15-12-2017
"La teoría de las ventanas rotas"
Por Dardo Pereira @juanba2406

Ya casi es una verdad de Perogrullo que los requerimientos de la gente sobre sus necesidades acuciantes esto es seguridad, trabajo, salud, educación, terminar con la inflación,  van por una ruta escasamente  transitada, mientras que  las preocupaciones y ocupaciones de la dirigencia política van por una gigantesca autopista, que ningún ciudadano común transita. Dos vías que no se cruzan, esto de por si es todo un problema.

Los argentinos en general  vemos con una creciente  preocupación un estado ausente en aspectos de la vida social que en principio nos preocupan, luego nos dañan y por ultimo terminan con la vida, o el patrimonio de las personas. Perder espacios en la ciudad, en la nuestra o en cualquiera,  y que estos sean tomados por los delincuentes, cuando el Estado no hace nada o muy poco, es preocupante. Que se podría decir con casi 5000 hombres de la fuerza policial expulsados por ser delincuentes, coimeros, inescrupulosos ladrones, ya sea de horas no trabajadas, de sobres mal habidos, o de habilitaciones truchas. Cuán lejos estamos  de aquel gobernador que dijo contar con  "la mejor policía del mundo", que en realidad después de casi veinte años de ese epitafio, continúa siendo  "la maldita policía" de siempre. 


Ahora bien, existe en el campo del comportamiento social una teoría conocida como la Teoría de las ventanas rotas. En el año 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimpardo realizó un experimento de psicología social. Dejo dos autos abandonados en la calle: dos autos idénticos, de la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, una zona pobre y conflictiva al norte de la isla de Manhattan y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. 


Los autos eran idénticos, eso si las poblaciones eran muy diferentes. Un equipo de especialistas en psicología social estudio las conductas de las personas  en cada sitio. Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no se llevaron lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto. 


Hasta seria la reflexión de siempre, como le gusta a muchos sectores ultra conservadores, que atribuyen a la pobreza las causas de todos los males. Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí. Cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto. El resultado fue que se desato el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre 


La pregunta que como sociedad nos debemos hacer seria ¿Porque el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro, es capaz de disparar todo un proceso delictivo? Acá vemos que no se trata de pobreza es algo mucho mas complejo, es algo que tiene que ver con la psicología y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional, se vive una anomia social. 


Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, seguramente  pronto todos correrán la misma suerte. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen "pequeñas faltas" como estacionar en un lugar prohibido, arrojar residuos a la vía publica, exceder el límite de velocidad, cruzar con  luz roja, cortar una calle o una ruta, y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves. Sin duda la impunidad es el mejor aliado de los delitos y la violencia. 


Si las plazas, los calles y  los espacios públicos en general se encuentran deteriorados, si paulatinamente son abandonados por la ciudadanía, la cual además deja de salir de sus casas por temor a los delincuentes, o la gente no concurre a los restaurantes por desconfianza,  o no va al cine por miedo, etc.,  esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes.  


A mediados de la década de los 80 el metro de Nueva York se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones, los graffitis que deterioraban el lugar, con dos medidas casi elementales buena iluminación, y exigirles el pasaje y la portación de documentos a los pasajeros en horarios nocturnos. Al poco tiempo se descubrió que el 80 % de los graffiteros tenían antecedentes delictivos. Luego se continuó con la suciedad en las estaciones, la ebriedad, los pequeños robos y desórdenes. 


Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño, se logró hacer del metro un lugar seguro. La estrategia consiste en comenzar por las cosas más elementales para ir creando comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social. Se trata simplemente de lograr  ciudades más vivibles, con mejor calidad de vida de sus ciudadanos, en un país que busque ese destino. 


Esta claro que en La Plata y en Argentina en esta materia está todo por hacerse. La calidad de vida de una ciudad, la defensa de los derechos de los ciudadanos, no es ni de izquierda ni de derecha, es simplemente la responsabilidad que tiene una sociedad civil en organizarse y un estado en resguardarla. Se sabe que el estado  fue creado precisamente para que el "hombre no sea el lobo del hombre" alguna vez se entenderá esta verdad de Perogrullo, porque es una reflexión tan trivial, tan elemental, que el mismo diccionario de la Real Academia Española la define como "una verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla". 

Lo entenderá nuestra dirigencia política alguna vez.


Dardo Pereira, exclusivo para Cadena BA. Domingo, 5 de Junio de 2017.

Odontólogo. Profesor de Historia. Presidente de la Sociedad Odontológica de La Plata (SOLP). Docente de la Facultad de Odontología de la UCALP. Escritor.





PI Global Media