22-09-2018
"La unidad es un sueño eterno"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino 

¿Cuáles son los grados de poder político y económico que podremos ejercer, según cada escenario posible? No hay otra pregunta legítima para hacerse. El "escenario posible" puede llamarse confrontación, diálogo, alianza, o lo que se quiera imaginar, con o contra el poder político y económico gobernante. El "para qué" es lo que cada organización se proponga como objetivo. Pero la cuestión central es el "cómo", es decir, encontrar la respuesta a la pregunta de inicio. Esta es la principal dificultad para materializar el clamor manifiesto, no sé si sentido, por la "unidad". Porque no hay una única respuesta. Y aun cuando la haya, no habrá una interpretación compartida, en términos políticos, sobre cómo llevarla a la práctica.

No hablo de la unidad del peronismo, dado que no soy peronista y no tengo derecho a hacerlo. El peronismo sabrá qué hacer consigo mismo. Hablo de la unidad del "campo nacional y popular", es decir, la unidad de todos aquellos que nos oponemos al proyecto neoliberal en curso y exitoso. Claro que este "campo nacional y popular" incluye, y como actor fundamental, al peronismo. Pero no se reduce a él. O a ellos: si se busca la unidad del peronismo, es porque hay varios peronismos.

Además de los obstáculos prácticos esbozados líneas arriba, hay también obstáculos ideológicos. Uno de ellos es dejar a un lado -equivocadamente, a mi modo de ver- la confrontación con el sistema capitalista, que es la madre de todos nuestros males. Sólo se ejerce el poder cuando se administran los propios intereses económicos y hay conciencia de clase (dominante), como lo está demostrando el gobierno de Cambiemos.

El Frente para la Victoria no tuvo intenciones de materializarlo durante su gobierno, porque en su matriz ideológica no tiene lugar la lucha de clases, sino la alianza de clases, como la propia Cristina afirmó públicamente varias veces, en escenarios nacionales e internacionales, sin encontrar quien se atreva a contradecirla. El problema es que los sectores concentrados del sistema capitalista y sus empleados políticos saben perfectamente que sólo es viable para ellos la dominación de clase. No necesitan de ninguna alianza, como lo han demostrado siempre y lo siguen demostrando hoy, con el gobierno a su disposición.

Pero convengamos en que no estamos preparados para ello (nunca lo estaremos, si no empezamos a prepararnos) y que sólo podemos contrarrestar este proyecto neoliberal dominante con un proyecto neodesarrollista emergente, que es lo que hoy, con algún que otro matiz diferenciador, proponen todas las organizaciones políticas opositoras, incluso las organizaciones políticas de izquierda.

Aquí nos encontramos con el segundo obstáculo ideológico (quizás más profundo y sólido que el anterior): la neurosis unificadora, alentada por nuestra propensión a la unanimidad, que no es otra cosa que la materialización del tan criticado "pensamiento único", que persiste desde el fondo de los tiempos en nuestra cultura política y contamina por igual a derechas e izquierdas. El discurso de la unidad y la organización, propalado desde aquella impronta cultural, sólo es comprensible si advertimos que cada uno de sus propaladores está pensando al mismo tiempo: "siempre y cuando nuestra orga conduzca y las demás acompañen". Y esto es inevitable.

¿Qué hacer?, se preguntó alguien, alguna vez. En principio, mi única respuesta es aplacar la neurosis unificadora para que cada organización política (pequeña, grande, humeante) haga lo suyo, sabiendo que hay otras también haciendo lo suyo y avanzando hacia el mismo horizonte, encontrándose en todo aquello en que se puedan encontrar. Esto se está haciendo, por supuesto, porque no hay otra salida. El asunto es su matriz ideológica: no lo tenemos que hacer para unificar, sino para articular en la diversidad. Porque con aquella pretendida unificación, corremos el riesgo de entrar en la competencia por la conquista de los otros, como hasta ahora viene ocurriendo, con los resultados a la vista. 

Podemos estar atravesados por la misma indignación y compartir los mismos objetivos, aun en espacios políticos distintos. Una cosa es el proyecto político "hacia afuera" y otra cosa el proyecto político "hacia adentro". Cada organización política tiene sus propias necesidades y expectativas de construcción y rumbo. Coincidir en un proyecto político "hacia afuera" no necesariamente hace confluir a distintos espacios en un solo armado "hacia adentro".

Nada grave, si en los espacios legislativos -y, en su caso, en los espacios ejecutivos-, podemos ser cooperativos. Ello implica también quitarle al resultado electoral su impronta simbólica (victoria y derrota) y avanzar hacia la supremacía de la construcción política colectiva. Creo que en ningún momento dije que es fácil.


(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 3/11/2017

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/