18-12-2018
"La Mesa y el Celular"
Por Dardo Pereira @juanba2406
Como en el genial Cambalache de Enrique Santos Discepolo,  cuando hablaba de esa mixtura sociológica incomprensible de tratar de juntar"la Biblia junto al calefón", como si fueran dos representantes de mundos diferentes,mensajeros de los momentos idos el uno,y de los por venir el otro, como ejes centrales del pasado que se va y del futuro que siempre esta llegando, encontramos a la mesa y al celular. Tan juntos pero tan distantes.Tan cerca pero tan lejos.

Se trata de dos objetos enfrentados por la realidad de una sociedad que no se detiene a contemplar nada,  en la cual todo es vértigo y "modernidad liquida" que fluye.Donde el tiempo circula imparable  como agua que se escurre entre nuestros dedos.  

Estos dos objetos representantes  de sociedades distintas, ejemplifican con su sola presencia  dos épocas, dos mundos, dos concepciones, dos realidades y
dos culturas enfrentadas.   
 
La mesa marco la iniciación de un ritual y de una sociedad que se constituyó alrededor de un pilar fundamental de la creencia judeocristiana: la familia. La mesa de Jesús, con sus dos ofrendas fundamentales el pan y el vino, eran un símbolo de una comunión donde todos participaban.

Era por ende la mesa, un emblema de la conformación de la  familia tradicional, que fue la estructura social básica que influía para el buen comportamiento o desequilibrio de las sociedades. En ella  uno aprendió derechos y supo que tiene también obligaciones. Su función fue trasmitir a los integrantes valores y costumbres.Con ella aprendimos a pensar, a respetar bienes y venerar a nuestra cultura. Diversas funciones educativas, culturales y morales,  tuvieron su origen en la familia. 

Esa familia, de estirpe italiana,unida alrededor de una mesa,posibilitó generar una sociedad donde la unión entre sus miembros en los diferentes momentos del día, dados por las diversas comidas, permitía el diálogo, el encuentro entre sus integrantes y la posibilidad desde allí de conocer y saber algo más delos otros miembros de la comunidad.Así la mesa familiar conoció  gustos, miedos, alegrías y tristezas,de sus integrantes, aunque no siempre fuera el lugar adecuado para resolverlas.  

El reto, el llamado al orden, así como el diálogo, eran pilares de otros tiempos y la contención de los más débiles del grupo, era su resultante final. Había que enderezar lo que estaba torcido, o por torcerse,  y en la mesa sucedía eso.

La sociedad de consumo venció la predicción de Karl Marx, por la cual los proletarios desamparados, "el ejercito de reserva", realizaría la gran revolución social, y lo que surgió de esa gigantesca derrota, que nuestra izquierda obsoleta y vetusta aun no quiere ver,  es otra sociedad donde la mesa familiar fue remplazada paulatinamente por la de cualquier bar de la esquina.  

Los ritos habituales de los encuentros mencionados alrededor de la mesa familiar, fueron desplazados por los horarios de los comercios y servicios que comenzaban a las 9 o 10 de la mañana y se extendían hasta las primeras sombras de la noche,imponiendo  esta nueva disciplina horaria en las grandes urbes.

El almuerzo con seres distantes,se convirtió en un evento más del escenario de la sociedad de consumo. La jornada concluye con una cena al comienzo del crepúsculo en cualquier resto de moda. 

Luego la llegada a casa, la soledad, y el encierro, comienzan a convertirse en símbolos de una sociedad en transición, ahora con la aparición del objeto icono de los tiempos que corren: el celular.

La sociedad de consumo marco con tintura indeleble el fin de la familia tradicional. En el medio de este desbarajuste, una infinidad de nuevas familias rotas,uniparentales, reconstituidas, ensambladas, con hijos repartidos por doquier,cual si fueran cargas no deseadas,que quedan en manos de personas desconocidas, o abuelos ahora también sin tiempo, que comienzan además a aferrarse al celular. 

Acá, en este contexto van creciendo los niños, sin estar al tanto de los valores tradicionales del respeto, del valor de la palabra, del orden, de sus derechos y sobre todo de sus obligaciones, porque hay una sociedad que ya no los contiene.

El celular, si bien cambio el eje de la conformación de la información, y esto es para bien, ya que aumentó la participación ciudadana, sumo aunque parezca una paradoja,un aislamiento del individuo. Cuando más conectado está el individuo, mas solo está en su interior. 

Es común ver entorno a una mesa, a una familia, a un grupo de amigos, a un conjunto de personas esperando los pedidos y todos ellos aferrados sus celulares, como si algo importantísimo estuviera por ocurrir y ellos fueran los protagonistas. El dialogo entre pares: "Bien, gracias".

El ser humano en este nuevo formato social está solo de una soledad absoluta, buscando en su computadora telefónica, ya que lo menos que utiliza de la misma es el teléfono, un contacto un watsap, un Messenger, un like que lo haga feliz, sin darse cuenta que la verdadera felicidad y la contención además de otros valores formativos,  los aportaba la familia. 

El certificado de defunción de la familia, tal cual la conocimos alrededor de una mesa,nos anuncia que los nuevos tiempos han cambiado la sociedad y sus valores.La sociedad de consumo marcha inexorablemente hacia un individualismo solitario, en contacto aparente con los "amigos" de la nube,  que solamente harán su aparición virtual para sacarle una sonrisa detrás de un like o un me gusta, pero jamás aparecerán cuando realmente uno los requiera.

Dardo Pereira, exclusivo para Cadena BA. Domingo, 14 de marzo de 2018.

Odontólogo. Profesor de Historia. Presidente de la Sociedad Odontológica de La Plata (SOLP). Docente de la Facultad de Odontología de la UCALP. Escritor.