18-10-2018
“El Gobierno de Macri de ‘la derrota en la victoria’”
Por Virginia Gómez  @mavirginiagomez

Lejos y atrás quedó el triunfo electoral de Cambiemos del 22 de octubre. El 18 de diciembre comenzó un nuevo año, del que el Gobierno y el peronismo parecen no tomar nota.

El Gobierno todavía sufre la derrota política que vivió a mediados de diciembre. Incluso, aunque logró que se vote la reforma previsional, contra los jubilados y quienes son beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, no puede recomponerse.

Hasta la prensa gráfica oficialistas publica a diario los índices, elaborados por diversas encuestadoras, que preocupan tanto a Mauricio Macri, como a sus funcionarios. El paquete de leyes que quisieron presentar como la "reforma permanente" para alcanzar "pobreza cero", ya en el primer round de la previsional, significó para el Gobierno un severo desgaste de gestión, incluso sobre sus votantes. Las bajas expectativas económicas y el anuncio de los tarifazos no ayudan a cambiar el sentido de la flecha.

Pero no sólo el golpe del rechazo masivo a la reforma previsional afectó a la figura presidencial. También sufrieron secuelas los gobernadores peronistas; los diputados y senadores que la votaron desprestigiando al parlamento; la desgastada dirigencia sindical que no estuvo al frente del masivo rechazo y de la movilización; las fuerzas represivas que atacaron a trabajadores, jóvenes y jubilados que protestaban; entre otros.

La campaña posterior, de los grandes medios de comunicación, que intentaba demonizar a los manifestantes (igualando la violencia estatal al servicio de una medida antipopular con la legítima expresión de repudio del pueblo en las calles que se siente perjudicado), estuvo al servicio de querer tapar la derrota política del gobierno a pesar del magro triunfo parlamentario. Atrás quedó la victoria electoral, como primera minoría nacional.

El 18 de diciembre se viralizaron las fotos de la nueva conflictividad. Pero estas fueron sólo el inicio de una película que ya se proyecta en enero. La imagen se repite, con sus particularidades, en las luchas de los estatales de La Plata o Quilmes, en la de los obreros de Fabricaciones Militares de Azul, en fábricas metalúrgicas como Stockl en la zona sur del Gran Buenos Aires, Envases del Plata de Morón y Rapistand de La Matanza, en la plástica Boop en Campana, en los trabajadores de la salud del Hospital Posadas, con los mineros de Río Turbio, los pilotos de LAN que amenazan con protagonizar el mismo recorrido, los azucareros del Ingenio La Esperanza en Jujuy, entre otros.

Paralelamente a este novedoso proceso entre los trabajadores, el Gobierno a través del partido judicial, respondió con una embestida contra la desprestigiada dirigencia sindical peronista. Un golpe preventivo, al mismo tiempo que anunció que la reforma laboral no se tratará en sesiones extraordinarias del parlamento en el mes de febrero.

Como es sabido, Argentina es uno de los países con mayor sindicalización de América Latina. Poderosas herramientas de lucha de los trabajadores, que se encuentran estatizadas, y dirigidas por una casta separada de su clase, más parecida al empresariado que tendría que enfrentar, que a sus supuestos representados.

El Gobierno juega con fuego. Porque ataca por arriba a la dirigencia tradicional, vetusta, desprestigiada y conservadora; mientras por abajo emerge, a su ritmo, una nueva experiencia de los trabajadores que puede llevar a una ruptura con sus representantes, tantos políticos como sindicales, en un país con tradición clasista y peso de la izquierda radical.

Los dirigentes históricos de los sindicatos, en palabras del propio Juan Carlos Schmid del Triunvirato de la CGT, temen ser superados por las bases.

En la reciente entrevista brindada a la Revista Crisis, titulada "Después de la calma chicha", Schmid cuenta que le dijo a sus pares de la frágil sima: "Ahora muchachos, tenemos que ser firmes porque si no la crisis nos lleva puestos a nosotros también". Aunque, por el momento, lejos están de ponerse al frente de las luchas que se desarrollan, que serán preparatorias del intento del Gobierno de tratar la reforma laboral, y de la firma de paritarias a la baja (del 15%) que pretenden.

Entre tanto, el peronismo bonaerense, al igual que el sindicalismo burocrático y conciliador, lejos está de mostrar una alternativa real frente al conjunto de reformas antipopulares, que se combinan con la embestida del gobierno a los trabajadores estatales y de las patronales suspendiendo, despidiendo y no pagando salarios. Aprovechan sus vacaciones en los balnearios del partido de La Costa, para posar de reunión en reunión, de foto en foto, con los hasta hace poco llamado traidores y desertores, en busca de un "gran frente electoral para el 2019", como anunció Insaurralde en la entrevista concedida a La Nación. 

El Gobierno con su plan de ajuste, y el peronismo fiel a su rol de partido de la contención, entonces, incurren en un mismo error. Preparan el 2019, sin tomar profunda nota de que el 2018 comenzó el 14 y 18 de diciembre.  

 Virginia Gómez. Exclusivo para Cadena BA. 20/01/2018

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Docente. Staff de "La Izquierda Diario"