17-06-2018
"Escenarios del periodismo: de la grieta a la guerrilla"
Por Eduardo Capdevila (*)  @educapdevila

Un nuevo Día del Periodista con mucho para pensar y poco para festejar. El empoderamiento conceptual asignado a los comunicadores sociales como "formadores de opinión" o "generadores de agenda" está en crisis; cada vez menos personas se informan por los medios tradicionales y los digitales están obligados a reinventarse para no desaparecer. El fenómeno afecta a los peces gordos de arriba con espaldas de grupos económicos y sume a los de abajo en una jungla de buscadores de pauta, malabaristas de gacetilla y operadores.

Hace pocos años el Grupo Clarín decía hasta en los inodoros de Constitución "el gobierno quieren hacer desaparecer Canal 13, TN y Mitre". No pasó. Después se dio vuelta la taba. Del otro lado dijeron "el gobierno quiere callar las voces opositoras". Y esto sí pasó en gran parte.

¿Cómo ocurrió todo en tan poco tiempo? Muchos medios llamados alternativos nacieron al calor de toneladas de pauta oficial, contratos públicos millonarios o fruto de defraudaciones al Estado derivando plata de impuestos. Y conformaron un coro, con algunas disonancias por cierto, de la llamada resistencia nacional y popular, signada por contenidos que solían unir el latinoamericanismo con el barrio. Al llegar el nuevo gobierno cortó los contratos, las pautas, las productoras, los subsidios y la mar en coche; y de forma aleccionadora fueron presos algunos empresarios.

Pero la plata no desaparece. Se va a otro lado. Entonces, con el supuesto "relato nacional y popular" caído recuperaron terreno los conglomerados de medios tradicionales, con su pátina de asepsia y transparencia sobre las noticias; que tampoco estaban famélicos, pero su voracidad es como el deseo freudiano, sin límites. Atrás quedaron producciones regionales, locales y de identidades postergadas. En el medio hubo una ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sostenida por 30 años de lucha, que fijaba un reparto equitativo de licencias y velaba por la comunicación como derecho; fue derogada por un gobierno que priorizó los perjuicios de la norma a un grupo por sobre los beneficios a otros. El resultado fue más concentración en pocas manos. En fin, como canta Ismael Serrano, "toda felicidad deja algún damnificado". El problema es cuando las víctimas son siempre las mismas.

Los dos períodos mencionados llevaron además la grieta social y política a los medios de comunicación. Los nacionales y populares latinoamericanistas versus los golpistas liberales.  Así nació el periodismo de periodistas y el panelismo sabelotodo como menú ejecutivo de todos los canales de televisión. Y surgió el relativismo de la verdad para abocarse al estudio de los mensajeros sobre el mensaje. Ni siquiera la teoría de la pos verdad rige en un país donde hasta la muerte se pone en duda, los suicidios son homicidios y hay prisión sin condena.

Hay un denominador común en el abordaje y comprensión de la política al periodismo en ambos períodos mencionados. Se lo concibe como instrumento funcional, por lo cual el tamaño del aparato comunicacional es proporcional a cierta eficacia de fines de un proyecto. El sueño del multimedios propio desvela a la clase política y a empresarios ligados a ella.

Este último punto, sumado a la obsesión por relativizar hasta la muerte viniendo de quién la informe, pone en evidencia que la labor periodística local está atravesada preeminentemente por dos dimensiones: una conceptual analítica y otra política. Y eso tiene su correlato en lo académico; las facultades de periodismo han profundizado en la currícula aspectos teóricos conceptuales y de análisis político de los procesos comunicacionales que atraviesan a la sociedad, para formar no sólo periodistas sino profesionales de la comunicación, el análisis y la planificación institucional y organizacional.

La dimensión política del periodismo lo ubica como actor de relaciones de fuerza que configuran un discurso y a través de él se generan o postergan cambios sociales. La dimensión conceptual en la profundidad del análisis de discursos, la semiótica aplicada a las herramientas y las implicancias en el marco de estructuras sociales.

Todo reduccionismo tiene sus consecuencias. Consumimos décadas de análisis, militancia y verborragia al trabajo sobre políticas comunicacionales; discusiones que en otros sitios del planeta ya han sido saldadas. Y esto dejó en un segundo plano la dimensión tecnológica.

En el país los medios e instituciones de formación de periodistas siguen promocionando como novedad la "Comunicación 2.0" aplicada a las organizaciones. Armar web, blog, canales de Youtube, etc; se quedaron en el colaborativismo sobre la red y el pasaje de consumidor a usuario-productor. 

Por ejemplo, en Europa las instituciones y medios ya trabajan en estrategias 3.0, de comunicacional inteligente relacional por big data. Por mencionar algunas intervenciones, producción de contenidos por aplicaciones; producción por geolocalización; gestión de bases de datos para elaboración de contenidos; desarrollo de programaciones específicas para indexación con motores de búsqueda.

El denominado periodismo 3.0 es un importante generador de salidas laborales, al calor de las especificidades y competencias requeridas. Arquitecto de información web; analista beb; blogger: community manager; digital Manager; Dircom; gestor de big data; responsable de reputación online; Social Media Strategist.

Algunas de las diversificaciones de trabajo pueden ser excesivas o duplicar tareas pero la mayoría son fruto del avance tecnológico y las implicancias en los medios. Ponen de manifiesto que hoy no se puede planificar medios sin por lo menos atender estas cuestiones.

Las estadísticas muestran que la mayoría de la sociedad no se informa por medios de comunicación convencionales y sus extensiones digitales. El principal generador de contenidos es Facebook. Los multimedios generan agenda de consumo de noticias y pero quienes las consumen las decodifican, generan intervenciones y las resignifican en nuevos productos.

Ya no alcanza con quién tiene más medios. Hay veces en las que las nuevas tecnologías rompen cercos mediáticos. Un ejemplo de esto ocurrió con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El tuit acusando a Macri de Machirulo fue el de mayor alcance en español; en pocas horas alcanzó 2,8 millones y 1,6 millones en Facebook. El video del discurso de la ex mandataria espetando las mentiras del gobierno a Gabriela Michetti tuvo 800.000 reproducciones en la fan page de Facebook y fue compartido por 30.000 personas en pocas horas. Pasado un día del discurso total tuvo 700.000 visitas en Youtube y en el Facebook de Unidad Ciudadana 1,6 millones de reproducciones. Todo esto, sin tener en cuenta la viralización en teléfonos celulares de contenidos audiovisuales, sonoros y memes que amplificaron lo ocurrido.

La gestión colaborativa experimental sobre plataformas y aplicaciones para crear nuevas redes de comunicación alternativa y grupos no cambian un escenario de concentración mediática. Pero devuelve la actividad periodística a un escenario cuasi de guerrilla comunicacional y foquismo periodístico. Sin renunciar a aspectos conceptuales y cuestiones políticas de los medios de comunicación, avanzan las nuevas formas de periodismo.

(*) Por Eduardo Capdevila, exclusivo para Cadena BA. 7 de junio de 2018.

Licenciado en Comunicación Social; profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP