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| 30-07-2018 | Un adelanto exclusivo | |||
| Los 6 trabajos que se verán más amenazados por la automatización, según el nuevo libro de Andrés Oppenheimer | |||
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| Andrés Oppenheimer -columnista de The Miami Herald, El Nuevo Herald y más de 50 periódicos, y conductor de "Oppenheimer Presenta" en CNN en español-publica en agosto su cuarto libro "¡Sálvese quien pueda!" (Debate), para el cual investigó durante más de cinco años en tres continentes, para entender cuál será el futuro del trabajo ante la evidencia de la automatización en forma de robots y distintas manifestaciones de inteligencia artificial. El periodista nacido en la Argentina y radicado desde hace años en los Estados Unidos, estudió en la Universidad de Buenos Aires y luego obtuvo la maestrÃa en Periodismo de la Universidad de Columbia. Trabajó en The Miami Herald, The Associated Press, The New York Times, The Washington Post, The New Republic, CBS News y El PaÃs de España. Y es ganador de de los premios internacionales Periodismo Rey de España, Ortega y Gasset y MarÃa Moors Cabot. Extractos en exclusivo donde se destacan los casos emblemáticos de cómo ya está cambiando el empleo de periodistas, empleados de restaurantes, bancarios, abogados, médicos y docentes. 1. En The Washington Post los robots ya escriben noticias polÃticas Muy pocos se enteraron en ese momento, pero The Washington Post quebró un hito tecnológico en las elecciones de noviembre de 2016 en Estados Unidos, cuando reportó que el congresista republicano Steve King habÃa ganado la muy disputada contienda en el distrito cuatro de Iowa. A primera vista, la noticia parecÃa una más de las muchas que habÃan escrito los periodistas del diario ese dÃa. El artÃculo decÃa que "los republicanos retuvieron el control del Congreso" y puso la noticia en contexto, señalando que la votación "significó un asombroso giro polÃtico, ya que muchos lÃderes del Partido Republicano habÃan expresado temores de que podrÃan perder más de 10% de sus bancas". Acto seguido, el artÃculo decÃa que ya se habÃa contabilizado la votación en 433 distritos y que los republicanos habÃan ganado en 239 de ellos y los demócratas en 194. La revista tecnológica Wired señalarÃa tiempo después que el artÃculo de The Washington Post tenÃa "toda la claridad y el brÃo" a los que nos tienen acostumbrados los periodistas de The Washington Post, pero con una diferencia: habÃa sido escrito por un robot. Efectivamente, el artÃculo del periódico no estaba firmado por ningún periodista. Al final del texto decÃa: "Staff y agencias de noticias, activadas por Heliograf, el sistema de inteligencia artificial de The Washington Post". Esa lÃnea al final del artÃculo pasó totalmente desapercibida. En medio de la conmoción por el terremoto polÃtico que significó el inesperado triunfo del presidente Donald Trump, contra las predicciones de casi todas las encuestas, muy pocos repararon en el hecho de que uno de los principales diarios del mundo habÃa empezado a publicar noticias polÃticas escritas por robots. Hasta ese momento, no era un secreto que algunas noticias deportivas y financieras que consistÃan en una recitación de datos —como los resultados de partidos de futbol de divisiones inferiores o las ganancias trimestrales de las empresas— eran generadas por robots. El propio The Washington Post habÃa empezado a experimentar con la automatización periodÃstica en los Juegos OlÃmpicos de RÃo unos meses antes. Y la agencia de noticias Associated Press venÃa utilizando desde hacÃa años el programa de redacción automatizada Automated Insight para noticias deportivas y financieras. Pero cuando Jeff Bezos —el fundador de Amazon— compró The Washington Post en 2013, el periódico comenzó a experimentar con programas de computación para generar artÃculos más analÃticos. Y en las elecciones de 2016, sin esconderlo, pero tampoco sin hacer ninguna alharaca, The Washington Post empezó a publicar sus primeros artÃculos polÃticos redactados por una máquina inteligente. Gracias a la nueva tecnologÃa, The Washington Post pudo cubrir en detalle los resultados de unas 500 elecciones locales en la contienda de 2016, algo que de otra manera hubiera requerido un ejército de periodistas y una fortuna en gastos de viajes. Generando artÃculos escritos por Heliograf, el diario apostó a aumentar su público llegando a nuevas audiencias en todo el paÃs. En vez de limitarse a tratar de ganar una gran audiencia con pocos artÃculos escritos por personas que requerÃan mucho tiempo para generarlos, Heliograf le permitió a The Washington Post apuntar a muchas audiencias geográficamente diversas con una enorme cantidad de noticias automatizadas sobre temas locales o especÃficos. A pocos neoyorquinos les interesaba el resultado de la elección para un congresista del distrito cuatro de Iowa, pero a millones de ciudadanos en todo el paÃs les interesaba el resultado de la elección legislativa en su propio distrito. Y Heliograf podÃa ofrecerle esa información a cada uno de ellos de manera separada en cuestión de segundos. Y, lo que es más, podÃa actualizarla automáticamente todo el tiempo. 2. El misterioso robot cocinero de sushi En Japón pude ver el futuro de los restaurantes automatizados. Además de parar en el hotel operado por robots, visité restaurantes de sushi donde los recepcionistas, los mozos y hasta el cocinero eran robots. En uno de ellos, el restaurante de sushi Hamazuchi del centro comercial de Shinagawa en el sur de Tokio, me recibió el robot-muñeco Pepper, quien abriendo las manos y haciendo una leve reverencia me dijo en japonés: "Bienvenido, yo soy el recepcionista". Acto seguido, nos preguntó: "¿Quieren una mesa para cuántas personas?". Por suerte, habÃa ido con mi mujer y unos amigos japoneses a quienes conocimos en Miami, Masami y su mujer, Mihoko, quienes nos tradujeron lo que estaba diciendo el robot. Pepper nos enseñó con las manos una tableta que llevaba pegada al pecho para que le indicáramos cuántas personas éramos. Apreté el cuatro en el tablero que iba del uno al 10. "¿Quieren una mesa individual o prefieren sentarse en el mostrador?", preguntó el robot, abriendo nuevamente las manos y bajando la cabeza en un gesto de cordialidad. Cuando le dijimos que querÃamos una mesa, respondió: "Ahora mismo les busco una, les avisaremos". De inmediato emitió un boleto de identificación que llevaba el número 449. Y al poco rato, una pantalla en la pared nos avisó que nuestro grupo, el 449, podÃa pasar a la mesa número 24. Fue fácil encontrar la mesa, porque estaban alineadas como en un tren, alrededor de una cinta corrediza que llevaba los platos. Cada plato tenÃa un cartelito con su respectivo número de mesa. Una vez sentados, comenzamos a pedir los platos en una tableta electrónica que estaba en nuestra mesa, junto a la cinta movediza por donde pasaban los platitos de sushi. En nuestra mesa habÃa todo lo que necesitábamos, incluidos los palitos de madera para comer el sushi, una cajita con varios tipos de tés para acompañar la comida, y una canilla de agua caliente para el té. Y a medida que aparecÃan en la cinta corrediza los cartelitos con el número de nuestra mesa, Ãbamos sacando nuestros platitos de sushi. Para mi sorpresa, el sushi estaba bastante bueno, o por lo menos parecÃa fresco. Curioso por saber si el sushi era preparado por un cocinero o un robot, le pedà a Masami que le preguntara a una joven que estaba limpiando las mesas —la única empleada de carne y hueso que estaba a la vista— si podÃamos ver la cocina. Masami le explicó en japonés que yo era un turista curioso que venÃa de Estados Unidos. La joven nos miró desconcertada y dijo que iba a preguntarle al gerente. Pocos minutos después, regresó para decir que por polÃticas de la empresa no era posible visitar la cocina. Le pedimos hablar con el gerente para ver si podÃa reconsiderar su decisión y a los pocos minutos apareció un hombre de unos 40 años, con uniforme celeste, gorro de cocinero y un broche en el pecho con su nombre: Araki. Con cordialidad, pero también con firmeza, Araki nos informó que tenÃa prohibido que los clientes pasaran a la cocina sin autorización de la casa central. ¿Pero el sushi es hecho por cocineros o por un robot?, le pregunté a través de Masami. El gerente comenzó afirmando que eso era un secreto de la empresa. Pero ante nuestra insistencia, después de muchas idas y venidas, terminó admitiendo que el sushi "está hecho automáticamente". ¿Y cuánta gente trabaja en este local?, le preguntamos al gerente. Nuevamente, Araki respondió que era un dato confidencial, y luego de un prolongado diálogo en japonés que no pude entender, nuestro amigo Masami nos contó lo que habÃa podido averiguar: en los restaurantes de la cadena Hamazuchi habÃa unos 10 empleados por local, que trabajaban varios turnos, y la mayorÃa de ellos son empleados de medio tiempo. Tras la partida de Araki y su cordial reverencia de despedida, nos pusimos a hacer cuentas con nuestros amigos japoneses: en el local habÃa 66 mesas y en cada una de ella habÃa entre cuatro y seis comensales, lo cual significaba —considerando que el restaurante estaba totalmente lleno— que habÃa unas 250 personas, atendidas por apenas cuatro empleados. De los cuatro, una era la cajera, que estaba ahà por si alguien querÃa pagar en efectivo en lugar de hacerlo con su tarjeta de crédito en las tabletas de las mesas, y otros que se dedicaban a contar los platitos de sushi de quienes pagaban en efectivo y a limpiar las mesas. Nuestro amigo Masami, un cientÃfico que habÃa trabajado en la Universidad de Miami, hizo una rápida búsqueda en Google en su teléfono y nos informó que la cadena de restaurantes Hamazuchi tiene 454 restaurantes con un personal fijo de 466 empleados y unos 21 600 empleados de medio tiempo. Según nos explicó Masami, estos últimos no reciben seguro médico ni pensión en la mayorÃa de las empresas japonesas. Los cuatro comensales de la mesa 24 nos miramos y llegamos a la conclusión simultánea de que Araki, el gerente, tal vez era el único empleado de tiempo completo del restaurante. Los otros cuatro quizás eran estudiantes o amas de casa que trabajaban ahà algunas horas por dÃa. "Debe ser un negocio brillante", concluyó Masami. Muy probablemente la cadena tendrÃa unas ganancias fabulosas gracias a sus ahorros en mano de obra. Y los clientes estaban felices de pagar menos gracias a esos mismos ahorros en personal. Lo cierto es que comimos opÃparamente, tomamos cerveza y pagamos un total de 55 dólares para los cuatro, un precio bajÃsimo para los estándares de los restaurantes japoneses. 3. Las sucursales bancarias y sus empleados se reducirán 50% Cuando entré en la sucursal del banco Mizuho, uno de los más grandes de Japón, en la elegante avenida Ginza Chuo de Tokio, el robot humanoide que estaba trabajando como recepcionista me recibió con una amplia sonrisa y los brazos abiertos. Era el mismo tipo de robot que habÃa visto atendiendo al público en varios restaurantes de Tokio. La máquina, de unos 1.20 metros de altura, con una tableta electrónica en el pecho para dar información e interactuar con los clientes, fijó sus ojos en mà apenas me vio entrar —un sensor en la frente le permite ver cuando alguien entra en la sucursal bancaria— y me dijo con una voz intencionalmente robótica, pero cálida: "Bienvenido, soy Pepper". Acto seguido, el robot me pidió que sacara un número de espera y —tal como me lo tradujo del japonés mi intérprete, ya que ese Pepper en particular no era multilingüe— prosiguió: "Ahora, puedes elegir del siguiente menú la opción que quieras". Pepper me ofreció varias opciones en su tableta, incluyendo un jueguito de preguntas y respuestas para adivinar mi tipo de personalidad y otros pasatiempos para ayudarme a matar el tiempo mientras esperaba ser atendido por un empleado bancario. Otra opción de la tableta de Pepper me preguntaba si estaba interesado en alguno de los seguros que ofrecÃa el banco. Cuando apreté esta última casilla, el robot me hizo varias preguntas y, tras establecer que yo estaba interesado en un seguro de vida, me dio su veredicto, siempre mirándome a los ojos y acompañando sus palabras con las manos. "Entiendo, ahora te voy a decir el tipo de seguro que más te conviene", dijo. Y tras levantar la vista, como si estuviera pensando, concluyó: "El seguro que más te conviene es el Kaigo Hoken. Ve a la mesa del fondo y dile a la funcionaria que te atenderá que te interesarÃa saber más sobre el Kaigo Hoken". En otras palabras, Pepper ya habÃa hecho la mitad del trabajo de una recepcionista y un vendedor de seguros, dejando para los funcionarios del banco la tarea de cerrar el negocio. Y, según me enteré después, el Pepper con el que me encontré ese dÃa era uno de los que tenÃan funciones más limitadas: en otras sucursales del banco, el robot hablaba varios idiomas —uno podÃa empezar la conversación escogiendo el idioma en el que querÃa comunicarse— y hacÃa de recepcionista completo, contestando cualquier pregunta, dirigiendo a cada cliente al departamento bancario adecuado o aclarando dudas sobre varios tipos de préstamos personales y comerciales, hipotecas, cuentas de ahorro o inversiones. Según los comunicados de prensa de Softbank, la gigantesca empresa japonesa de productos electrónicos creadora de Pepper, su robot era el primero del mundo que podÃa percibir las emociones humanas y responder a ellas, dando información de una manera divertida y útil, siendo a la vez "amable, tierno y sorprendente", decÃa la página de internet de la empresa. O sea, era un recepcionista bancario ideal. Pero la mayor amenaza para los trabajos de los empleados bancarios no serán los robots recepcionistas, como Pepper, sino el cierre de sucursales bancarias por el creciente uso de servicios bancarios en lÃnea, la gradual desaparición del dinero en efectivo y la sustitución de muchos bancos tradicionales por bancos virtuales, o sea, instituciones financieras que operan exclusivamente en internet. Cada vez más gente en los paÃses desarrollados está usando su teléfono celular, tableta, computadora personal o los cajeros automáticos para sus transacciones bancarias, y cada vez menos gente necesita interactuar con un empleado bancario de carne y hueso. Según una encuesta de clientes de bancos realizada por la compañÃa consultora Accenture en 2015, un cliente bancario promedio en Estados Unidos interactúa con su banco unas 17 veces por mes, de las cuales 15 consisten en contactos "no humanos", incluyendo transacciones por celulares, tabletas, consultas telefónicas a centros de atención al público robotizados y retiros de cajeros automáticos. Hoy dÃa, algunos clientes todavÃa van a las sucursales para abrir una cuenta bancaria —uno de los principales motivos por los que las sucursales todavÃa sobreviven— o porque prefieren interactuar con una persona para hacer consultas sobre decisiones importantes y complejas. Pero para sus transacciones cotidianas, como realizar pagos o transferir dinero de una cuenta a otra, la visita a una sucursal bancaria es cada vez más una pérdida de tiempo. Puede que Anthony Jenkins, el ex ceo del banco Barclays que predijo que hasta 50% de las sucursales bancarias y los empleados bancarios desaparecerÃa en los siguientes 10 años en varios paÃses industrializados, haya estado en lo cierto. En Estados Unidos se cerraron más de 10 000 sucursales bancarias o más de 10% del total, desde la crisis financiera de 2008 hasta 2017, según reportó la revista The Economist. Tan sólo en 2015, los bancos más importantes de Estados Unidos y Europa despidieron a casi 100 000 empleados. Y un estudio de Citi Global Perspectives & Solutions (gps) vaticinó que los bancos estadounidenses y europeos despedirán a alrededor de 1.8 millones de empleados en los próximos 10 años. Ya hay pueblos como Windsor, una población de 6 200 personas en el norte del estado de Nueva York, donde no queda ningún banco: el último que existÃa, First Niagara Bank, cerró sus puertas en 2017. Hay unos 1 100 pueblos como Windsor que se han quedado sin bancos "y esa cifra podrÃa duplicarse fácilmente si siguen cerrando los pequeños bancos comunitarios", señaló The Economist. En Holanda, el número de sucursales bancarias por cada 100 000 habitantes cayó 56% entre 2004 y 2014 y la tendencia sugiere que la reducción de las sucursales bancarias seguirá su curso. En Dinamarca, la desaparición de sucursales bancarias por cada 100 000 habitantes en el mismo lapso fue de 44 por ciento, y en Gran Bretaña de 13 por ciento. Según Jenkins, la creciente competencia de los bancos virtuales "hará cada vez más difÃcil que los bancos tradicionales puedan generar los ingresos y las ganancias que exigen sus accionistas. Al final del dÃa, estas fuerzas obligarán a los grandes bancos a automatizarse. Yo pronostico que el número de sucursales bancarias y de gente empleada en la industria financiera podrÃa reducirse 50% en los próximos 10 años y que la reducción en un escenario menos severo serÃa de al menos 20 por ciento". 4. La uberización de la abogacÃa Hoy dÃa, es muy difÃcil para una persona de bajos ingresos contratar a un buen abogado. A diferencia de lo que ocurre en muchos paÃses, para ejercer su profesión, en Estados Unidos los abogados deben aprobar un examen estatal muy riguroso después de graduarse. Están entre los profesionales mejor pagados. Un abogado joven que trabaja en un bufete mediano o grande de Estados Unidos gana alrededor de 300 dólares por hora, mientras que un abogado más experimentado gana unos 600 dólares y los más conocidos cobran más de 1.000 dólares por hora. No es casual que hayan surgido plataformas de internet ofreciendo servicios legales más baratos y que estén creciendo a pasos agigantados. LegalZoom.com, por ejemplo, cobra un mÃnimo de 29 dólares por preparar un contrato de arrendamiento de una propiedad, 69 dólares por un testamento básico y 299 dólares por un divorcio incausado, según su sitio de internet. Todas estas tareas llevarÃan varias horas de trabajo para un abogado de carne y hueso, que a un mÃnimo de 300 dólares la hora cobrarÃa muchÃsimo más por la misma tarea. Millones de personas están haciendo uso de estos bufetes de servicios legales virtuales no sólo para producir contratos básicos, sino también para enviar una carta amenazante a un deudor moroso o a un vecino que pone la música demasiado alta. En muchos casos, estas plataformas de internet que ofrecen servicios legales ni siquiera están manejadas por abogados. De la misma manera en que cada vez más gente está utilizando taxis privados de Uber o Lyft que no tienen licencias de taxis tradicionales, cada vez más personas están usando plataformas de servicios legales básicos sin cédulas profesionales de abogados. Al momento de escribirse estas lÃneas, RocketLawyer.com asegura haber creado ya 40 millones de documentos legales, haber respondido a más de 50 000 preguntas legales y haber hecho los trámites para registrar a siete millones de empresas, según su página de internet. Asà como los defensores de Uber argumentan que no vale la pena pagar más por un taxi tradicional si uno puede pagar menos por un taxi privado, los defensores de estas plataformas legales dicen que no tiene sentido pagar más a un abogado por un contrato sencillo y rutinario o por registrar una nueva empresa, las cuales son tareas que puede hacer un algoritmo. Muchos abogados de grandes firmas, sin embargo, argumentan que estos sitios de internet están dirigidos a los sectores de menos recursos de la población que normalmente no contratan a un abogado. Además, las plataformas de servicios legales virtuales se dedican a tareas rutinarias y no amenazan los empleos de los abogados que se ocupan de casos más complejos. Abraham C. Reich, copresidente de Fox Rothschild, una firma nacional de alrededor de 800 abogados con sede en Filadelfia, me dijo que "a nosotros realmente no nos han impactado estos sitios de internet, porque representamos a clientes con problemas legales más sofisticados. Además, hay que leer la letra chica de sitios como LegalZoom.com. Aunque te ofrecen un servicio por 100 dólares, parte de su negocio es ofrecerte un abogado barato si el caso tiene alguna complicación. No conozco de cerca su estructura de ingresos, pero no me extrañarÃa que una buena parte de sus ingresos venga de conseguirte un abogado de bajo costo". 5. El microrrobot que destapará las arterias Cesarea, San Francisco. Moshe Shoham, el director del laboratorio de robótica de la Facultad de IngenierÃa Mecánica del Instituto Tecnológico de Israel, conocido como el Technion, es uno de los hombres que —sin hacer mucho ruido— están reinventando la medicina moderna. Yo no sabÃa de su existencia hasta que alguien me alertó de que Shoham está desarrollando un minirrobot del tamaño de un grano de arroz que muy pronto podrá limpiar las arterias del cuerpo humano, de la misma manera en que lo hacen los robots que limpian las piscinas o los pisos de las casas. Cuando me lo contaron, se oÃa como algo sacado de un libro de ciencia ficción. Pero al leer su biografÃa decidà que habÃa que tomarlo en serio: Shoham ya habÃa registrado más de 30 patentes internacionales de medicina robótica y máquinas inteligentes, y una de las empresas que habÃa fundado, Mazor Robotics, se cotizaba en la bolsa de Nueva York con una valuación de mercado estimada en 550 millones de dólares. Shoham me citó en la sede de Mazor Robotics en Cesarea, a una hora de viaje en automóvil al norte de Tel Aviv. Sus oficinas estaban en un parque industrial repleto de empresas farmacéuticas, de ingenierÃa y computación y no tenÃan nada de ostentoso. (….) La entrevista no empezó muy bien. Shoham, de unos 65 años, era un hombre de hablar pausado y modales modestos. VestÃa una camisa blanca algo arrugada y llevaba una kipá, el gorrito bordado que llevan los judÃos religiosos. En su pequeña oficina reinaba la austeridad: sólo habÃa una mesa grande con varias sillas de plástico y pósteres de la espina dorsal y las extremidades del cuerpo humano pegados en las paredes. ParecÃa un tanto incómodo en su rol de entrevistado. Cuando le pregunté sobre su vida personal, me contó a regañadientes que habÃa estudiado ingenierÃa aeronáutica y mecánica en el Technion y que luego habÃa fundado un laboratorio de robótica en la Universidad de Columbia en Nueva York, donde fue profesor durante varios años, hasta que decidió regresar a Israel porque querÃa que sus hijos se educaran en su paÃs natal. Ahà fundó Mazor Robotics, cuyo robot-cirujano de la columna vertebral, llamado Renaissance, ya ha realizado más de 25 000 operaciones en más de 150 hospitales de Estados Unidos. Acostumbrado a los emprendedores que alardean sobre sus inventos, le pregunté a Shoham sobre su treintena de patentes internacionales —más que las registradas en años recientes por toda la población de varios paÃses—, pero para mi sorpresa no quiso hablar mucho del tema. Hablaba de sus innovaciones como si todas hubieran sido proyectos colectivos, en las que él sólo habÃa desempeñado un pequeño papel. (….) Shoham me explicó que su minirrobot de Microbot Medical, una empresa con sedes en Estados Unidos e Israel, se usará en primera instancia para limpiar y drenar tuberÃas del cerebro y la uretra, sin necesidad de operaciones. Básicamente, se trata de un minirrobot de titanio de un milÃmetro de diámetro y hasta cuatro milÃmetros de largo, que se introduce en el cuerpo y es manejado desde afuera por control remoto. Pero en un futuro cercano, se usará también para limpiar las placas de las arterias y prevenir infartos sin necesidad de realizar cirugÃas, me explicó. ¿Cuándo estará disponible para los pacientes?, le pregunté. Shoham respondió que ya estaban terminando la fase de experimentación con animales y que el producto podrÃa estar a disposición del público en 2020 o 2021. Pero el microrrobot, llamado ViRob, hará mucho más que tareas de limpieza, me señaló. También servirá para la detección y el tratamiento localizado de enfermedades como el cáncer, y hará biopsias sin necesidad de que los médicos nos abran el cuerpo para sacar muestras de tejidos potencialmente cancerosos. Por ejemplo, el ViRob viajará —o más bien nadará— por el cuerpo y llegará hasta cavidades recónditas donde los cirujanos difÃcilmente pueden llegar, y hará una biopsia. Lo que es más importante aún: ViRob disparará medicinas contra el cáncer a nivel local, desde dentro del cuerpo, sin necesidad de tratamientos invasivos como la quimioterapia, me aseguró Shoham. Mientras hoy en dÃa los pacientes de cáncer deben someterse a quimioterapias que afectan a todo su cuerpo, ViRob viajará dentro del cuerpo hasta donde se encuentre el tumor y descargará su medicina en ese punto especÃfico, me explicó. Como muchos otros inventos, la idea de desarrollar un minirrobot para limpiar los conductos del cuerpo humano le vino a Shoham casi por casualidad. Algunos años después de desarrollar su robot-cirujano para la columna, Shoham y sus estudiantes de doctorado del Technion comenzaron a trabajar en un robot para detectar filtraciones de agua y limpiar las tuberÃas de ciudades. La idea es que las ciudades ahorren millones de dólares anuales con un robot que encuentre filtraciones de agua y destape las placas de suciedad que obstruyen las tuberÃas. Pero hablando en una reunión interdisciplinaria con Menashe Zaaroor, un profesor de neurocirugÃa del Technion y director del departamento de neurocirugÃa del hospital Rambam, de Haifa, este último le preguntó: "¿Por qué no haces eso en miniatura, para destapar los conductos del cuerpo humano?". Zaaroor le explicó que hasta ahora los médicos no han podido resolver el problema del bloqueo de los tubos del cerebro para el drenaje de lÃquido en los enfermos con hidrocefalia. Actualmente, estos enfermos tienen que ser operados muchas veces para limpiar las obstrucciones en los canales cerebrales. ¿Por qué no usar minirrobots para limpiar los conductos del cerebro?, le preguntó el neurocirujano. Al poco tiempo, ambos fundarÃan Microbots Medical, su nueva empresa de minirrobots. Shoham se rió cuando le pregunté si sus minirrobots reemplazarán a los cirujanos en un futuro próximo. Me contó que le habÃan preguntado eso por primera vez cuando empezó a participar en conferencias de robótica hacÃa 17 años, y los periodistas inevitablemente terminaban escribiendo artÃculos acerca de su robot para operaciones de la columna titulados "Los robots van a reemplazar a los cirujanos". Sin embargo, me señaló, "los robots no van a reemplazar a los cirujanos: lo que harán será cambiar el tipo de trabajo que hacen los cirujanos. El cirujano va a tener que programar al robot y va a necesitar mucha experiencia en programación e ingenierÃa". En otras palabras, los cirujanos —por lo menos a corto plazo, hasta que la inteligencia artificial se desarrolle aún más— dirigirán a los robots. Shoham me mostró en su laptop una ilustración de lo que será una escena tÃpica de las cirugÃas del futuro. En ella se ve una paciente en la camilla, con un robot encima realizando una operación, mientras el cirujano dirige —o controla— el procedimiento en su computadora detrás de una pared de cristal para protegerse de la radiación. O, en el caso de los minirrobots usados para tratar el cáncer, el cirujano dirigirá el minirrobot detrás del cristal, apretando una tecla para disparar la medicina sobre el tumor cada vez que el minirrobot llegue al lugar indicado. Y en algunos nanorrobots que se están desarrollando paralelamente en otras partes del mundo, el robot se desintegrará una vez que haya cumplido su misión y no habrá necesidad de extirparlo del cuerpo. "El minirrobot tiene varias ventajas: le da al cirujano más accesibilidad, porque llega a lugares inaccesibles del cuerpo sin necesidad de cirugÃa. Además, tiene mayor precisión, porque un robot bien programado comete menos errores que los humanos", me explicó Shoham. 6. Los maestros dejarán de impartir conocimientos Mi entrevista televisa en CNN en Español con el Profesor Einstein -el pequeño robot humanoide de cabellos blancos, bigotes espesos tipo morsa y los rasgos inconfundibles del Nobel de fÃsica Albert Einstein— difÃcilmente hubiera podido salir peor. Era el primer dÃa en que Hanson Robotics, la compañÃa que inventó el robot, iniciaba la gira promocional de su nuevo producto, tras haber conseguido una licencia de cinco años de la Universidad Hebrea de Jerusalén para usar el apellido del célebre cientÃfico alemán. Según Hanson Robotics, el Profesor Einstein era el primero de muchos robots que revolucionarÃan la educación mundial, enseñando a los estudiantes de una manera mucho más divertida, didáctica y eficaz que la de los maestros convencionales. Cuando vi al Profesor Einstein en la pantalla —yo estaba en los estudios de CNN en Miami y él en los estudios de la cadena en Nueva York—, me pareció muy divertido. Era un robot de unos 35 centÃmetros de alto que, además de tener el aire de profesor distraÃdo o genio loco de Einstein, movÃa los ojitos hacia todos lados, se reÃa y hasta sacaba la lengua. PodÃa hacer hasta 50 movimientos faciales y también caminaba. Estaba parado sobre una mesa, delante de Andy Rifkin, el jefe de tecnologÃa de Hanson Robotics. Antes del programa, habÃamos acordado que yo le harÃa las preguntas a Rifkin y él se las transmitirÃa al Profesor Einstein, ya que —por su sistema de reconocimiento de voz— corrÃamos el riesgo de que el robot no entendiera mi voz. Según nos habÃa explicado Rifkin, el Profesor Einstein sólo podÃa reconocer voces conocidas, como la suya. Rifkin comenzó el reportaje explicando las ventajas de su robot. El Profesor Einstein puede explicar la teorÃa de la relatividad de varias formas, según las fortalezas y debilidades de cada alumno, me dijo. "Todos los individuos somos únicos: algunos aprendemos visualmente y otros perceptivamente. Asà que nosotros modificamos constantemente la forma de presentarte los temas según tu forma personal de aprendizaje. Si el Profesor Einstein no logra que entiendas lo que te explica, seguirá intentando y cambiando la forma de presentarte la información hasta que la entiendas", explicó. Pero la entrevista se complicó en cuestión de segundos. Apenas Rifkin habÃa empezado a explicar las bondades del robot, el Profesor Einstein empezó a girar la cabeza hacia un lado y el otro, en lugar de quedarse quieto mirando la cámara. Visiblemente inquieto, Rifkin comenzó a teclear su laptop para tratar de regresar al Profesor Einstein a su posición original mirando hacia la cámara. Pero el robot seguÃa mirando fijamente hacia un costado, como si estuviera totalmente desinteresado en la entrevista. Viendo lo que estaba pasando, empecé a alargar mis preguntas para darle más tiempo a Rifkin de que enderezara al robot, y finalmente le pedà que le preguntara al Profesor Einstein qué cosas podÃa hacer. Rifkin le hizo la pregunta y el Profesor Einstein, siempre mirando hacia el costado, respondió con leve acento robótico: "Puedo caminar, hablar, enseñar juegos, pronosticar el tiempo y responder preguntas de todo tipo sobre las ciencias". Y prosiguió, con un toque de humor que se perdió un poco al no estar mirando hacia la cámara: "En suma, soy tu genio personal, o por lo menos eso es lo que dice mi caja de empaque". Cuando le hice la segunda pregunta a través de su creador, el robot se quedó mudo. Pasaron varios segundos y el Profesor Einstein no reaccionaba. Rifkin, quien parecÃa más asustado que su robot, volvió a hacerle la pregunta, pero éste seguÃa de perfil, ahora también mudo, impávido, como ensimismado en sus pensamientos. Tras varios intentos fallidos, Rifkin explicó al aire que probablemente el robot habÃa enmudecido porque el wifi del estudio de CNN se habÃa caÃdo. Le dije en tono de broma que el Profesor Einstein quizá tenÃa pánico escénico por ser su primer dÃa de entrevistas televisivas, y fuimos a un corte publicitario. Después de varios intentos logramos resucitar al robot y que nos contara un poco más sobre las cosas que era capaz de hacer. Aunque el debut televisivo del Profesor Einstein dejó mucho que desear, salà de la entrevista convencido de que los robots educativos y otras máquinas inteligentes se propagarán en las aulas y en los hogares. Aunque no desplazarán a la mayorÃa de los docentes, reemplazarán varias de sus funciones actuales. Los robots tendrán varias cualidades de un maestro ideal: serán tutores con una paciencia ilimitada que nunca se cansarán de oÃr las preguntas de sus alumnos, tendrán la capacidad de explicar sus lecciones según la mejor forma de aprender de cada alumno y estarán disponibles las 24 horas en cualquier lugar. Además, podrán medir el progreso de sus estudiantes con sensores que detectarán el nivel de comprensión de los niños por variaciones en su tono de voz o por el tamaño de sus pupilas, sin necesidad de aplicarles exámenes continuamente. Podrán hacer que la enseñanza se parezca cada vez más a un juego y cada vez menos a una tortura. Por todo eso, obligarán a reinventar el oficio de los maestros y profesores. Hasta ahora, los maestros "enseñaban" a los estudiantes, o sea, impartÃan sus conocimientos. Pero desde que el buscador de Google, YouTube, Siri y otros asistentes virtuales comenzaron a responder nuestras preguntas, el papel del docente como transmisor de conocimiento ha quedado rebasado. Cualquier buscador de internet tiene muchÃsimos más conocimientos almacenados y puede transmitirlos más rápidamente y con más tiempo y paciencia. El robot no se impacienta cuando un alumno se va por la tangente con una seguidilla de preguntas sobre algún tema. "Cuando los niños encuentran algo interesante, los maestros muchas veces no tienen el tiempo necesario para explicar, mientras que el Profesor Einstein sà lo tiene", me dijo Rifkin. "Podemos preguntarle cosas continuamente y adentrarnos cada vez más en cada tema. Podemos preguntarle qué es un dumpling —la masa hervida rellena tÃpica de la comida china— y el Profesor Einstein contestará que 'es una comida hecha con masa, agua, vegetales y carne'. Entonces podemos preguntarle: '¿Y qué es masa?'. Y él responderá que 'es un alimento hecho con harina y agua'. Acto seguido podemos preguntar: '¿Y de dónde viene la harina?', y asà sucesivamente." Sin embargo, la mayor ventaja del Profesor Einstein —ya que cualquier asistente virtual puede contestar nuestras preguntas— es que puede ayudar a los estudiantes a resolver problemas desde varios ángulos. Si no entendemos una explicación de una forma, el robot nos la entrega de otra, hasta que la entendamos. El robot puede vernos y escuchar lo que le decimos, detectar por nuestra voz si no entendimos bien un planteamiento y buscar la mejor forma de enseñarnos según nos resulte más fácil aprender, de manera visual, auditiva, con humor o con juegos. Para quienes aprenden mejor de forma visual, por ejemplo, el Profesor Einstein puede levantar la mano e indicar con su dedito Ãndice la pantalla de una laptop, donde aparece la explicación ilustrada de la lección. Y si aprendemos mejor de forma auditiva, nos puede contar un cuento. (Infobae) |