15-08-2018
"¿Quién incomoda al poder, Cristina?"
Por Virginia Gómez  @mavirginiagomez

El miércoles Cristina Fernández brindó otra entrevista personal con la conductora Elizabeth Vernaci en Radio con vos. La ex mandataria se cruzó con el periodista Alejandro Bercovich y le preguntó si era "trotsko". Él aseguró que votaría a Nicolás del Caño, primer candidato a diputado nacional por el Frente de Izquierda. Y Cristina repreguntó si creía que así intimidaba al poder.

La pregunta la hizo la ex mandataria, quien fuera jefa de Estado durante dos mandatos. Periodo donde, basados en el crecimiento a "tasas chinas", el poder real de los empresarios "la levantó en pala". En lo que respecta a la deuda fraudulenta, lejos de suspender los pagos, los mismos "se ha hecho rigurosamente sin pedir al mercado de capitales, con recursos de los argentinos", como ella misma aseguró.

El propio Jorge Asís, que está lejos de los análisis de la izquierda, en su programa "Emergencia Intelectual", sostuvo que el modelo del kirchnerismo benefició al empresariado local, mientras subsistió un modelo económico basado en la propiedad extranjera y en la fuga de capitales.

No olvidemos que hablamos de los empresarios que no fueron enjuiciados por perpetrar un genocidio en la última dictadura, en su propio beneficio y del capital extranjero. Hoy conforman el gobierno de los CEOs.

Este poder real, que se enriqueció con la flexibilización y precarización laboral que asentó el neoliberalismo, no vivió un cambio de ritmo en la última década. Se benefició a costas del pueblo trabajador. Mientras, a su vez, hacían (y hacen) negocios con el Estado, como parte de la "Patria Contratista", que sostienen los funcionarios políticos de todos los gobiernos, que utilizan la función pública para enriquecerse, con complicidad y connivencia del poder judicial y las policías bravas.

Dichas fuerzas de "seguridad", controlan el gran delito, pero que sobre todo no dudaron en realizar un genocidio cuando los empresarios y el imperialismo se lo pidieron. Luego, fueron parte de desaparecer a Julio López cuando éste los ponía nuevamente en evidencia.

A otra escala, pero con igual contenido de clase, reprimieron a los pueblos originarios en favor de los intereses de los Benetton, hoy a los mapuches, ayer a los QOM, y desapareció Santiago Maldonado, entre decenas de miembros de sus comunidades.

Pero el poder político, se apoya también en las burocracias sindicales estatizadas, columna vertebral del peronismo, que jugaron (y juegan) el rol de contener y disciplinar a los trabajadores. Hoy Cambiemos, utiliza la herencia de la estatización de los sindicatos y su disciplinamiento via prebendas, para mantenerlos en la larga tregua. Mientras que durante el kirchnerismo, apostaron a que no se desarrollaran los "eslabones débiles" dentro de las organizaciones de trabajadores: comisiones internas combativas y antiburocráticas que en algunos casos retomaban la experiencia clasista de los años '70, y que también enfrentaron al poder del Estado durante la década kirchneristas, donde los empresarios hacían sus planes movidos por la sed de ganancia. 

Pero dentro del régimen político, en la era de las sociedades mediatizadas, los medios de comunicación masivos y hegemónicos, también juegan su rol. Denominados el "cuarto poder", es el de los más despótico, porque el pueblo trabajador ni los elige ni revoca, se basan en la libertad de empresa, anulan la libertad de prensa y construyen una realidad ajustada a sus intereses políticos, económicos y culturales. Ayer se concentraron, hoy trabajan todos para el gobierno.

El kirchnerismo primero benefició la concentración de medios, avalando la fusión de Cablevisión y Multicanal. Con la crisis del campo en 2008, la alianza alrededor de los "negocios comunes" se rompió. La tan festejada ley de medios no le hizo ni cosquillas, y detrás de los show políticos que destilaban enfrentamientos, nunca se atacó el poder real, la base material de su poder, la propiedad de cuantiosos medios. Hoy vemos las consecuencias.

Cristina, hablemos de poder, pero no ficticio, sino real. Una verdadera evaluación del carácter del kirchnerismo, y del ahora cristinismo, nos lleva a buscar con lupa y sin éxito la intimidación al poder, cuando no sólo no se han tocado sus bases materiales e intereses económicos, sino incluso se ha gobernado para ellos. Parafraseando a Jean Paul Sartre, no hay que confundir el desencanto, con la verdad.

Frente al escenario electoral del domingo 22 de octubre, para quienes realmente pretenden intimidar al poder, hay una sóla opción. Fortalecer una lista que esté dispuesta a darle fuerza y forma a la voluntad de los trabajadores y jóvenes de enfrentar el ajuste, a quienes defienden la independencia política. Una lista y candidatos que no prometen nada, y que ya en las PASO han conquistado un millón de apoyos a nivel nacional y está cerca de conquistar diputados.

Pero de fondo, detrás del reparto de bancas, lo que está en debate, es cómo fortalecer una alternativa superadora ante lo que posiblemente sea la derrota de Cristina el próximo 22 de agosto. El posible resultado reabrirá el balance sobre qué poder tuvo el kirchnerismo, cuáles fueron los límites dentro del manejo del poder estatal, y cómo sólo se puede intimidar al mismo, desde la organización del gigante que aunque parezca por momentos dormido, sólo está contenido por las burocracias políticas y el poder coercitivo del Estado. No se puede ser juez y parte. La alternativa para sentar las bases de otra sociedad superior, enfrentando primero al poder, no se encuentra en las arenas del propio Estado que lo sostiene

Virginia Gómez. Exclusivo para Cadena BA. 12/10/2017

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Docente. Staff de "La Izquierda Diario"