15-08-2018
"Toma de colegios: La solución es la libertad educativa"
Por Belen Marty @belenmarty

Ya corrieron varios mares de tintas hablando de las tomas de colegios y de la reforma educativa apoyada desde el mismísimo Jefe de Gobierno Horacio Larreta. Algunos apoyando esta medida por parte de los estudiantes y otros, visceralmente en contra de esta acción, considerándola una usurpación y un delito penal.

¿Quién está de acuerdo? En primer lugar, tengo que destacar la sorpresiva falta de información y difusión que se le dio de parte del oficialismo a esta reforma educativa. Todos hablan y nadie sabe bien de qué se trata esta innovación al sistema educativo actual.

En segundo lugar, hay que diferenciar la reforma en sí de las tomas de los estudiantes en algunos colegios de la capital. Hoy, no tenemos dudas del paupérrimo nivel del secundario. Tenemos uno de los mayores ingresos a la universidad luego del secundario pero un bajísimo nivel de graduados. El CBC es una muestra de la necesidad de nivel a los egresados de los colegios privados y las escuelas públicas para subsanar, de alguna manera el déficit educativo de estos últimos.

Tercero, las tomas no son una manera válida de reaccionar antes una inconformidad. Tal como mencionó Jorge Lanata en su programa, los chicos "no están pidiendo que se los escuche, están pidiendo que se los obedezca". Sería muy naif no tener en cuenta también que aquellos que manejan y administran los centros de estudiantes "rebeldes"están siendo manipulados por adultos, militantes y políticos de ciertos oscuros sectores de la izquierda que buscar imponer su agenda a costa del futuro de los chicos.

Uno de los puntos más polémicos de la reforma educativa planteada para 2018 sostiene que el 50% del tiempo escolar estará enfocado a los aprendizajes en empresas y otras instituciones. Los estudiantes auguran que esto los expondrá a menos tiempos de estudio y califican esta oportunidad como forma de precarización laboral.

Antes esto, son varios los colegios que permanecen tomados por estudiantes (o quizás ni eso, solo jóvenes). Algunos realizan Asambleas, pero se sabe que los encargados de llevar a cabo las tomas son aproximadamente solo el 20% del alumnado. El resto, o le es indiferente o le gustaría que vuelva todo a la normalidad.

Sobre las tomas se manifestó el ministro Garabano: "Es una ilegalidad, algo que repudio. Hay otras maneras de manifestar una protesta y generar caminos de diálogo. La toma de los alumnos, la pérdida de días de clases, no es el camino, porque perjudica a miles de compañeros".

En mis épocas del secundario estaban aquellos que se iban a fumar (cigarrillos y otras hierbas) a la plaza, mientras otros se disponían a terminar la tarea, a pensar en algún emprendimiento o se las pasaban practicando deportes. Por ello, como solución urgente a este conflicto, estimo que las pasantías deberían ser voluntarias. Así, cada uno puede decidir sobre su futuro: si prefiere el esfuerzo de aprender un oficio o una profesión o el camino de la vagancia y la aceptación.

Los vouchers educativos y la libertad de curricula. Sin embargo, la única solución posible para evitar que les impongan educación religiosa a no creyentes (como el caso de Salta) o pasantías de mercado a adoradores de Marx, la solución exige que cada uno pueda elegir el tipo de educación que desee para sus hijos.

Para ello, solo se logra haciendo que las escuelas tengan libertad de contenidos, que exista la competencia educativa y una libre contratación de docentes. Eso se logra con los vouchers educativos. Con esta modalidad, son los padres los que eligen qué tipo de escuela educará a sus hijos.

"El sistema que tendría más justificación sería una combinación de escuelas públicas y privadas. Los padres que decidieran llevar a sus hijos a colegios particulares recibirían del Estado una cantidad igual a la que se calcule como costo de educar a un niño en la escuela pública", lo explicó Friedman años atrás.

El docente universitario y doctor en economía, Edgardo Zablotsky, explica que esta idea, como toda buena idea, es simple: el Estado seguiría subsidiando a la educación, pero los recursos no se asignarían a la oferta de la misma, las escuelas, sino a la demanda, los alumnos. De vuelta, se sigue subsidiando a la educación, pero en vez de subsidiar a la oferta (las escuelas) se subsidia a la demanda (los alumnos).

"La misma competencia entre las escuelas incentivaría su nivel de excelencia. Los monopolios generan costos; el monopolio estatal en la educación no tiene porque ser la excepción", sostiene Zablotsky.

La libertad educativa es la única manera de destrabar un conflicto vicioso que parece no tener fin.  A ver si los funcionarios, los padres y los alumnos intentan probar esta fórmula.

Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 25/09/2017

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Directora de Academia WAW. Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. Ex gestora de Contenidos de @StaplesAR