18-10-2018
"La Posverdad es 'la mentira de estos tiempos'"
Por Dardo Pereira (*) @juanba2406
Basta con sentarte cómodamente en el living de tu casa y esperar que llegue la hora. Apenas pasaditas las nueve de la noche, minutos más minutos menos, el televisor se recalienta porque domina la pantalla de América TV el programa que ha hecho el culto al nuevo paradigma de la dirigencia argentina. 

A esa hora se instala con toda su enorme ostentación para deleitar al gran público, el nuevo y verdadero reality show de la política: Intratables. Pero el tema es,  que no solamente un programa de televisión es el que hace honor a la posverdad, son muchos los adeptos y adictos a esta nueva modalidad que ha desembarcado en la política casera y al parecer quiere quedarse para siempre.

El tema de la posverdad, sería algo más o menos así:un político determinado necesita describir una situación,tratando que la misma satisfaga  su propósito final,que no es otro  que el poder modelar la opinión de  la gente.Es entonces cuando se requiere que los hechos  reales tengan menor importancia que las emociones  y  las creencias personales. En pocas palabras sería una mentira pero con muchas emociones en su haber. 

Se conoce como política de la posverdad, cuando el debate se enmarca en un contexto donde se apela a emociones, desconectándose de otros detalles que pudieran ser esclarecedores de la situación. Se trata así de realizar desde las argumentaciones, una  reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales, los hechos son prácticamente ignorados. 

En síntesis la posverdad se resume como la idea por la cual algo que aparenta ser verdad, es más importante que la propia verdad.Se podría definir como que "a veces es mejor una buena puesta en escena, que la misma  verdad", revelación intima de un amigo en una cargada noche de tertulias y confesiones.

Las últimas actuaciones televisivas de Daniel Scioli, un astro de la mentira emocional, desnudaron en toda su dimensión como es la postverdad, anunciando casi emocionado hasta las lágrimas que iba a ser padre de una familia feliz. La cual no existía no existía ni existió nunca.

Días atrás el nobel Mario Vargas Llosa definió a la posverdad como una mentira, estafa, o falsedad encubierta. De esta manera el término posverdad serviría para ocultar la tradicional propaganda política, mediante una comunicación estratégica como instrumento de manipulación y proselitismo.

Por supuesto, es razonable preguntarse si esto que llamamos posverdad no alude al viejo arte político de la disimulación, vestido ahora con nuevos ropajes. ¿Acaso no dejó escrito Maquiavelo que el príncipe que engaña encontrará siempre quien se deje engañar? Pero se diría que nuestra época le ha añadido acentos nuevos a esta vieja práctica, no siendo la posverdad una novedad, pero ojo tampoco es la mentira de siempre.Tiene una sutileza emotiva que empantana la claridad y confunde al honesto ciudadano creyente.

Se ha dicho que las redes aíslan a los individuos en silos, donde solo se comunican con quienes ya piensan como ellos, compartiendo noticias que ratifican sus creencias. En el interior de esas comunidades digitales, los seguidores se sienten cómodos y empujados al acuerdo, escuchan lo que quieren oír, no la verdad sino la posverdad.

Hace ya mucho que en el mundo se habla de la posverdad, pero hubo que esperar al Brexit y al triunfo de Trump para que esa expresión integrara en 2016 el Diccionario Oxford como la palabra del año. 

La posverdad no es otra cosa que un dicho que refiere a circunstancias, en las que los hechos objetivos no cuentan. No importa la verdad, sino el impacto que en la opinión pública crea una frase, un relato, una afirmación  basada en falsedades.

Tal vez el mejor ejemplo sea lo que se denominó "el relato K", tal como lo conocimos en la última década, con algunas frases celebres como  que en "la Argentina hay menos pobres que Alemania", o que "si la inflación fuera del 25% el país estallaría por los aires", "si me pasa algo, que nadie  mire al Oriente, miren al Norte". 

Hace un tiempo atrás el inefable autor de la frase que precedía a estas posverdades se refirió a José López, el de los bolsos del convento de las monjitas (que después nos enteramos que no eran monjitas), con un argumento que le saca jugo a la posverdad, dijo muy suelto de cuerpo que: "Cuando aparece lo de López, a todos nos salpica esa mierda. Pero hay que darlo vuelta. Eso no es plata robada. Es plata de coima. No se le robó al Estado".

Y a eso hay que sumar la posverdad de Cristina, cuando ante la Justicia denuncia que las causas en su contra son armadas por legisladores opositores que quieren proscribirla, pero no dice una palabra sobre las pruebas que los jueces van recogiendo y que la incriminan junto a parte de su familia.

La pregunta es ¿la posverdad reinara para siempre en la vida política nacional? No será necesario que llegue la hora donde la verdad y la búsqueda de la verdad, sean una tarea conjunta de todas las fuerzas partidarias,  para acercarnos cada vez más a una democracia participativa con el formato de la  búsqueda del bien común.

Tal vez así, algún día nos podamos alejar del viejo fantasma de la democracia schumpeteriana en el que hemos caído, en donde el  engaño permanente de la clase política para con la ciudadanía va inoculando una democracia elitista, con líderes contrapuestos enfrentados únicamente por el poder,  y en donde el pueblo solo puede resolver cada cuatro años, sobre algo que su clase dirigente, sus amos, sus patrones, sus señores, ya decidieron primero por ellos desde hace tiempo.

(*) Dardo Pereira, exclusivo para Cadena BA. Domingo, 21 de Mayo de 2017.

Odontólogo. Profesor de Historia. Presidente de la Sociedad Odontológica de La Plata (SOLP). Docente de la Facultad de Odontología de la UCALP. Escritor.