17-12-2017
"ARA San Juan: 'El duelo social y la corrupción'"
Por Emilio Rodríguez Ascurra (*) @emiascurra

En oportunidades la historia hace que lo que parece un proceso de duelo personal y privado se vuelva social y, por tanto, colectivo. Casi como un proceso de duelo de adaptación a una pérdida los argentinos hemos sido espectadores a lo largo de 15 días de la búsqueda y rescate de la tripulación del submarino ARA San Juan, concluida ayer al pasar a la etapa de búsqueda de la nave asumiendo que las probabilidades de encontrar a nuestros compatriotas con vida será como ese "instante eterno" del que habla Alfredo Capellá en su homónima obra.

Una vez más nos ha tocado ser partícipes de un duelo social por el que atraviesan las comunidades ante las tragedias que nos movilizan y mantienen expectantes ante cualquier novedad, atravesando las diversas etapas, la de negación al poner toda nuestra energía en la búsqueda y rescate del submarino y sus tripulantes, de ira al buscar a un responsable inmediato ante lo irreversible de la situación, de negociación con uno mismo y con los otros, de dolor emocional como la que hemos sentido cuando se nos dijo que había acontecido un ruido compatible con el de una explosión, y finalmente la etapa de aceptación al asumir que frente a lo irreversible de la situación debemos aprender a vivir con ella.

Sin embargo, y aun cuando debamos aceptar que las cosas son así y no de otro modo, una pregunta sigue latente y es ¿por qué?, la pérdida de nuestros compatriotas aun no encuentra respuesta: no estamos en guerra, no sucedió en el marco de ejercicios militares ni por explosiones nucleares; no llegamos a entender el por qué más profundo de esta pregunta, el que le da sentido a la muerte de 44 compatriotas que cumplían noblemente con su deber, y que como dice Hannah Arendt en su obra "La crisis de la cultura", una forma de pasar a la inmortalidad es realizando acciones heroicas, como resulta de estos 43 hombres y 1 mujer que protegían nuestra plataforma marina.

La herida sigue abierta, el dolor social se ha convertido en un triste condimento más de nuestra sociedad porque la desidia, la falta de respuestas y la corrupción, inclusive en este caso en el que tal como publicaba La Nación el pasado domingo una auditoría habría detectado irregularidades en la reparación de media vida del submarino realizada entre 2008 y 2011, acompañan esta y otras tragedias ante las que aun cuando en algunas halla presuntos responsables presos no termina de cerrarnos lo profundo de la cuestión.

Cabe preguntarnos ¿hasta cuándo los argentinos vamos a tolerar vivir en el engaño y la mentira?; ¿hasta cuándo vamos a tolerar que a la tragedia de LAPA, le siga Cromagnon, el Tren Sarmiento y ahora la de los submarinistas?; ¿podemos acostumbrarnos a vivir así como si nada hubiese sucedido?; ¿estamos dispuestos a convivir con la corrupción del pasado que es responsable de estas y otras tantas muertes?; ¿podrán descansar en paz nuestros muertos mientras la justicia lentifica procesos para evitar pagar costos políticos?

Muchos no estamos dispuestos a negociar con la muerte de compatriotas, tampoco nos resulta grato ver que los presidentes en ejercicio cuando los dos atentados terroristas en nuestro país y cuando la tragedia del Sarmiento y la reparación del submarino, juraron por Dios y la Patria para ocupar un cargo en el Senado de la Nación un día antes, todo un gesto de impunidad y de triste ironía que pasará a la historia.

A los 44 compatriotas del submarino ARA San Juan mi reconocimiento, admiración y profundo homenaje. A sus familiares mi cercanía y compromiso en buscar verdad y justicia para darles como sociedad la respuesta que merecen. 

(*) Emilio Rodríguez Ascurra, exclusivo para Cadena BA. 1º de diciembre de 2017

Licenciado en Filosofía. Profesor UDE / UCALP. Investigador




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