25-09-2018
"La violencia como paradigma del atraso cultural"
Por Emilio Rodríguez Ascurra (*) @emiascurra

Estas últimas semanas los argentinos hemos sido testigos de hechos de violencia que nos recordaron que el gran mal que nos aqueja es la violencia, la acción de los violentos que nos atemoriza y no permite que avancemos hacia el cambio cultural que necesitamos como sociedad.

Podríamos enumerar muchos tipos de violencia, pero particularmente nos detendremos en tres que se evidenciaron más claramente. La primera es la de los antirrepublicanos que descreen del normal funcionamiento de las instituciones y entre ellas la de la democracia por la que el pueblo elige a sus representantes y trasladan a ellos la tarea de trabajar en post de leyes justas, sin embargo no pocos han desconocido la responsabilidad con la que el pueblo los ha premiado y optaron por dejar la discusión positiva para hacer uso de la propia insensatez.

La segunda es la violencia verbal con la que sin fundamentos se intentó llevar la discusión hacia otros focos en lugar de atenerse a la cuestión del momento que por cierto no era menos, como lo era la Reforma Previsional entre otras, prefirieron la diatriba de tribuna y de pancarta, de manera especial la ejercida por el "trotskismo nostálgico" y los "piantavotos reciclados".

La tercera, y tal vez la más preocupante, ha sido la violencia de utilizar a los débiles a la que nos tienen acostumbrados algunos sectores políticos, a los pobres por un lado a quienes se los sigue usando para defender intereses mezquinos entre los que se halla el no reconocerles su propia dignidad para poder seguir aceitando la máquina de la pobreza en la que transformaron a grandes espacios de la provincia de Buenos Aires durante décadas pasadas, en un plan claramente premeditado. Pero también los débiles por su juventud, quienes desconociendo el pasado fácilmente "abrazan una causa" que no les es propia, nadie puede apropiarse de lo que le es ajeno material o intelectualmente.

Se ejerce violencia al aprovecharse de generaciones que no han visto a sus padres trabajar, cuya integridad personal se ha visto vulnerada, al tiempo que es violento todo tipo de adoctrinamiento en tiempos de  libertad de expresión y de caída de los relatos; los dogmatismos de cualquier tipo son escuelas de manual que no sirven al reconocimiento de los problemas reales y a la búsqueda de soluciones concretas y consensuadas.

Muchas generaciones lucharon a lo largo de la historia nacional reciente por el advenimiento y consolidación de la democracia para la que la violencia nunca es el camino que sigue al diálogo sino la piedra que lo impide, hoy quienes somos hijos de la democracia tenemos la enorme responsabilidad de fortalecer las instituciones y consolidar su funcionamiento para poder garantizar que estos hechos sean parte de un pasado al que no queremos volver y nos encuentre trabajando juntos en la defensa de verdaderos intereses como el reconocimiento de los derechos humanos desde políticas de estado concretas. Ese es el gran cambio cultural del que Argentina adolece y que solo se construye con diálogo y concordia.

(*) Emilio Rodríguez Ascurra, exclusivo para Cadena BA. 27 de diciembre de 2017

Licenciado en Filosofía. Profesor UDE / UCALP