15-08-2018
En la Provincia "en una semana, dos hechos con potencial para cambiar la política"
Por Andrés Lavaselli @Lavaselli (Agencia DIB @AgenciaDib)
Que lo que estaba en juego el 22 de octubre era mucho más que el nombre del tercer senador siempre fue una obviedad. Lo que no eran tan evidente es que, en menos de un mes, el resultado electoral produciría dos hechos políticos con potencial para delinear el escenario  de los próximos dos años: la firma del acuerdo por el Fondo del Conurbano y el primer rechazo importante de la estructura territorial peronista a Cristina Kirchner.

"Fue el día más importante de nuestra gestión". La expresión de Hernán Lacunza el jueves, cuando los gobernadores le firmaron a Mauricio Macri el pacto fiscal, es demostrativa de qué significa para un ministro de Economía bonaerense asegurarse, por ley, 105 mil millones de pesos suplementarios para los próximos dos años.  Es menos deuda. O más obras. O las dos cosas juntas.

Para su jefa directa, sin embargo, es otro el significado. Vidal ganó autonomía política, algo que siempre es necesario y que tal vez sea vital cuando llegue el momento, por ahora lejano, de planificar la pelea por la sucesión presidencial en una eventual interna contra el jefe de un distrito rico o contra un delfín con manejo de caja nacional. Por lo pronto, la Gobernadora solidificó la idea de que no es descabellado ir por su objetivo inmediato más ambicioso: el Conurbano.

Dos días antes de transformarse en la gran ganadora del jueves,  la gobernadora consiguió que se apruebe, en noviembre, el presupuesto, la ley de impuestos y el pacto fiscal municipal. Lo hicieron posible legisladores que responden a intendentes que hasta hace un mes eran irreductibles soldados de Cristina, junto a massistas y randazzistas. Un formato legislativo a la medida de Cambiemos: que funcionó sin el kirchnerismo duro,  reducido al rol testimonial. ¿Un anticipo de lo que vendrá?

Otras veces Vidal había logrado avanzar de la mano de la oposición no K. Pero lo que ocurrió ahora en la Legislatura, se da en un contexto nuevo. Tras una derrota electoral que corroe lealtades y desdibuja liderazgos. La pelea por el PJ, que estalló el mismo jueves, lo demuestra: CFK vetó a Gustavo Menéndez como candidato a presidir el partido porque se sacó una foto con Miguel Pichetto. Pero el 90% de los jefes territoriales terminó por encolumnarse tras él.

El éxito de Menéndez -que para presidir el PJ renunció por anticipado a pelear por la Gobernación- tuvo un aliado estratégico: Martín Insaurralde, que venía de sacarse una foto con Vidal que desató rumores. El lomense podría incluso desplazar a Massa como aliado principal. Intenta por eso poner el vice de Diputados,  Federico Otermin. Entre los dos -Menéndez e Insaurralde- abrirán el partido a los excluidos de la era K y a la CGT. Es el paso cambio de la resistencia a la oposición.

Del otro lado, Fernando Espinoza quedó casi solo: ni las amenazas de Máximo Kirchner a los intendentes le aportaron otro apoyo de peso que no sea el de Verónica Magario, una aliada redundante. Sopló allí un aire de venganza: la tríada CFK, La Matanza y La Cámpora fueron la última versión del poder que muchas veces desoyó al resto. La posibilidad de encumbrar a un odiado K como Julio Pereyra a la presidencia del bloque de Diputados lo confirma.

Montada sobre sus votos y la idea de que el programa económico de Cambiemos le dará otra chance,  Cristina se acordó tarde de que el partido le importaba. Y cuando lo hizo, se encontró con la primera señal de que su tránsito pos electoral puede ser más duro de lo que previó.  (DIB)