22-08-2017
"Economía, deriva social y sufragio: Incluidos, Recluidos y Excluidos"

Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino 

Parto de la hipótesis de que nuestra billetera individual condiciona nuestra conducta social (con sus opciones electorales contenidas), regla que, por supuesto, tiene sus excepciones. Y sólo tomo para este ensayo información y metodología oficial del Estado Argentino, que clasifica a la población en estrato alto (los incluidos), estrato medio (los recluidos) y estrato bajo (los excluidos).

El marxismo es puro cuento

La estratificación en clases de la sociedad no es un delirio marxista: es consentida y alimentada por el propio Estado burgués a través del INDEC, el organismo que se ocupa de colocarnos a cada uno en el casillero que nos corresponde, en consonancia con protocolos internacionales.

Al estudiar la distribución del ingreso, previamente clasifica a la población en estrato bajo, estrato medio y estrato alto, estableciendo para los dos primeros una subclasificación en cuatro deciles cada uno, mientras que para el tercero asigna sólo dos deciles. Cada decil contiene a un 10% de la población.

Con esta metodología, por más fundamentos que descarguen en su defensa, los clasificadores ya están expresando algo importante sobre la concepción social, económica y política a la que deben sujetarse por mandato patronal.

Hay que decir que esta "torta" no es un invento del actual gobierno: no ha cambiado nunca. Lo que sí cambia, según cada gobierno, es su contenido, es decir, el pedazo de "torta" que nos toca a cada uno.

Me estoy refiriendo exclusivamente a la distribución del ingreso, esa parte de la riqueza producida que se mide en  términos monetarios y no contempla el patrimonio total, aunque bien puede deducirse del ingreso.

La vida es una moneda

Con los datos del INDEC a la vista, observamos que los dos deciles del estrato alto (20% de la población) se llevaban en 2003 el 53% del ingreso, pero que a fines de 2015 había caído al 43%. Sólo en sus primeros seis meses de gobierno, la revolución de la alegría ya se notó: aumentó al 45%, con expectativas mayores.

En cuanto al estrato medio (40% de la población), en 2003 lograba el 35% del ingreso y en 2015 llegó al 40%. Pero el cambio le deparó un par de puntos de caída, con expectativas de plano inclinado.

Mientras tanto, el estrato bajo (40% de la población), en 2003 tenía un ingreso del 12% y llegó al 17% en 2015. El sinceramiento, sin embargo, le hizo perder un punto en tan sólo seis meses, con expectativas de mera supervivencia.

Esto significa que en aquellos funestos tiempos en que se robaban todo, esa época funesta que nos legó una pesada herencia, el estrato bajo incrementó sus ingresos en más del 40% y el estrato medio experimentó un crecimiento en el mismo rubro de más del 14%, mientras que el estrato alto vio reducido en más del 18% su peculio.

Dicen los que saben que, afortunadamente, el país está volviendo a la normalidad.

Aquí dejo en detalle la manera en que nos clasifican y cómo se ha ido repartiendo la "torta", copiando y pegando los datos oficiales del INDEC:

 

2003 (*)

2015 (**)

2016 (**)

Grupo decílico

% Ingreso

% Ingreso

% Ingreso

1

1,3

2,3

2,1

2

2,4

3,7

3,6

3

3,6

5,1

4,9

4

4,7

6,1

5,8

Total estrato bajo

11,9

17,0

16,4

5

6,0

7,3

7,0

6

7,5

8,8

8,5

7

9,4

10,7

10,4

8

12,3

13,0

12,7

Total estrato medio

35,2

39,8

38,6

9

17,3

16,5

16,5

10

35,6

26,6

28,5

Total estrato alto

52,9

43,1

45,0

Total estratos

100,00

100,00

100,00

(*) Datos correspondientes al tercer trimestre.

(**) Datos correspondientes al segundo trimestre.

Un sinceramiento ideológico

Retomo la hipótesis original, bosquejo a su luz esta clasificación alternativa y conjeturo lo que probablemente ocurre en cada casillero y entre ellos:

Los INCLUIDOS establecen las políticas directrices de nuestra vida en sociedad y garantizan su "desarrollo sustentable". Es el "estrato alto" de la población, según la clasificación del INDEC, integrado por la clase dominante y por quienes, sin pertenecer a ella, comparten sus imperativos materiales e ideológicos y se benefician por ejercerlos en la práctica social concreta.

Es lo que ortodoxamente llamaríamos clase capitalista o burguesa (10% del estrato alto), junto a sus "intelectuales orgánicos", expresión muy poco ortodoxa para este caso (el otro 10% del estrato alto). Pero hay una marcada diferencia en el interior de este estrato social: la clase dominante se lleva el doble de lo que se llevan sus "intelectuales orgánicos".

Los RECLUIDOS trabajan y se comportan de acuerdo con estas políticas directrices, aun con quejas y peticiones de cambio (casi siempre formal, casi nunca estructural). Es el "estrato medio" de la población, un sector de formación social compleja, que, aun sin compartir los imperativos materiales e ideológicos de los incluidos (o compartiéndolos idealmente, pero sin esperanza alguna de lograrlo en la realidad), no ve otra posibilidad que adaptarse a ellos, más por temor a una caída en su poder adquisitivo que por proyectar su traslación al sector de los incluidos.

Hay en este sector profesionales, pequeños y medianos comerciantes, técnicos, científicos, trabajadores asalariados (del sector público y del sector privado) de mediana y alta remuneración, etc. Pero también al interior de este estrato social hay marcadas diferencias, porque muchos de ellos caen bajo la línea de pobreza, otros muchos tratan de mantenerse "a flote" y una minoría "calificada" se coloca a corta distancia de los "intelectuales orgánicos", pero sin expectativa alguna de alcanzarlos, dado que estos tienen más posibilidades de "caer" que aquellos de "subir".

Los EXCLUIDOS no hacen más que subsistir con las sobras de incluidos y recluidos. Es el "estrato bajo" de la población, sector integrado por las capas sociales que no sólo no comparten los imperativos materiales e ideológicos de los incluidos (o que ni siquiera se plantean la existencia de esos imperativos), sino que tampoco pueden ser funcionales a ellos, como lo son los recluidos, aunque sí pueden ser cooptados, a cambio de satisfacer alguna necesidad que no podrían saldar de otra manera.

Hay en este sector fundamentalmente desocupados y trabajadores asalariados (del sector público y del sector privado) de media y baja remuneración (en "blanco", los menos; en "negro", los más). Las diferencias también existen al interior de este estrato social, ya que generalmente sus habitantes luchan por mantenerse "arriba" de la línea de indigencia como único objetivo, porque difícilmente puedan superar la línea de pobreza.

Los espejos y las máscaras

Ni siquiera los indicadores que propone el mismo "sistema" pueden encubrir su comportamiento: el estrato medio (los recluidos) va aportando al constante crecimiento poblacional del estrato bajo (los excluidos), para darle cabida en su seno a los "caídos" del estrato alto (los incluidos), cuyos integrantes son cada vez menos y tienen cada vez mayor ingreso, proveniente del recorte en la participación de la "torta" de los dos primeros estratos (recluidos y excluidos).

Los recluidos se miran en el espejo de los excluidos y ven su probable futuro. Se miran en el espejo de los incluidos y ven su imposible porvenir. Su reclusión les siembra la repulsa por la pobreza (que puede encubrirse con caridad cristiana o con asistencialismo) y la renuncia a la riqueza (que puede camuflarse de esperanza en la movilidad social o en los juegos de azar).

Esta tensión se resuelve en una suerte de alianza estratégica -consciente o inconsciente- con los incluidos, de manera que las posibilidades de cambio -visualizado casi siempre como un riesgo para la propia condición- sean mínimas.

¿Qué decir de los excluidos que no haya sido dicho en el apartado anterior? ¿Qué interpretar de su conducta que no pueda, a esta altura, imaginarse? También aquí los excluimos. Por respeto.

Y ya que estamos en año impar, podemos decir que la deriva electoral de la población es bastante semejante a esta deriva social y es por eso que no podemos despreciar este tipo de análisis. Aunque siempre hay excepciones: ellas son las que alimentan expectativas distintas. Ya sabemos que tanto la expectativa como la necesidad son motores históricos. Juntos o separados.

(*)  Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 20/07/2017

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación de La Plata (COMPA).




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