22-08-2017
"El Estado debe dejar de financiar al cine argentino"
Por Belen Marty @belenmarty

La Cultura en manos del Estado siempre es sinónimo de mala idea. El Estado diciendo qué es Arte y qué cosa no lo es, o qué puede leerse y qué no, o qué puede producirse y qué no siempre termina en catástrofes. La Revolución Cultural China, dirigida por el líder del Partido Comunista de China Mao Zedong de 1966 a 1976 fue un claro ejemplo de ello. La prohibición de literatura contrarevolucionaria en Cuba, o la famosa quema de libros en Berlín son otros retratos de hasta dónde puede llegar los políticos por controlar todo aspecto de la vida del individuo.

 

Salvando los miles de kilómetros y años que nos separan de lo sucedido en China, en Argentina el Estado controla parte de la Cultura. Lo hace, entre otros lugares, desde el otorgamiento de subsidios en la producción musical y cinematográfica. El conflicto suscitado en el INCAA el jueves pasado, con el Gobierno de Macri pidiéndole la renuncia al titular del instituto del cine más importante del país nos vuelve a poner sobre la mesa la pregunta clave: ¿debería existir el INCAA? ¿Cuál es realmente el papel del Estado en una Cultura?

 

A raíz de una serie de presuntas irregularidades investigadas por la producción del programa de TV Animales Sueltos, Alejandro Cacetta, hasta el jueves titular del iNCAA decidió dar un paso al costado presionado por el ministro de Cultura, Pablo Avelluto. Esta situación trajo malestar y enojo a la comunidad de productores, realizadores y distribuidores de la industria cinematográfica. Al parecer, Cacetta cuenta con una imagen de buena persona y amante del cine. 

 

"Conocemos la integridad personal y profesional del Presidente del INCAA, y rechazamos las imputaciones de supuestas irregularidades o hechos de corrupción que, con absoluta liviandad y falta del rigor fueron formuladas públicamente", sostuvieron en un comunicado, entre otros, la Academia de Cine y de las Artes Cinematográficas de la Argentina, la CAIC (Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica), ASOPROD (Asociación General de Productores), UIC (Unión de la Industria Cinematográfica) .

 

La cuestión de fondo, del fondo de fomento

 

Una de las tareas representativas del INCAA es administrar el Fondo de Fomento Cinematográfico, cuyo "principal función es el fomento de la cinematografía argentina mediante el otorgamiento de créditos, subsidios y en la aplicación del resto de las herramientas".

 

La resolución 1/2017 establece la normativa aplicable a la asignación, liquidación y pago de subsidios a la producción cinamatográfica "bajo el régimen de recuperación industrial y subsidio a otras formas de exhibición a películas nacionales de largometraje, como así también la reglamentación de los mecanismos de fomento respecto de películas de cortometrajes, desarrollo de proyectos y desarrollo de guiones".

 

Habiéndonos ya desayunado con esta resolución, se caen de maduro que el dinero con el que cuenta el INCAA para distribuir sus subsidios viene de los impuestos que nos cobran a nosotros, los contribuyentes y ciudadanos de a pie. El fondo de fomento se nutre, entre otras formas coercitivas de financiamiento, del 10% a toda entrada de cine. Esto lo paga quien se acerca a ver una película independiente boliviana como quien se acerca a ver Las Sombras de Grey.

 

"Que como herramienta de importancia sustancial para el ejercicio de la actividad de fomento referida en el considerando anterior, la ley asigna al INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES la función de subsidiar la producción cinematográfica nacional como así también la de adoptar otras medidas de fomento que recepten las necesidades particulares de los distintos tipos de producciones", cita la resolución antes mencionada.

 

¿Pero quiénes son aquellos iluminados que deciden a dónde va a ir a parar el dinero público en películas? ¿Y quien decide cuál película es valiosa y cuál no? ¿No debería ser, digo yo, el mismo público (o sea, el mercado) quién decida si la película es buena o no?

 

El abogado y twitero Pablo Torres así lo define: "El INCAA solo sirvió para que un grupo de snobs haga un millar de 'películas no comerciales' que nadie vio pero todos pagaron". 

 

Por suerte, la resolución publicada nos da una respuesta a este inminente interrogante: "Que resulta oportuno considerar que estas producciones pasarán por un doble proceso de selección competitivo a los efectos de obtener la declaración de interés por parte del COMITÉ DE SELECCIÓN. En primer lugar, estableciendo un cupo determinado de proyectos a subsidiar y en segundo lugar, facultando al COMITÉ DE SELECCIÓN para declarar total o parcialmente desierta la convocatoria".

 

Además de que esto da lugar a posible corrupción por amiguismo, favores, cometas, etc., es éticamente injusto que contribuyentes que no les interesa el cine (quizás les guste el teatro, los conciertos, o quizás no les guste nada) estén pagandole a productores de cine para que realicen películas que quizás, nadie vaya a ver solo porque un grupo de expertos consideraron que ese guión era "valioso".

 

No existe forma más justa de asignar recursos que el mercado. Ningún buen emprendedor anda pidiendole a punta de pistola (claro, los impuestos eso son) a sus vecinos que pongan dinero para su proyecto. Si lo hace lo hará con planes de negocios, con las mejores herramientas de ventas, con perspicacia, con un buen producto. Pero no será con dinero público quitado por la fuerza a la gente para que otros los asignen por él.

 

"Que, en tanto la sanción del Decreto 1346/2016 eleva el índice máximo de subsidios que pudieran corresponder a películas nacionales, resulta oportuno elevar el monto máximo a percibir en concepto de SUBSIDIO A OTRAS FORMAS DE EXHIBICIÓN o POR MEDIOS ELECTRÓNICOS de las películas que sean CIENTO POR CIENTO (100%) animadas", expresa la resolución. 

 

A todo esto se le suma, según el sitio web del INCAA, el "PLAN DE FOMENTO PARA LA PRODUCCIÓN DE CONTENIDOS AUDIOVISUALES 2016 - SEGUNDA EDICIÓN", un plan de inversión pública en series de ficción, docu-ficción, animación, telefilm, cortometrajes y series web para fortalecer la industria audiovisual nacional y generar trabajo calificado en todo el país.

 

Que conste en actas, no estoy en contra del cine nacional, estoy en contra que el cine se desarrolle a través de la asignación de recursos públicos, que bien podrían haberse destinado para alguna actividad que al contribuyente mejor le pareciera. Creo que con la creatividad y el ingenio que nos representan, los productores, realizadores y distribuidores argentinos bien podrían buscar fuentes alternativas de financiación y no ponernos a los amantes del cine, y aquellos que nunca lo pisaron, en una posición difícil de poder esquivarse. No es el rol del Estado financiar películas.

Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 17/04/2017

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. Gestora de Contenidos de @StaplesAR




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