21-10-2021
"¿Dónde están los partidos y la política?"
Por Virginia Gómez  @mavirginiagomez
El marxista italiano, Antonio Gramsci, escribió en sus Cuadernos de la cárcel, variados artículos sobre la crisis de hegemonía de la clase dirigente, o lo que denominó también crisis de autoridad. Este tema (de alguna u otra forma), se debate hoy por hoy en distintos países del mundo, donde surgieron nuevas fuerzas políticas electorales (aunque conserven en parte elementos del período anterior). 

Desde en los Estados Unidos de Donald Trump y Bernie Sanders, hasta en la Francia de Marine Le Pen y Melenchon, o recientemente en Inglaterra donde compitieron en las elecciones Theresa May y Jeremy Corbyn, son algunos de estos casos. Desde ya en estos países un elemento dinámico que propició estos surgimientos, fue las consecuencias de la crisis económica internacional, el fracaso del neoliberalismo, y las crisis sociales abiertas. Pero, junto con las tesis que tratan de explicar el surgimiento de estos nuevos fenómenos electorales, se desarrolla la disciplina estrella de este siglo: la comunicación política.

¿Qué hay de estos dos elementos en las elecciones legislativas argentinas que tendrán su primera parada en agosto de 2015?

En Gramsci el concepto de crisis orgánica (o crisis de hegemonía), contiene uno de los elementos que nos interesa en este caso: cuando los partidos tradicionales se separan de los grupos sociales. O sea cuando hay una distancia, contraste, o hasta se rompe, la relación entre representantes y representados.

En el caso argentino, no se dan desde ya todos los elementos que el italiano destacaba para afirmar cuándo es que hay una crisis de ese tipo. Pero sí nos interesa en particular esbozar un análisis de la dinámica de los partidos tradicionales locales.

¿Bipartidismo travestido?

Desde mediados de siglo XX, el régimen político local, sostuvo un sistema electoral bipartidista, de alternancia entre el peronismo y el radicalismo, con interrupciones del orden democrático, donde gobernaba el partido militar.

Con la guerra de Malvinas este último fracasó, y durante las décadas de asentamiento neoliberal naufragaron el peronismo y el radicalismo, sin que este llegara a buen puerto hacia diciembre de 2001. El PJ jugó su rol histórico de contención, para desviar el proceso abierto que gritaba "que se vayan todos".

Si vemos la foto de la elección actual, ni el PJ ni la UCR, partidos tradicionales históricos, aparecen con fuerza e identidad en la competencia. Esto ya es un indicio.

Por lo menos desde el 2015, la vieja estructura sobreviviente del radicalismo se travistió dentro de los colores de Cambiemos; y el histórico Partido Justicialista quedó en manos, en esta contienda, del randazzismo, y totalmente subordinado en la lista de Unidad Ciudadana que encabeza Cristina Fernández.

Este dato se da en consonancia con el protagonismo de la comunicación política, que desde ya se abrió paso por los adelantos tecnológicos, que mediatizaron las sociedades y cambian hasta las formas de relacionarse de las personas. Pero no todo es técnica, sino que la disciplina se desarrolla en un momento en que la política tradicional, osea la dominante, tiene necesidades históricas y particulares.

Las campañas minimalistas, donde el destinatario está reducido a la máxima expresión: el sujeto es el "vos"; donde la clave es la personalización, la proximidad, los líderes empáticos, la humanización, ¿sólo es una estrategia electoral que brinda buenos resultados? ¿O a qué fenómenos profundos, y tal vez aún invisibles, responde?

Si no te gusta mi partido, tengo otro

Desde el punto de vista de Cambiemos, la estrategia electoral duranbarbista, apunta a desmontar la idea que sostiene el 51.6% de la población de que "gobiernan para ricos", o sea para una clase social privilegiada, que es lo que les impide conformarse como mayoría. Estrategia que contiene la inauguración de obras públicas y supuestos créditos, para paliar el clima social que impera, mientras la desocupación asciende como principal preocupación, y atrás queda la inseguridad y corrupción que les permitió, en parte, ganar en 2015. 
    
Por eso, montaron todo un teatro mediático en torno al caso de Julio De Vido, exponente de la corrupción del gobierno anterior, a quien proponen expulsar del Congreso cuando no hay ningún impedimento legal para juzgarlo, mientras el Frente de Izquierda propone que se realice dicho proceso a través de un juicio con jurado popular y televisado.

Es este pasado, el que quiere ocultar Cristina Fernández en esta campaña, apelando a subordinar el peso del pejotismo en las listas y toda referencia a su gobierno. Al punto de excluirse ella misma de los spots, "priorizando los testimonios de los ciudadanos por encima de los dirigentes" y bajo el slogan de "la voz de la mayoría" (que está lejos de alcanzar).

Los frustrados

La clase dirigente de los partido tradicionales no pudo recomponerse cabalmente luego de la crisis del 2001. La recomposición económica posterior, ayudó a paliar la crisis orgánica, en palabras de Gramsci, que atravesó la Argentina.

Pero los crecientes casos de corrupción que se hicieron públicos durante las últimas décadas, que ensucian a unos y otros, junto con la identificación del gobierno actual como una administración a favor de los ricos, sumado a las dietas y jubilaciones de privilegio de legisladores, ex presidentes y jueces que hasta están exentos de pagar impuestos, generó el fermento de la población a la que se la denomina los frustrados. Aquellos en los que prima la desconfianza y descreimiento por las castas de políticos profesionales que gobiernan. 
 
En este marco, es que el Frente de Izquierda, que tiene diputados como Myriam Bregman y Nicolás del Caño, que no sólo cobran como una maestra, sino que destinan la diferencia a causas populares y rotan sus bancas, ganaron prestigio dentro de la población por haber enfrentado, junto a los trabajadores de Pepsico, la represión, con aquellos obreros y obreras que decidieron resistir ante los despidos. Porque por más que quieran ocultarlo, sigue habiendo política de clase (no sólo de los de arriba).

En estas elecciones, donde aún no priman todos los elementos de una crisis de hegemonía, pero sí cierto desprestigio de los partidos tradicionales, la izquierda tiene la oportunidad de sentar las bases para catalizar un fenómeno que más temprano que tarde (o más tarde que temprano) se expresará visiblemente. Una fuerza política consolidada en sectores de la juventud y entre los trabajadores puede ayudar a encontrar una salida superadora de esta sociedad, y enfrentar la resignación.

Virginia Gómez. Exclusivo para Cadena BA. 25/07/2017

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Docente. Staff de "La Izquierda Diario"