17-10-2017
"El 'paraíso' socialista de Venezuela"
Por Belen Marty @belenmarty

Leía ayer una columna del periodista venezolano Pedro García Otero en el que menciona, en alguna parte de su artículo en defensa de la MUD (Mesa de Unidad Democrática), la frase "Prevaleceremos" (wewillprevail en inglés) que Winston Churchill dijo en los momentos más negros de la Batalla de Inglaterra. El periodista lo escribía en relación a la resistencia de ciudadanos de bien contra la dictadura de Nicolás Maduro.

Mientras el Vaticano y el 99% de la izquierda latinoamericana mira para abajo, Venezuela selló su suerte: con la instalación ilegítima de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) este martes se terminó de imponer la dictadura de Maduro. Los constituyentistas, funcionarios que forman esta asamblea, han establecido que los Poderes Públicos deben subordinarse a todo aquello que establezca la ANC.

¿Qué significa esto para el venezolano de a pie? La Asamblea Constituyente estaría en plena violación a lo que dicta la actual Carta Magna venezolana, la cual sostiene, al igual que su par argentina, que los tres Poderes deben ser independientes.

"Establecimos un artículo de que poderes constituidos no podrán impedir decisiones de la ANC, haga lo que haga", precisaron en declaraciones a la prensa.

La actual presidenta de la ANC,Delcy Rodríguez, indicó que según el artículo 349 de la Constitución, "los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente".

En este sentido expresó que "El poder constituido está subordinado a esta Asamblea Nacional Constituyente. Este es un decreto que refleja la buena voluntad de esta asamblea que tiene un mensaje muy claro de cordialidad, de convivencia y de entendimiento entre los venezolanos".

Aclaremos que esta Asamblea, como todo lo que viene realizando Maduro es materia de derechos humanos, arrancó con el pie izquierdo. Su convocatoria debería haber sido aceptada por un plebiscito que nunca se realizó y sus resultados han sido cuestionados por la misma Smartmatic, la firma responsable de las máquinas de votación y el recuento de votos.

Con una oposición debilitada, cuestionada, quizás por esa falta de plan B y esas pocas ansias de dejarse aconsejar, con un Leopoldo López y un Antonio Ledesma encerrados en sus casas, Maduro enfrenta hoy una sociedad que acata lo que dice el chavismo pero no obedece. La resistencia en las calles parece no tener eco en la política, los muertos (van 121 y más de 2.000 heridos) parecen ya no asombrarle a nadie, y el hambre, las colas y el desabastecimiento continuo parecen haberse naturalizado.

En el medio de un aislacionismo internacional, y otro de igual magnitud, pero interno (fíjense en qué lugares Diosdado Cabello y Maduro realizan sus discursos), con la mitad de los venezolanos (menos de 40) haciendo sus valijas para escaparse de la crisis humanitaria en la que los sometió los años chavistas, y la otra mitad mirándose entre ellos a ver qué hacen o qué pasa, se está materializando la dictadura. Ya no es el principio del fin de la democracia. Están llegando a las puertas de la tiranía absoluta y descarada maquillada de una democracia populista para la gilada.

Hace unos días terminé de leer la novela de Paul Auster, criticada por muchos por pesimista, llamada El País de las últimas cosas. En esta la protagonista Anna Blumme cuenta en una carta a su novio su odisea en un país lejano al cual se acercó para buscar a su hermano desaparecido. No les voy a contar el final pero, continuando con la imagen que nos anticipa el título del libro, nos encontramos con una distopía que nos recuerda, de alguna manera, a la situación actual de Venezuela (y de Cuba, ¡sin dudas!). Calles rotas, escombros, ciudadanos escarbando la basura en búsqueda de comida, aniquilación de una moral y un propósito de vida (queda solo sobrevivir), imposibilidad de escaparse tras el cierre de fronteras, una elite gobernando todo y viviendo 100 veces mejor que el pueblo. Un país desbastado.

Que no queden dudas que lo que se vive en Venezuela hoy es culpa de las políticas socialistas. Quien aún en pleno 2017 las siguen pregonando deberían irse a vivir al paraíso de las no-cosas que existen en Cuba y Venezuela hoy. Que no me vengan años después a decirme que esto no fue el "verdadero socialismo". Que ya el olor a podrido se huele desde acá.

Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 8/08/2017

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Directora de Academia WAW.. Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. Ex gestora de Contenidos de @StaplesAR




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