21-10-2021
"¿Laclau o Gramsci en la batalla de Pepsico?"
Por Virginia Gómez  @mavirginiagomez

El título es pretencioso, cuestión que tal vez sea el principal error de un escritor (o una, en este caso). Pero la controversia, el interrogante, lo dejaron planteado el jefe de policía de la bonaerense que dirigió el desalojo en Pepsico y un editorialista de La Nación. Aproximaciones a una respuesta.

¿"Populistas"?

El jueves pasado, por orden directa de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, la Gendarmería nacional y la Policía bonaerense, desalojaron a los trabajadores de Pepsico que permanecían en la planta, en resguardo de sus fuentes de trabajo, luego de enterarse de la noticia por un cartel pegado en la puerta de la misma.

El jefe del operativo, mientras las fuerzas represivas avanzaban (y los medios televisivos transmitían en cadena nacional), le dijo al diputado nacional (MC) del Frente de Izquierda, Nicolás del Caño, "no venga acá a hacer populismo". ¿Populistas?

Días más tarde, un editorialista preocupado del diario La Nación, advertía que el filósofo argentino, Ernesto Laclau, hubiese sostenido que Pepsico fue el "significante vacío" que canalizó las demandas insatisfechas. Se refería a la amplia simpatía que generó la resistencia obrera a los planes de ajuste de la multinacional y el gobierno.

¿Dónde está el vacío?

Cambiemos gobierna hace diecinueve meses, y hasta el momento no había enfrentado una seria resistencia. No porque no haya un creciente malhumor social con tendencias a querer expresarse, inclusive en sectores que lo votaron en el balotaje. Ni porque no haya habido movilizaciones de masas de envergadura.

Sino más bien porque las dirigencias tradicionales de los gremios jugaron un rol clave para que la misma no se manifestara con contundencia, no desborde los límites del régimen, no cuestione lo necesario como para que se vuelva en contra de sí mismos.

Desde los integrantes del Triunvirato de la CGT, pasando por Palazzo de Bancarios que encabeza la Corriente Federal dentro de la central cegetista y la CTA, hasta el propio Rodolfo Daer que conduce el sindicato de la alimentación (dentro del cual están enrolados los trabajadores de Pepsico), todos se pronunciaron, como si estuviesen guionados,  a la necesidad de "parar al gobierno en las urnas".

Es que respetan la encíclicas del Papa Bergoglio, hasta de la mismísima CFK, ambos conductores de un sector importante de la oposición peronista, que no hacen más que cumplir con su rol histórico de contención, osea de dominación. Aunque lo oculten, no rompieron con la génesis del PJ, y desde el Triunvirato, el refugiado del Vaticano, o la ex mandataria, todos son eslabones de una misma cadena. O sino recordemos que hace solo una semana atrás, CFK le había pedido a la Corriente Federal que no se movilizara a San Cayetano (sic), en busca de construir una nueva mayoría palaciega, lejos de las calles y fuerte en el próximo Senado.

Bisagras

Pero mientras octubre siempre se acerca, 2.972 empresas cerraron desde marzo del año pasado a este, según los datos propiciados por el Boletín de la AFIP, a las que se sumarán las de este frío junio y julio. Esos cierres afectan de forma directa un pilar del período anterior: el empleo. Mientras se acepta perder parte del salario real (osea del poder de compra), no se acepta perder el trabajo.

La CGT que aglutina la fuerza de los principales gremios del país, se vio obligada a pronunciarse sobre la preocupante situación económica, sólo después del escándalo nacional en el que se transformó el desalojo y represión en Pepsico. Pero vergonzosamente sólo anunció una movilización para el 22 de agosto. Lejos de las PASO, y lejos de las necesidades de las mayorías.

Sobre la base de esta carente realidad, es que un sector de obreros de Pepsico decididos a enfrentar el plan de ajuste, gana en una acción, simpatía de masas sobre las filas de su gremio, sobre otros sindicatos, las mujeres, desocupados, jóvenes y sectores medios perjudicados por el ajuste.

Y en esa acción, acelera en la coyuntura la experiencia con el gobierno, las direcciones sindicales y sus referentes políticos (de mínima todo se pone en duda al menos por un instante). Así como también genera, necesariamente y en el polo opuesto, la reacción de grupos que se asientan a la derecha.

La izquierda, expresada en los diputados que se ponen al frente de la lucha, junto a centenares de jóvenes y trabajadores, crecen en prestigio y le alejan de la "razón populista" de Laclau.

Porque esa fusión de obreros decididos y de una fuerza política combativa, enfrenta la idea de resignación (electoral) de los partidos tradicionales, hoy (y mañana) tibiamente opositores.

En este marco de crisis, hay en términos generales (solo) dos salidas. La reconstrucción del dominio ya (pre) histórico, osea la posibilidad que, el marxista italiano Antonio Gramsci, denomina como transformismo a través de la política de los moderados (agrego, propia de los ciclos ascendentes de la economía). O la construcción de una dirección de los y para los trabajadores (transversal a sus diversas franjas), lo que Gramsci llamó: hegemonía.

La batalla de Pepsico no viene a llenar de sentidos los "significantes vacíos" que esconden los límites de clase mediante ilusiones reformistas. Sino a contribuir, humildemente, en la tarea histórica de edificar una hegemonía política de los trabajadores, y romper con los patrones tradicionales de dominación (en el sentido más amplio del término -como del más concreto-) y en las más variadas esferas de la vida social que se abren paso.

Virginia Gómez. Exclusivo para Cadena BA. 18/07/2017

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Docente. Staff de "La Izquierda Diario"