15-08-2018
"Billions: La serie que explica porque Argentina está como está"
Por Belen Marty @belenmarty

Estamos surfeando un momento especial en nuestras vidas: un momento de sobreabundancia de series de televisión. Atrás quedaron la época de series como Lost, Friends, o Prision Break, que marcaron el comienzo de una nueva era de programas y de una nueva era de entender a la televisión. Lo que antes era un ritual (ir al videoclub, charlar con el dueño para que te recomiende algo, sentarse, preparar la pieza, poner los pochoclos y relajarse) cambió repentinamente por ver un programa de tele en 20 minutos, descargado y listo para reproducirse en el smartphone mientras nos tomamos el colectivo 60 camino al trabajo.

¿Por qué hago esta introducción? Por que por esta misma abundancia de series (en una cena con amigos te recomiendan 5 series distintas para ver, algunas que jamás siquiera escuchamos nombrar) me topé hace unos días con una que me impresionó. Esta es la serie Billions (en español, Billones). Esta es una serie de televisión estadounidense protagonizada por Paul Giamatti y Damian Lewis. Se trata de una cruzada (literal) que hace el fiscal federal de los delitos financieros del Sur de Nueva York contra el dueño de AXE Capital, una financiera y fondos de cobertura.

Me comí cuatro capítulos al hilo, me acosté tarde y al otro día terminé mi día solo después de disfrutar al menos 5 cafés. Me pregunté qué fue lo que hizo que me atrapara tanto, teniendo en cuenta que no hay sangre, homicidios, ni demasiado suspenso. La respuesta es que en ninguna otra serie se ve tan claro la dialéctica de progreso-retroceso, producción vs parásitos, emprendedurismo vs familia que destruye la herencia familiar, empresario vs gobierno. Se ve de manera extremadamente clara el dedito acusador del gobierno, personalizado desde la figura del fiscal, viendo de qué manera le puede complicar la vida al empresario, sin entender que el que siempre complica la vida es el gobierno mismo.

Las subtramas y la profundidad de los personajes también le tiran chimichurri a la serie. Bobby Axelrod, el billonario protagonista es un ambicioso, genio del mercado financiero y generoso CEO de la financiera que tuvo su comienzo empresarial de una poco ética intervención en los mercados tras el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. 

Podríamos decir que la reconocida filósofa y escritora rusa-americana Ayn Rand estaría orgullosa de una serie como esta. Por supuesto que ni el financiero ni el burócrata son santos. Ninguno de ellos tiene escrúpulos para atacar al otro, ni utilizar vidas de inocentes que caen en el medio de la batalla campal que operan a diario en la serie. 

Son dos luchas de poder, uno utiliza el poder político y el otro usa el poder del dinero (no quisiera spoiliar la serie, pero al fiscal se ve tentado siempre por cambiarse al sector privado para ganar más dinero, pero el poder político y los contactos son para él mucho más tentadores). Interesantísimo es ver cómo sobreviven personajes secundarios intentando dormir tranquilos con sus conciencias sabiendo que trabajan en un ambiente "sucio" (en ambos lados de la carretera moral).

Si bien muchos piensan que estos dos personajes conviven en el infierno y que el resto sobrevive en el purgatorio, el financiero parecería mantener los valores "mejor puestos". Es decir, no tiene vergüenza de mostrarse ganador, de tener dinero y de haber trabajado duro, desde sus orígenes humildes, para llegar donde llegó. El viene de no tener un peso, mientras que el fiscal, que viene de familia super acaudalada descree del dinero, lo padece y busca combatirlo. El fiscal busca por todos los medios encontrarle al financiero el acto ilegal, ya sea por el uso de información privilegiada o sobornos, etc. El financiero se defiende: "yo no hago otra cosa más que lo que hace el resto del mercado". 

Un poco sobre todo esto hablé el viernes pasado en un asado con amigos. La mitad, que había visto al menos unos cuantos capítulos estaba fervientemente a favor del fiscal. Solo yo y otra amiga defendimos férreamente al financiero. Al fin y al cabo es el único que produce riqueza, que tiene hambre de crecer, que creó trabajo para cientos de personas (en todas sus industrias) y el que cree en el valor del esfuerzo y del trabajo para progresar. El financiero habla de valores de fidelidad y en el medio te explica al abc del emprendedurismo. Da cátedra de cómo vender una idea (en la serie le explica a su mujer sobre eso), de por qué uno debe probar y experimentar el producto que vende o comercializa, y el valor de mantener productos de calidad para mantener fiel al cliente.

La conclusión es que en general, en Argentina, el empresario es el bicho mal visto, el ambicioso (para mal), el Roca de los indígenas de la Patagonia, el abusador de posición, y que sino fuera por la mano presente del Estado regulador estos personajes se comerían a sus trabajadores. Cuando nada está más lejos de eso. 

Dejando de lado a los pesudoempresarios que hacen negociados turbios con el Gobierno, la gran mayoría de empresarios son gente honesta que intenta sortear todos los obstáculos de la ley (generalmente leyes puestas por gente que jamás tuvo un negocio), que arriesgó capital propio para jugársela por una idea o proyecto, y el que tiene todas las de perder si le va mal. El financiero es, en este caso, el progreso frente a la burocracia inútil (y corrupta), es lo que se mueve e innova frente al ostracismo estatal, y es el que crea riqueza en un ambiente plagado de hijos y nietos de empresarios que malgastan el nombre y la fortuna familiar por vagancia o negligencia empresarial. 

Serie, entonces, altamente recomendada. 

Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 18/09/2017

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Directora de Academia WAW. Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. Ex gestora de Contenidos de @StaplesAR