22-08-2017
"¿El triunfo del nihilismo democrático?"
Por Emilio Rodríguez Ascurra, Filósofo @licenciadamente

Una posible lectura acerca del triunfo de Trump, los valores morales y la coyuntural Argentina.

El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, no me atrevería a decir inesperado ya que no se puede "no-esperar" un resultado entre dos posibles y menos aún cuando la brecha otorgada por las encuestas de los últimos meses previos a la elección demostraban que existía tal posibilidad, y sus efectos aun no han comenzado a sentirse.

 Pero las conjeturas previas son muchas y variadas, especialmente en nuestro país en donde todo lo que ocurra siempre es en oposición a nuestros intereses, el gran karma argentino de creernos el ombligo del mundo una vez más nos lleva a discurrir en un camino que va desde la postura del "opinólogo argento" hasta la insensatez.

Sin embargo los argentinos somos expertos en elegir gobiernos populistas, sostenerlos en el poder mirando hacia otro lado si es necesario, para luego preguntarnos qué nos pasó y sentirnos falsamente defraudados. Esta parece ser una tesis algo más aceptada de lo que está ocurriendo en gran parte del mundo: el avance del populismo, en tanto no se estructura como una corriente política o ideológica sino más bien como una lógica del poder, en la que poco importa la prédica de quienes la llevan adelante, incluso el grado de su peligrosidad como proyecto futuro, sino la revolución de las masas, o rebelión tal como titula su obra Ortega y Gasset.

Esta Semana Santa encontraron leyendo un ensayo del historiador americano William Sheridan Allen, titulado "La toma del poder por los nazis", quien en sus más de 500 páginas propone cómo la crisis económica de la desaparecida República de Weimar, proyectada en la realidad de un pequeño poblado, Northeim en la ciudad de Hanover, sumado a la falta de respuestas concretas por parte de los gobernantes a las diversas problemáticas sociales, impulsaron el fanatismo y la reacción de gran parte del pueblo que hasta entonces no figuraba dentro del mapa de los ciudadanos "políticamente activos".

Sería descabellado comparar a Hitler con Trump, pero no así dejar de ver que gran parte del triunfo de este último sobre su contrincante Hillary Clinton se trata en realidad de la silenciosa pero poderosa acción de los "anti-sistema", es decir de aquellos que antes no se habían involucrado en cuestiones políticas y que cansados de quedar marginados por las diversas gestiones decidieron apoyar al magnate y popular conductor de tv, Donald Trump.

No fueron sólo sus ideas, tampoco la necesidad de alternancia bien articulada entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano que se da en la primera potencia mundial, sino el descontento y el fanatismo que este hombre supo capitalizar y levantar como su estandarte de victoria. Pocas fueron las ideas sensatas expresadas durante los debates presidenciales, que incluso según los diversos analistas perdió siempre, sino que fueron su estilo mediático, su popularidad y su promesa del "sueño americano", de devolverle América a los americanos, de retornar a ese ideal perdido, los que consumaron su éxito electoral.

He aquí donde nos encontramos con un posible análisis respecto de este acontecimiento que ha hecho temblar, a mi juicio antes de tiempo, la política global, sobre la que ni siquiera el Papa Francisco, el mayor líder mundial, ha querido expresarse al decir al diario La Reppública, días después de las elecciones: "No hago juicios sobre las personas ni sobre los hombres políticos, sólo quiero entender cuáles son los sufrimientos que su modo de actuar causa en los pobres y en los excluidos". Trump ha sabido encarnar la voz de los relegados del sistema desde un estilo populista vacío de ideas, sin ánimo de sostener que todo populismo carezca de ideas, sobre esto el filósofo argentino Ernesto Laclau se expresó magníficamente en su obra "La razón populista"

Es el populismo a lo Trump el que carece de ideas concretas y solo ha expresado frases de tribuna, escandalosas y repudiables en algunos casos, pero que difícilmente puedan tener un correlato con la realidad en pleno siglo XXI,  su campaña y su intención de gobierno aparecen como el triunfo de un proyecto nihilista: vacío de ideas, con un improvisado proyecto de Nación, y sin criterio objetivo de moral. La muerte de la metafísica expresada por Nietzsche en su célebre frase: "Dios ha muerto" pareciera cobrar nueva vida en Trump, esta vez referida a la democracia como cuasi concepto metafísico. Deberemos esperar para ver si esto es así, pero un posible análisis de este hecho nos permite mirar desde esta perspectiva sin ánimo de anticiparnos pero con la capacidad de ser críticos ante lo que parece inevitable.

(*) Emilio Rodríguez Ascurra, exclusivo para Cadena BA. 18 de abril de 2017

Filósofo. Docente.




PI Global Media