21-10-2021
"Peronismo para (des)armar"
Por Virginia Gómez  @mavirginiagomez

El domingo 17 de septiembre comenzó oficialmente el segundo tramo de la campaña electoral hacia las generales de octubre que se realizarán el día 22.

El Gobierno no cerró la crisis por la desaparición de Maldonado, pero apuesta a que la problemática baje en su nivel de exposición mediática. Pasaron del "negacionismo" a la teoría de individualizar la responsabilidad en algún gendarme, como si fuesen "locos excepcionales" sueltos. Pero a pesar de las campañas montadas,  quedó en evidencia ante amplios sectores que tanto los funcionarios, como la Justicia y la Gendarmería encubrieron la desaparición forzada de Santiago, en un marco represivo, en pos de la defensa de los intereses extranjeros, como el de los Benetton.

Aunque Cambiemos se apoya en una "primavera económica", la imagen internacional se vió afectada, y complicó las nunca llegadas inversiones. Los CEO de las empresas siguen presionando para avanzar en las reformas estructurales, entre ellas la laboral, que con esta crisis política abierta, con epicentro en funcionarios y la fuerza de seguridad estrella, empantanó los planes para el postoctubre. El Gobierno incluso puede llegar a ganar las legislativas, como una coalición electoral de primera minoría, pero quedará golpeado para avanzar a paso firme en su programa.  

Es en este marco donde hacia octubre se debate, en verdad, el 2019. El diario Ámbito, centrado en la problemática económica desde el punto de vista de los empresarios, adelantó la posibilidad de que los grupos económicos estén dispuestos a aceptar dos años más de "gradualismo", hasta esperar obtener la mayoría necesaria en las cámaras en el 2019.

El rompecabezas del peronismo

Si este plan es posible, es gracias al rol del peronismo, que no sale de sus crisis. Por un lado están los que ahora algunos analistas llaman peronismo "racional" y de colaboración. Se refieren a los "dadores voluntarios de gobernabilidad", como los bautizó desde un primer momento Jorge Asis. A ellos, es a quienes Cristina Fernández y Fernando Espinoza les propusieron conformar bloques comunes en el Congreso nacional y la legislatura bonaerense. Pero Pichetto, que es quien más coopera con el Gobierno desde el Senado, prontamente salió a rechazar la invitación de la ex mandataria. Como es sabido, los senadores son quienes representan los intereses de los gobernadores, jefes de las provincias que están ahogados por el déficit que hace que sus finanzas dependan enteramente de lo enviado desde Nación. En este marco, espera conocerse pronto la resolución del reclamo de María Eugenia Vidal por el Fondo del Conurbano, que depende de un fallo de la Corte Suprema. Si este favorece a la gobernadora, las otras provincias se verán perjudicadas, y los gobernadores de todos los colores, empezando por los peronistas, deberán salir corriendo a pedir aún más financiamiento al Gobierno de Cambiemos, a cambio de mayor colaboración. El precio puede ser alto para ambos.

En ese escenario posible, el peronismo debería "provincializar sus intereses", cambiar la reforma laboral por plata para sus presupuestos, y desdeñar el 2019, como apuntan desde alguna editorial de un medio importante. De estos sectores es de donde puede salir, también, el peronismo integrado, el "Cobos peronista", que comparta fórmula con Macri 2019, si el futuro se pone espeso como el fantasma del 2001, al que al PJ también tanto le costó y no quiere, ni por asomo, volver.

En este escenario, Sergio Massa ya deshoja la Margarita. Sostuvo que podría volver al peronismo, mientras Stolbizer se acerca al bando del PROgresismo sosteniendo que no cree "que la Gendarmería haya tenido la intención de desaparecer a Maldonado". Flaco favor al Gobierno. Pero Sergio encaja bien con la pieza del rompecabezas peronista que quiere completar la imagen de "racionalidad" y colaboración, cuando ya él aportó a la causa unas cuantas otras.

A otro nivel, se cristalizó en esta elección el peronismo de cooptación, que encabeza Randazzo con el Movimiento Evita. El peronismo del ministerio de Desarrollo Social, amigo de la ministra Carolina Stanley, que sostiene todo el armado, al que ahora se sumaron sectores de la CCC y coquetea con Libres del Sur en la provincia de Buenos Aires.

Pero incluso, por estos días de debate de estrategias y reconstrucción del peronismo, se escuchó hablar de la posibilidad de reparar la vieja fractura entre Cristina y Moyano. La Nación es quien dejó trascender la hipótesis de que quieran hacer reflotar la vieja receta "de un frente social al estilo del Movimiento de Trabajadores Argentinos de los años 90 junto al sindicalismo y los piqueteros kirchneristas, y también el apoyo de Daer y Caló a Unidad Ciudadana", y alerta que este es "el tipo de problemas que tendrá que enfrentar el plan oficial de avanzar con reformas como la laboral", aunque el "frente social" incluya a sectores empresarios que se beneficiarán con las misma.

¿Fractura social o histórica?

Estas opciones de proyecto sobrevuelan el debate sobre la relación del peronismo con los sectores estables y sindicalizados, y con los pobres y precarizados. ¿Está o no perdiendo su histórica base social? ¿Está en disputa con Cambiemos?

Historiadores y analistas son los que se preguntan si hubo una fractura social o, lo que podemos denominar, experimental con carácter histórica. La social, marcada por el neoliberalismo, que dividió la fila de los trabajadores, entre ocupados y desocupados, estables/sindicalizados con los precarizados. La vieja ruptura de Moyano y Cristina, expresaba esa fractura, de una mandataria que sostenía el impuesto a las ganancias mientras desde el Estado financiaba el plan hacia los desocupados que había dejado Duhalde desde 2002 como salida de emergencia a la crisis social. Un plan de contención y emergencia, que se sostuvo por la falta de creación de trabajo genuino, no precario, que nació con el neoliberalismo pero no revirtió ni Néstor ni Cristina con las tasas chinas.

Quienes remiten a la fractura experimental o histórica hacen referencia a la de 1975, que quedó inconclusa, por la dictadura militar. "La crisis del peronismo con fundamento obrero puede ser fechada en el paro del 75 contra Isabel Perón: por primera vez, la base social del peronismo se enfrentó a la dirección política del peronismo, incluidos los dirigentes que se sumaron al paro obligados por la base", sostiene Alejandro Horowicz.

En todos los casos, el peronismo no tiene líderes ni proyectos definidos. Sufre las consecuencias del neoliberalismo que él mismo aplicó.  El desgaste de los partidos tradicionales que por sus propias gestiones capitalistas ya no puede generar mayorías y lograr empatía, sobre todo en los sectores de la juventud que sienten que no le deben nada, más que la precarización del conjunto de sus vidas. Fuera del Ejecutivo, están aún más perdidos, porque la crisis de su partido no la superaron, sólo la enmendaron desde el propio Estado.

En este marco es que la izquierda radical, hoy representada en la fuerza nacional del Frente de Izquierda, tiene el desafío de no sólo mostrar que ellos son siempre los mismos. Se propone también cautivar a las nuevas generaciones para un proyecto superador. Que enfrente la resignación y el escepticismo, y construya una salida propia de las grandes mayorías del pueblo trabajador, donde sus vidas, valgan más que así ganancias de los capitalistas que el peronismo se aprestó a administrar y Cambiemos a garantizar.  

Virginia Gómez. Exclusivo para Cadena BA. 19/09/2017

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Docente. Staff de "La Izquierda Diario"