla (el nombre del principal centro de detenci贸n clandestino de la provincia). En 茅l se la procesa, junto a otros 45 represores, por torturas y homicidios cometidos, en su caso, entre 1974 y 1983 (aunque por ahora s贸lo se revisa una parte de esas causas y las dem谩s formar谩n parte de otro proceso).

El juicio re煤ne los casos de 716 v铆ctimas, con 45 imputados y 900 testigos.

A ella le imputan 211 delitos: 73 privaciones ileg铆timas de la libertad agravadas (por el hecho de ser polic铆a), 76 imposiciones de tormentos agravadas, 56 homicidios calificados, 2 imposiciones de tormentos seguidos de muerte, una tentativa de homicidio calificado y 3 abusos deshonestos agravados.

El ex general Luciano Benjam铆n Men茅ndez -que muri贸 el 27 de febrero de 2018- estuvo tambi茅n entre los acusados.

"Al contrario de lo que muchos podr铆an creer -aclara la autora-, el secuestro, la tortura y el asesinato no son solo 'cosas de hombres'. En Am茅rica Latina, la Argentina y Chile son prueba de ello. Antes y durante los reg铆menes militares de Augusto Pinochet y de las juntas, numerosas mujeres actuaron dentro de las fuerzas armadas y de seguridad o alrededor de ellas, y cumplieron tareas en la represi贸n, que no siempre fueron secundarias o de mero apoyo".

Asesina por naturaleza

"Matar le daba placer. Era la perfecta asesina. Si vos quer铆as contratar a una mujer para que se lo charle al tipo y lo asesine, la Cuca era la persona indicada. Se hac铆a la pendejita inocente y despu茅s te mataba de cinco tiros. Estuvo metida en la mayor铆a de los asesinatos del D2. Y en los cr铆menes de polic铆as estuvo envuelta en todos", dice Charlie Moore, uno de los detenidos por el grupo parapolicial del que Ant贸n formaba parte, en el libro La b煤squeda, escrito por Miguel Robles, que es citado por Mariani en su investigaci贸n.

Moore, militante del ERP (Ej茅rcito Revolucionario del Pueblo) que estuvo detenido seis a帽os (durante los que colabor贸 en tareas administrativas con el D2 para, seg煤n declar贸 en el juicio, salvar su vida), dice que Ant贸n no ten铆a principios ni sentimientos, y que era parte de un grupo paraestatal, el Comando Libertadores de Am茅rica.

El Comando estaba integrado por suboficiales de la polic铆a de C贸rdoba, hab铆a sido creado por Luciano Benjam铆n Men茅ndez con el fin de combatir a los grupos de izquierda, y comenz贸 a actuar dos a帽os antes de que se produjera el golpe militar del 24 de marzo de 1976.

Seg煤n Moore, Ant贸n "era miembro del sicariato policial que no mataba por cuestiones ideol贸gicas. Eran bestias salvajes. Mataban y robaban. Hasta se hab铆an puesto un negocio para vender lo robado. Ejecutaban las faenas m谩s sucias de la represi贸n".

En los expedientes judiciales, este grupo aparece integrado por La Cuca Ant贸n; su hermano Herminio "Boxer" Ant贸n; su marido, Jos茅 Ra煤l "S茅rpico" Buceta; Carlos "Tuc谩n Grande" Yanicelli; Calixto "Chato" Flores; Luis "Cara con Riendas" Lucero, y "El Gato" Miguel G贸mez.

Charlie Moore declar贸 ante la justicia desde Inglaterra, donde vive, y dijo que nunca se podr谩 saber la cantidad de gente que ese grupo mat贸: "La Cuca Ant贸n era la pistolera oficial de una patota de psic贸patas".

El libro de Mariani tambi茅n busca indagar en los or铆genes de Ant贸n y su familia. "No puedo dejar de preguntarme qu茅 los llev贸 a ser torturadores y asesinos. 驴Qu茅 vivieron? 驴Qu茅 parte nos perdimos de lo que pasaba entre esas cuatro paredes?", reflexiona Liliana, que fue amiga de Ant贸n cuando viv铆an en el barrio Cerveceros, donde ve铆a a su amiga salir con delantal y dos colitas. "隆C贸mo puede ser! 脡ramos como hermanos. Iban a mi casa a tomar la leche con el pan que hac铆a mi abuela. Los consider谩bamos de la familia. Es la 茅poca de la infancia y no te la pod茅s olvidar nunca".

Mirta Ant贸n naci贸 el 11 de noviembre de 1953 en C贸rdoba. Es hija de Herminio Ant贸n y de Martina Lidia Bel茅n. Tiene cuatro hermanos, dos mayores ‒Herminio y Graciela‒, y dos menores, Walter y Ada. La familia viv铆a en el barrio Jard铆n, una zona llana, con casas bajas, muchos 谩rboles.

Sus padres se hab铆an conocido en una radio, LV3. Martina Lidia Bel茅n se present贸 a un concurso de canto en el que Herminio Ant贸n era pianista. Con el tiempo, ella dej贸 su carrera art铆stica y se hizo costurera, y 茅l cambi贸 el piano por la polic铆a.

Mirta Ant贸n dice que su padre cometi贸 el pecado de ser un ferviente peronista en plena Revoluci贸n Libertadora, como se llam贸 al golpe que, en 1955, derroc贸 al presidente Juan Domingo Per贸n. Un d铆a, cuando Mirta Ant贸n ten铆a dos a帽os, los militares allanaron su casa y se llevaron a su padre preso.

Su madre se vio obligada a limpiar casas durante el d铆a y a coser ropa en la noche, de modo que los hermanos Ant贸n fueron criados por sus abuelos, Alcides y Rosario, que viv铆an enfrente.

Como la abuela era analfabeta, cuando ten铆a que hacer los deberes Mirta cruzaba la calle y le ped铆a ayuda a su madre, con quien hac铆a largas caminatas hasta la c谩rcel, el pelo prolijamente recogido en un rodete, para visitar a su padre. Dos a帽os y ocho meses despu茅s, Herminio Ant贸n qued贸 en libertad, ingres贸 nuevamente a la polic铆a y el rumbo econ贸mico de la familia se enderez贸.

Mirta Ant贸n no tiene recuerdos tristes de esa infancia que pas贸 jugando al el谩stico, a la rayuela, con mu帽ecas de porcelana, disfraz谩ndose con la ropa de su madre, yendo al parque de diversiones. Cuando termin贸 el Liceo Nacional de Se帽oritas, quiso estudiar psicolog铆a.

Su padre, que hab铆a alcanzado el grado de comisario, le propuso entrar en la polic铆a para tener un sueldo y as铆 pagarse los estudios. De modo que Mirta sigui贸 el camino de su hermano Herminio (su otro hermano, Walter, tambi茅n entrar铆a en la fuerza), hizo el curso de ingreso, y en 1974 entr贸 en el sector Orden Social y Pol铆tico de la Polic铆a de C贸rdoba. Ese mismo a帽o la trasladaron al D2 para que rotulara los elementos que se secuestraban a los presos pol铆ticos.

Durante las audiencias del juicio, Ant贸n sol铆a sentarse en un sector de los Tribunales de C贸rdoba donde esperaban los acusados que no quer铆an presenciar el juicio. Era un pasillo largo, con forma de ele, que ten铆a ventanales a la calle. A lo largo de ese pasillo hab铆a dos puertas ‒una comunica al hall del primer piso y la otra al recinto donde se realizaban las audiencias‒ y tres salas donde los acusados se reun铆an con familiares, tomaban caf茅 o com铆an.

Era frecuente ver a algunos hombres dormidos, roncando. Babeando o cabeceando de sue帽o. Fumando a escondidas de los dos polic铆as que custodiaban. El lugar ten铆a la atm贸sfera de un geri谩trico: la espera in煤til, el silencio inc贸modo, el aburrimiento.

Ant贸n era la m谩s inquieta. Hablaba con el mozo que les tra铆a los pedidos desde el caf茅 de la esquina. Saludaba a los abogados.

―Los muchachos me cuidan porque soy la 煤nica mujer. Soy como una hermanita para ellos. Extra帽o a Videla, conmigo era un caballero. Y Benjam铆n Men茅ndez, un pr贸cer.

Por entonces, ella usaba dos collares: uno con el logo de Bulgari y otro con una cruz de San Benito Abad, que se repet铆a en un anillo.

―Es el santo de las maldades y lo uso para que no me hagan fechor铆as. Siempre le pido que cuide a mis tres hijos y mis tres nietos.

―驴Les parece que muerdo? -les lleg贸 a decir a dos periodistas.

―驴Tengo apariencia de diablo? Eso dicen. Mis manos est谩n siempre as铆. Limpitas. Nunca lastimaron a nadie.

En 2007, el antiguo edificio del D2 fue declarado Monumento a la Memoria y desde entonces funciona all铆 un museo que conserva un archivo con 136.242 fotos de los detenidos, que se guardaba bajo el r贸tulo "Registro de Extremistas".

En la Sala Escrache hay una foto gigante de los represores. Fue tomada durante uno de los juicios. En la primera fila aparecen Jorge Rafael Videla y Luciano Benjam铆n Men茅ndez. Dos m谩s atr谩s, seria, mirando a c谩mara, est谩 Mirta Ant贸n.

En el primer juicio contra Mirta Ant贸n, Mar铆a del Rosario Miguel Mu帽oz, militante de izquierda secuestrada el 19 de diciembre de 1975, declar贸: "Cuando llegu茅 [al edificio del D2] me sodomizaron, me golpearon despu茅s y me pusieron en un patio hasta la ma帽ana. Creo que eran como las 7 y llegaron los torturadores que marcaban tarjeta, como si fueran panaderos. Me llevaron a una sala de torturas con toda la panoplia de la tortura: picana, submarino. Mientras era golpeada e interrogada, una torturadora que ten铆a tacos altos de aguja saltaba sobre m铆. Luego supe que estaba embarazada. Al mediod铆a los verdugos se retiraron a almorzar y al regresar me hicieron un simulacro de fusilamiento".

En el reconocimiento fotogr谩fico, Mar铆a del Rosario Miguel Mu帽oz se帽al贸 a Mirta Ant贸n como la torturadora embarazada de tacos altos.

En ese mismo juicio, un testigo declar贸 que Mirta Ant贸n, y dos polic铆as m谩s, hab铆an secuestrado a Mar铆a de las Mercedes G贸mez de Orzaocoa, embarazada de siete meses, a煤n hoy desaparecida, a quien sometieron a la picana el茅ctrica, al submarino, una simulaci贸n de fusilamiento, golpes, quemaduras de cigarrillos y vejaciones sexuales.

Humberto Vera fue detenido en 1974. Era delegado de una f谩brica. En abril de 2014, en el marco del juicio de La Perla, declar贸 que, entre sus torturadores, hab铆a una mujer: "Me pinchaba con alfileres y me pisaba los test铆culos con los tacos de sus zapatos. Era Ant贸n. Pude verla cuando se me corri贸 la venda. La reconoc铆 porque 铆bamos al mismo club de baile".

Gloria Di Rienzo, tambi茅n testigo en ese juicio, dijo, seg煤n consta en el expediente: "Cuando me torturaron, ella me retorci贸 los pezones y me tir贸 agua caliente para que abriera las piernas y los polic铆as me pudieran violar".

Carlos Eduardo Santa, testigo en la misma causa, declar贸: "Entre tantos hombres, escuch茅 una voz de mujer. Era La Cuca. Despu茅s de acercarse a m铆 y decirme un mont贸n de groser铆as, me dijo los nombres de cada uno de los que viv铆an en mi casa, cerca del hip贸dromo, en Barrio Jard铆n. Supongo que ella viv铆a por ah铆. Muchas veces escuch茅 hablar de ella y el sadismo que ten铆a, especialmente con las mujeres".

Seg煤n el relato de Charlie Moore, en el invierno de 1975, en la ciudad de C贸rdoba, Mirta Ant贸n, Ra煤l Buceta y Herminio "Boxer" Ant贸n sal铆an a menudo a "cazar" j贸venes militantes con "carnadas" humanas.

Una de esas noches, mientras Buceta y Boxer esperaban en el auto, Mirta Ant贸n y una chica joven, detenida en el D2, esperaban sentadas en una parada de colectivos. Ant贸n ten铆a 21 a帽os y la chica 19. Mientras le hablaba como si fuera su amiga, Ant贸n le apuntaba con un arma a las costillas y le ordenaba: "Hablame, sonre铆". Minutos despu茅s se acercaron dos muchachos, que saludaron a la chica. Aunque ella se esforz贸 en no darles conversaci贸n, Mirta Ant贸n comprendi贸 que se trataba de compa帽eros de la universidad. Cuando quedaron solas, Ant贸n se levant贸 y llev贸 a la chica al auto. Al subir, dijo: "Dos m谩s en la lista". Al llegar al D2, entre los tres torturaron a la chica hasta que dio los nombres de sus dos compa帽eros.

D铆as despu茅s, en el mismo lugar, Ant贸n picaneaba a otra mujer joven: en la vagina, en los pechos, en el est贸mago, en las orejas. Ant贸n no sab铆a el nombre de esa mujer, pero algo las un铆a: las dos estaban embarazadas.

Charlie Moore, en su declaraci贸n, la acus贸 de haber torturado a su mujer, M贸nica C谩ceres (los dos fueron detenidos en 1974 y liberados en 1980): "La meti贸 en una pieza y empez贸 a torturarla. No le preguntaba nada porque en realidad de esa forma quer铆a torturarme a m铆. Mientras la amasijaba, se re铆a como una loca. Se vest铆a como una puta de cabaret, con jeans ajustados, zapatos con tacos y toda pintarrajeada. Eso le daba un tinte grotesco a su maldad".

Ramona Dom铆nguez, ex polic铆a, declar贸 que en el D2 las mujeres no torturaban, "a excepci贸n de Ant贸n, que era joven y ten铆a muchas 铆nfulas".

A partir de su propia investigaci贸n y de la informaci贸n que pudo recabar cuando estuvo detenido en el D2, Charlie Moore dijo que Ant贸n y los grupos de tareas del D2 mataron al menos a 12 polic铆as, y se mostraron despu茅s acongojados ante sus familiares, a quienes ofrecieron custodia para prevenir "posibles atentados".

"Al mismo tiempo, comenzaron a robar. Casi todos los del D2 estaban implicados: La Cuca, S茅rpico, Cara con Rienda. A mi familia le sacaron 50.000 d贸lares, pero desplumaban a todos. Hac铆an hasta pirater铆a del asfalto. Yo los ve铆a cuando volv铆an de robar. Sacaban la guita de las bolsas y repart铆an. Se pusieron un negocio donde vend铆an lo robado. Un d铆a, una mujer compr贸 una heladera en ese negocio y vio que ten铆a inscripta la leyenda 'AVONPLAS', que era un mensaje del ERP que significaba 'A vencer o morir por la Argentina socialista'. Obvio que la hab铆an robado a los guerrilleros", declar贸 Moore ante los jueces.

Amor salvaje y sanguinario


Mirta Ant贸n conoci贸 a Ra煤l "S茅rpico" Buceta en el D2, en 1974. Ambos trabajaban all铆, y ten铆an 19 a帽os. 脡l empez贸 a invitarla al cine, a acompa帽arla a su casa, hasta que una noche le dijo: "Estoy enamorado de vos". Ella dice que, con el tiempo, tambi茅n se enamor贸, pero que la relaci贸n no era f谩cil: 茅l estaba separado, ten铆a una hija (ella lo supo antes que 茅l se lo dijera porque revis贸 su legajo policial), y Ant贸n sab铆a que sus padres no iban a aceptarlo.

―No me gust贸 la idea de embarcarme en ese compromiso, mi familia era muy estructurada y yo, criada por abuelos, muy a la antigua. Como hab铆a sido catequista de la Parroquia de mi barrio, no me cerraba esa cuenta.

Dispuesto a seguir adelante, Buceta decidi贸 hablar con el padre de ella. "Mire -le dijo‒, estoy enamorado de su hija". "Lo 煤nico que le pido es que la cuide como la cuidamos nosotros. Ella est谩 acostumbrada a vivir como una reina", respondi贸 el padre. "No se preocupe, conmigo no le va a faltar nada", le asegur贸 Buceta.

Aunque s贸lo se casar铆an en 1991, una vez aprobada la ley de divorcio en la Argentina, se fueron a vivir juntos inmediatamente. En 1975 la polic铆a los envi贸 a Buenos Aires, a hacer un curso de explotaci贸n (el t茅rmino m谩s adecuado era "an谩lisis") de material terrorista.

―脥bamos a quedarnos un mes -dice Ant贸n, en el pasillo de Tribunales‒, pero al tercer d铆a de estar all谩, los guerrilleros pusieron una bomba en la casa de mis padres, en C贸rdoba. Nos volvimos en avi贸n. Mi familia pudo escapar, pero la casa qued贸 destruida. El techo cay贸 como si fuese de trapo. Mis padres se mudaron. Nunca supimos qui茅n fue el autor del atentado.

Durante ese viaje interrumpido qued贸 embarazada de su primera hija.

―Mi marido fue el amor de mi vida, un excelente compa帽ero, un gran padre y un laburante terrible. Su muerte fue terrible. Muri贸 electrocutado en la pileta de casa, y su ex me acus贸 de matarlo. Cu谩nta maldad. Yo labur茅 en el D2 hasta que me ped铆 licencia por el embarazo. 驴C贸mo pueden pensar que una embarazada va a torturar? 隆Y torturar embarazadas!

Desde su retiro de la Polic铆a, la vida de Ant贸n transcurr铆a con tranquilidad hasta que el domingo 28 de junio de 2009, por disposici贸n del juzgado federal N潞 3 de C贸rdoba, fue detenida cuando se present贸 a votar en las elecciones legislativas.

Ese d铆a entr贸 en una escuela, hizo la fila para ingresar al cuarto oscuro, salud贸 a dos vecinos (la escuela quedaba a dos cuadras de su casa) y esper贸 el turno.

Lo dem谩s lo recuerda en su diario: "La presidenta de mesa era una se帽orita que conoc铆a de la infancia, su madre ten铆a una mercer铆a y ella sigui贸 con ese negocio. De pronto en la puerta vi a un hombre, que me pareci贸 extra帽o, que hablaba por celular. Ten铆a un rompevientos rojo y azul. Sus movimientos eran ansiosos. En la fila hab铆a otras dos mujeres que nunca hab铆a visto en el barrio. Mi coraz贸n me dec铆a que algo extra帽o estaba ocurriendo. Entregu茅 mi documento, pas茅 al cuarto oscuro y cuando sal铆 me intercept贸 el hombre del rompevientos. Me pidi贸 el documento, not茅 que le temblaban las manos y se identific贸 como polic铆a. Enseguida aparecieron las dos mujeres de la fila con un sobre que anunciaba mi detenci贸n".

As铆 fue su 煤ltimo d铆a libre.

En un momento del libro, Ant贸n interpela a Mariani.

-驴Sab茅s? Me tom茅 el trabajo de buscarte. No, en realidad, lo hicieron mis hijos; les di tu nombre y te buscaron en Internet.

-Habr谩n le铆do que siempre trabaj茅 en temas relacionados con derechos humanos.

-S铆, lo s茅. S茅 todo de vos y me doy cuenta de que estamos en veredas diferentes. Yo uso escarapela y vos clavel rojo. Y lo que no quiero es que me pase lo que me sucedi贸 con un periodista de Buenos Aires que me entrevist贸 y minti贸. Me molest贸 porque me demoniz贸, 隆me demoniz贸! 鈥攁lza la voz y su cara se desfigura鈥, y sin embargo yo le cont茅 todo como te lo cuento a vos. As铆 se lo cont茅 a 茅l, de la misma manera, con la misma intenci贸n. Y la verdad es que me enoj贸 mucho que mintiera.

La Cuca no recibi贸 m谩s a Mariani. El periodista al que se refiri贸 soy yo. Durante 2014 la entreviste durante tres d铆as para un perfil publicado en el libro Los malos.

Recuerdo que la 煤ltima vez que la vi me dijo algo similar a lo que tuvo que escuchar Mariani:

―Yo s茅 cosas de vos. No puedo con mi genio. Si vos me investigaste y le铆ste de m铆, ahora estamos a mano. Yo trabaja en un 谩rea donde llegaba lo que se secuestraba a los terroristas. Por ejemplo, si el detenido se llamaba Rodolfo Palacios, yo escrib铆a eso, sacaba las cosas de la bolsa, las enumeraba en una m谩quina de escribir y dejaba constancia de todo eso. Lo pon铆a en un legajo. Si hab铆a papeles rotos, los un铆a como un rompecabezas. Hac铆a as铆 -dijo, rompiendo una servilleta en varios pedacitos y empezando a unirlos‒. Y trataba de descifrar el mensaje. Capaz que aparec铆an datos de las bombas que pensaban poner.

―驴Ese material desapareci贸?

―Ni idea -dijo, encogi茅ndose de hombros-. Tambi茅n hab铆a muchos libros, mucho Estrella Roja, mucho El Combatiente, mucho Evita Montonera, mucho Trotsky, mucho Marx, mucho Che Guevara. Yo s贸lo hac铆a eso. Me la pasaba entre papeles. Trabajaba de 7 a 14. Inventaron que me met铆a con los presos. Que mataba, que torturaba. Todo mentira. Mirame las manos. Est谩n limpitas. 驴Vos las ves manchadas de sangre? (Infobae)