18-10-2018
"La calesita argentina"
Por Dardo Pereira @juanba2406
"Construir al enemigo"es el título de una de las obras póstumas del semiólogo y escritor Umberto Eco, autor entre otros escritos  notables del famosísimo "El nombre de la rosa" y de"El Péndulo de Foucault".En esta oportunidad  se trata de  una selección de artículos, el primero  de los cuales da origen al título del libro que mencionamos, y esto nos sirve de introducción para pensar y así  entender algunas posiciones de los últimos tiempos.

Así comienza el relato:

"Hace años, en Nueva York, me tocó un taxista cuyo nombre era difícil de descifrar y me aclaró que era paquistaní. Me preguntó de dónde era yo y le contesté que italiano. Me preguntó que cuántos éramos y se quedó asombrado de que fuéramos tan pocos y de que nuestra lengua no fuera el inglés.

Por último me preguntó cuáles eran nuestros enemigos. Ante mi « ¿Perdone?», aclaró despacio que quería saber con qué pueblos estábamos en guerra desde hacía siglos por reivindicaciones territoriales, odios étnicos, violaciones permanentes de fronteras, etcétera, etcétera. Le dije que no estábamos en guerra con nadie. Con aire condescendiente me explicó que quería saber quiénes eran nuestros adversarios históricos, esos que primero ellos nos matan y luego los matamos nosotros o viceversa. 

Le repetí que no los tenemos, que la última guerra la hicimos hace más de medio siglo, entre otras cosas, empezándola con un enemigo y acabándola con otro.

No estaba satisfecho. ¿Cómo es posible que haya un pueblo que no tiene enemigos? Nada más bajarme, dejándole dos dólares de propina para recompensarle por nuestro indolente pacifismo, se me ocurrió lo que debería haberle contestado, es decir, que no es verdad que los italianos no tienen enemigos. No tienen enemigos externos y, en todo caso, no logran ponerse de acuerdo jamás para decidir quiénes son, porque están siempre en guerra entre ellos: Pisa contra Lucca, güelfos contra gibelinos, nordistas contra sudistas, fascistas contra partisanos, ma?a contra Estado, gobierno contra magistratura. 

Ahora bien, refexionando sobre aquel episodio, me he convencido de que una de las desgracias de nuestro país, en los últimos sesenta años, ha sido precisamente no haber tenido verdaderos enemigos. La unidad de Italia se hizo gracias a la presencia de los austriacos o, como quería el poeta Giovanni Berchet, del irto, increscioso alemanno (el híspido y engorroso alemán), reforzando el sentimiento de identidad nacional y su poder".

Bien hasta aquí el notable Umberto Eco quien nos lleva con su escritura a poder desentrañar uno de los grandes males de nuestra tierra, el haber encontrado el enemigo adentro de nuestras propias filas y no poder salir nunca de ese lugar en donde la sociedad se partió en dos.  

La historia nacional se nos presenta como un enorme escenario de teatro, escenario por otro lado que pareciera no tener fin,en donde diferentes actores desempeñan diferentes papeles,en diferentes versiones que se representan  sin solución de continuidad, desde la tragedia hasta la comedia, ante el asombro de muchos(no de todos por cierto).

La Argentina de"la década ganada" está a la cabeza en esta construcción, teatral y en esta búsqueda podríamos decir, de un enemigo.Enemigo que va rotando y mutando constantemente, confundiendo tanto a tirios como troyanos. Por otro lado seria largo discernir aquí, si dicho enemigo es  real o no, es imaginario o no, es necesario o no, este ha sido un debate peligroso para la salud de la república, ha enfermado a la sociedad y debe tener pronto un final.

La construcción de un enemigo, a la cual se refiere UmbertoEco, no es nueva.Viene desde lo más profundo de la historia de la humanidad, lo que está claro es que al encontrar ese enemigo, después de haberlo buscado con ahínco,  hay que exhibir toda la furia, todo el rencor,  todo el odio,toda la grieta para que este enemigo sea como el "chivo expiatorio" capazde exculpar  a la sociedad y  a la dirigencia  de los males que le acontecen. 

Pero ese enemigo,que se construyo a lo largo de la historia,tuvo diferentes formas y rostros, pero eso sí, fue siempre el otro,fue  siempre el diferente, el distinto.Es más fácil que sea el "otro"el culpable y no "nosotros", eso está claro. Tendríamos que remontarnos  al complejo tema de la culpa en la civilización judeocristiana para verlo más en profundidad. 

Ese enemigo durante muchísimo tiempo fue la mujer, en otras épocas  fue el negro, o el judío, o el extranjero, o el aborigen, o el gaucho, luego muto a las corporaciones, a los medios, al imperialismo, a los grupos concentrados, a Clarín, etc., etc.Ese enemigo a lo largo de la historia fue el castigado y al que había que hacer responsable de la furia y del odio de los gobiernos, o de los dueños del poder,  o mejor dicho de los que se sienten los dueños del poder y de la verdad.

Argentina no debe estar en este eterno carrusel que gira siempre sobre sí mismo.Noes bueno subirse a la sempiterna  calesita, en donde la sortijano se la saca nadie. No es bueno eso para una nación donde faltan tantas cosas por hacer.Esa calesita no lleva a ningún lado y lo peor es que los dirigentes se suban a ella y hagan creer a la gente que van a llegar a otro lugar.Ese es el ejemplo que nos ofrece hoy gran parte de la dirigencia política argentina,subida a una gran calesita, donde todo gira sobre sí mismo, y nunca se resuelven las cuestiones que a la gente le interesa y le preocupan, que se llaman agua, cloacas, seguridad, trabajo, que la plata alcance, etc.

Pero claro se buscó afanosamente y se encontró el enemigo adentro, bien adentro, y entonces de esta gran calesita no se puede salir, sobre todo si ambas posiciones exageran la grieta porque la necesitan para ganar elecciones y no para pensar en un  país distinto. A este paso la grieta va a ser cada vez mayor y la República no será el destino final de los argentinos. 

Para cambiar el rumbo  primero hay que tener un sueño de grandeza, luego que ese sueño se transforme en un propósito colectivo sin mezquindades, después hay que lograr las inversiones, para eso hay que estar bien ubicado en la estación adecuada, después que venga el tren indicado, luego hay que subirse y conducirlo hacia la estación conveniente que se llama FUTURO, y no PASADO. 

Estoy convencido que el tren que hay que subirse es el tren del progreso, el del futuro, el del atreverse, el de poder y querer cambiar las cosas. Es el único que va sacar de este lugar en donde gran parte de la dirigencia argentina está estancada, y continúa dando vueltas y más vueltas en el eterno carrusel de la discordia y del atraso, sin llegar nunca a ningún destino.El país, la gente, el pueblo, la sociedad o como se llame quieren y necesitan otro rumbo.

Dardo Pereira, exclusivo para Cadena BA. Lunes, 4 de septiembre de 2017.

Odontólogo. Profesor de Historia. Presidente de la Sociedad Odontológica de La Plata (SOLP). Docente de la Facultad de Odontología de la UCALP. Escritor.