22-08-2017
PANORAMA POLÍTICO BONAERNESE
"Efectos deseados, ocultos y temidos de la decisión de polarizar"
Por Andrés Lavaselli @Lavaselli (Agencia DIB @AgenciaDib )
Aunque no todos en el oficialismo parecen estar de acuerdo, la decisión, dicen, no tiene marcha atrás: la estrategia para la elección de este año pasará por la polarización con el kirchnerismo. Aunque parezca un dato trillado a esta altura, no lo es: supone una fuerte señal respecto de la identidad del candidato "premium" -una postulación ligada al conflicto docente-, que se lanza en medio de un debate abierto en el peronismo y en paralelo con cierta tensión con el radicalismo.

La definición de la línea política con la que afrontar la elección proviene del núcleo más puramente PRO del oficialismo, el que toma, en soledad, las decisiones importantes. Y aunque desde siempre para ese sector el kirchnerismo es una especie de "otro absoluto" contra el cual construir identidad y acumular capital simbólico, la confirmación de que será el rival al que se referirán exclusivamente durante la campaña es posterior (y probablemente muy inducida por) la marcha de 1°A. 

Cuando la semana que pasó la orden de polarizar atravesó la barrera del círculo más alto del poder hacia la dirigencia que debe ayudar a instalarla, en ese segundo anillo de influencia otro dato se dio "casi" por hecho: el primer candidato a senador nacional bonaerense (la categoría test en la lectura de los resultados) será Esteban Bullrich, es el ministro de Educación. Es el dirigente de Cambiemos que viene sosteniendo la idea del conflicto largo y ampliado pero controlado con los docentes. 

A Vidal le tocará ejecutar el próximo capítulo de esa estrategia. Ocurrirá el lunes, cuando proponga al Frente de Unidad Docente un Acuerdo Educativo Integral, que pone sobre la mesa de discusión (además de un aumento salarial del orden del 22%) cuestiones como el presentismo, el tipo de calificaciones o la formación de los maestros. Son temas de fondo, que le preocupan legítimamente a la Gobernadora. Pero también una fórmula ideal para prolongar una discusión que no se resolverá con ganadores o perdedores a secas.

Para una parte del oficialismo, que integran y no casualmente dirigentes de origen peronista, todo el plan incomoda. Produce vértigo. Esos dirigentes llaman la atención sobre el hecho de que se trata de polarizar con un antagonista que (con Cristina Kirchner pero aún quizá con Verónica Magario, Daniel Scioli o incluso Florencio Randazzo) tiene un 30 o 35% de intención de voto. "No hablamos de levantar a alguien que tenga un 10%, sino a alguien que tiene el triple. Hay muy poco margen, es arriesgado", se alarman. 

Una pregunta clave para los que sostienen ese punto de vista inquiere sobre el peronismo que puede robarle votos a Macri. Dicho en forma sencilla: ¿Qué pasa si Sergio Massa no se diluye? No es una pregunta descabellada. El líder del Frente Renovador conservó 5 millones de votos en una elección nacional en la que todos los pronósticos hablaban de su absorción por un polo y otro. En la provincia, Felipe Solá se quedó con un apreciable 20% cuando la pelea era entre Vidal y Aníbal Fernández, más antagónicos imposible. 

Hay otro costado: es razonable suponer el antagonismo exacerbado le permitirá al kirchnerismo, aun perdiendo, conservar buen poder de fuego en el Congreso y la Legislatura bonaerense. Suficiente para complicar el segundo tramo de las administraciones de Cambiemos. La dinámica de la polarización puede tener otra contraindicación: como tiende a poner a todo el peronismo opositor en la misma bolsa, tampoco ayuda a aceitar la dinámica parlamentaria. 

Con la resolución de la interna peronista aun en estado de incógnita, el plan M implica el pase de Elisa Carrió a Capital, para competir con Martín Lousteau. Ese movimiento se confirmará o no el 25 de abril. Dicen en Cambiemos que la prioridad es la Ciudad porque allí mide "más. También porque es un electorado que tal vez soporte mejor una campaña que probablemente Carrió deba afrontar bajo los efectos judiciales (reapertura de causa por enriquecimiento mediante) de un contraataque de Ricardo Lorenzetti, el juez de la Corte al que busca iniciarle un jury. 

A propósito, el retorno de Lousteau tiene otro efecto en PBA, que sufre el radicalismo. Aunque en Capital Cambiemos no existe (ni existirá) como tal, su desafío congeló la negociación de la UCR con el PRO en la Provincia. La lógica es que si en la Ciudad hay una especie de interna, en provincia podría haber una interna lisa y llana. El problema para los radicales bonaerenses es que Lousteau pude ilusionarse con ganar, algo que no es factible para los correligionarios de la Provincia. 

Panorama Bonaerense de Agencia DIB 15 de abril de 2017



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