24-04-2017
“Si quieren alguien infalible, busquen a otro”
Por Alberto Lettieri (Historiador) @albertolettieri
En las últimas semanas, el gobierno de Mauricio Macri ha experimentado una serie de tropezones cuya relevancia recién podrá ser valorada en su justa magnitud en los próximos meses. La vergonzante iniciativa de condonación de la deuda de Socma en relación con el caso del Correo Argentino, que algunos han considerado como un beneficio directo al padre del Presidente, Franco Macri, y otros una especie de auto-perdón, en la medida en que existen serias dudas respecto de la titularidad del emprendimiento, ha colocado a la Argentina en objeto de burla y de denuncia en la prensa internacional. Cuesta encontrar en la historia de las sociedades modernas institucionalizadas caso de entidad similar, y nos acerca peligrosamente al ficticio estereotipo sobre la situación venezolana del que Cambiemos prometió ampararnos hasta su acceso a la presidencia.

No ha sido por cierto, el único caso. Las declaraciones de reivindicación de la Dictadura Cívico-Militar por parte de funcionarios nacionales causan estragos incluso al interior de la propia alianza gobernante, sobre todo en aquellos radicales que con sinceridad reivindican la política de DDHH de Raúl Alfonsín, quien ve turbado su descanso eterno por las decisiones de un partido mucho más decidido a citarlo que a continuar con su compromiso democrático.

Por si esto fuera poco, el Gobierno difícilmente pueda salir airoso de su pretendida lucha contra la inflación, cuando sus políticas públicas alientan a incrementar precios y tarifas sin solución de continuidad. En efecto, a la enajenación de la capacidad de compra del salario provocados por los fabulosos incrementos en las tarifas de luz, se suman exacciones no menores en el caso de los peajes, sino olvidar las nuevas tarifas dispuestas para el gas, las prepagas, la escolaridad privada, y el transporte público, y su incidencia natural en el nivel general de precios.

¿Cómo puede justificar el Gobierno su pretensión de fijar en un 18%, y en 4 cuotas, la actualización de salarios docentes -y de los trabajadores en general-, cuando él mismos, y varios municipios de su propio signo político, incrementan las tarifas por encima del 100%? Y esto, naturalmente, sin considerar la incidencia de una inflación interanual que durante 2016 trepó hasta alrededor del 45%... El Jefe de Gobierno Porteño, Rodríguez Larreta, intentó justificar el aumento del 38% apelando al índice de inflación. Curioso índice es este, que automáticamente se reduce al 18% cuando se trata de incrementar los ingresos de los trabajadores, aquellos que con su trabajo y esfuerzo cotidiano sostienen una economía reorganizada en beneficio de unos pocos…

Lo que más llama la atención es el nivel de improvisación y de impunidad, sumada a la generosa dosis de soberbia, con que actúa permanentemente el oficialismo, cebado quizá por un efectivo blindaje mediático que, sin embargo, en los últimos días ha comenzado a presentar resquebrajamientos muy llamativos. En efecto, no satisfechos con la condonación de la deuda de la familia presidencial, el Gobierno decidió atacar simultáneamente, y no por primera vez, a uno de los sectores más expuestos de nuestra sociedad: los jubilados y pensionados, sometiéndose a la recomendación del FMI, como en los viejos tiempos. No era el primer golpe: ya el año pasado disminuyó drásticamente las prestaciones del PAMI, mientras que por otro lado destinaba 37 millones de pesos al Club Boca Juniors, verdadero laboratorio del PRO desde sus mismos inicios. La decisión gubernamental generó virulentas respuestas en el conjunto de la sociedad, incluida la propia alianza Cambiemos, donde muchos se preguntan hasta dónde deberán acompañar un programa que seguramente los dejará en comprometida situación, más tarde o más temprano.

Como si esto fuera poco, se anunció que, como consecuencia de las políticas gubernamentales, el precio del kilo de pan común se fijará en $ 50. Este no es un dato menor, ya que los panaderos vienen denunciando una caída del consumo de ese producto de un 35% en los últimos meses. Cuando se debe prescindir del pan, ya no quedan opciones. El Gobierno debería estar más atento a estas cuestiones, ya que justamente el incremento de este producto esencial se ha convertido en disparador de las más trascendentales rebeliones y revoluciones en la historia, comenzando por la Revolución Francesa. La célebre frase "Si no tienen pan,

que coman pasteles", atribuida de manera falaz a María Antonieta, para demostrar su desprecio por los sectores populares y el desconocimiento y desinterés sobre su sufrimiento que evidenciaba la aristocracia gobernante, terminaría con las cabezas de la familia real y en un baño de sangre que abriría las puertas a la República Democrática.

Sin embargo, el Gobierno nacional insiste en desentenderse de la magnitud de la crisis, y continúa con sus decisiones inconsultas sobre el supuesto de que se está administrando una empresa privada, o bien de que se está administrando a favor de corporaciones y actores sociales puntuales. Los tres mosqueteros de Mauricio Macri -Marcos Peña Braun, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, luego de haber sometido o desplazado a quienes se negaban a reconocer su autoridad todopoderosa, han comenzado a morder el polvo de los cuestionamientos y censuras internas. Algo muy natural, ya que la pretensión de detentar el poder absoluto sólo se retroalimenta con la evidencia de su efectividad. Y, claramente en este punto, los resultados son cada vez más impresentables. -"En lugar de un Gobierno de CEOs, parece que nos encontramos frente a un gobierno de pasantes"-, graficó muy acertadamente Diego Bossio para definir a la gestión oficial. La ocurrencia fue aceptada y validada mayoritariamente, incluso al interior de Cambiemos.

Ya desarrollada prácticamente la tercera parte de su mandato presidencial, costaría identificar beneficios de la presente gestión que no se remitan exclusivamente a grupos o actores corporativos. El malestar social crece, y ya las últimas encuestas muestran que incluso la imagen positiva de María Eugenia Vidal, aunque todavía muy alta, ha comenzado a retroceder. La de Macri lo ha venido haciendo desde los inicios mismos de la gestión, y sólo se salvan aquellos que, dentro de la alianza gobernante, han mantenido un perfil diferenciado, como por ejemplo Lilita Carrió. Tal vez por esta razón la gobernadora bonaerense haya salido a declarar que, en definitiva, no sería tan grave perder una elección de medio término, a la luz de los datos que llegan a su despacho.

La estrategia comunicativa de Durán Barba, que permitió el crecimiento del PRO y su acceso a la presidencia nacional y a la de varias de las principales provincias argentinas, parece comenzar a agotarse. El reconocimiento de supuestos errores, presentado inicialmente como una actitud diferenciadora y superadora de la cuestionada soberbia de Cristina Fernández de Kirchner, ha comenzado a hastiar a la dirigencia y a crecientes segmentos de la sociedad. Nadie llega al gobierno para aprender, y si eso es tolerable en un principio, llega un momento en que el humor social comienza a intranquilizarse. La sociedad ha tolerado con cierta pasividad la resignación de aquellas consignas electorales de Cambiemos que apuntaban a beneficiar el bien común. Pero la insistencia en beneficiar a unos pocos, y la tendencia a presentar como "errores" a aquellas iniciativas que perjudican a las mayorías o benefician a las cercanías el poder institucional, están perdiendo dramáticamente su eficacia.

En este sentido, la conferencia de prensa brindada por el Presidente Mauricio Macri, donde declaró que: "Si quieren alguien infalible, busquen a otro", sonó más bien como un cachetazo a la opinión pública que como un reconocimiento sincero de los supuestos "errores" cometidos. Y esto, fundamentalmente, porque la sociedad ya no cree que se haya tratado de errores. Y tampoco es posible pretender que se pueda poner marcha atrás y "volver a fojas cero" en iniciativas con tal alto impacto social y moral.

Llamativamente, la pérdida de paciencia se manifiesta con mayor transparencia en aquellos medios y publicistas que gozaron de las mieses del poder durante el gobierno de Cambiemos, como Luis Majul, Mirta Legrand, Nelson Castro y, sobre todo, del propio diario Clarín, que publico un descalificatorio editorial de Fernando González, que muchos interpretaron como un verdadero pedido de renuncia al primer mandatario y a su entorno más cercano. Más aún, no faltan las mentes conspirativas que sostienen que, en verdad, las impresentables acciones y decisiones del gobierno apuntan a acelerar la transición, en beneficio de algún@ dirigente mas experimentad@ que ya haya dado pruebas de su capacidad de beneficiar a los intereses más concentrados con una retórica que endulce los oídos de las mayorías. Como es sabido, las fronteras entre la fantasía y la realidad son siempre caprichosas, sobre todo en política.

De todos modos, si bien los desaguisados del Gobierno nacional parecen afectar gravemente su fortaleza, y anticipan la necesidad de generar algunos recambios para sortear el temporal, la situación no resulta más grave aún debido a la fragmentación que conserva la oposición, y sobre todo, a la de aquel segmento de la oposición que responde enfáticamente al desafío lanzado por el Presidente Macri de que "Si quieren alguien infalible, busquen a otro". Ellos tienen a ese otr@ del que no dudan que sea infalible, más allá de que la mayoría de la sociedad, e incluso del propio campo nacional y popular, no lo comparta.

Ha sido esa la razón por la cual lo que debió ser un momento de gloria para el peronismo terminó convirtiéndose en otra oportunidad perdida. La actitud de los miembros del stalinismo K, tanto durante el tratamiento de la reforma a la Ley de ART en diputados, tratando como traidores a compañeros de probado compromiso con las luchas populares, como Héctor Daer, Oscar Romero o Diego Bossio, demuestra una vez más la escasa voluntad de estos sectores enquistados en el cristinismo más rancio de favorecer la unificación del campo popular. Para ellos queda claro que esa unificación devendría, lógicamente, en la pérdida de ese injustificado poder que mantuvieron durante las gestiones de CFK, y parecen volcar todas sus fuerzas a prolongar indefinidamente la división interna, a menos, naturalmente, que el resto del peronismo se allane a convertirse en furgón de cola de los derrotados en 2015.

La cuestión no quedo allí. Ya desde el mismo miércoles comenzó a naufragar el Congreso convocado en Santa Teresita, donde debería anunciarse con bombos y platillos la reunificación peronista. Una vez más, serían las irracionales pretensiones de la Cámpora, de colonizar el espacio en beneficio de los intereses de su Jefa y de los suyos propios, el disparador de la crisis. La pretensión de Máximo Kirchner -quien parece haber heredado el apellido pero ninguno de los méritos políticos de su padre- de convertir al Congreso del peronismo en un acto reivindicatorio de CFK, apropíándose de la definición de la lista de oradores e incluyendo en las definiciones una marcha a Comodoro Py el 7 de marzo, ninguneando la medida de fuerza de la CGT, hizo estallar el polvorín. Esto se agravó todavía más cuando el Grupo Esmeralda decidió dar un paso al costado, rechazando de plano la pretensión del stalinismo k de monopolizar la lapicera en la definición de las listas electorales. La ex presidenta, con su habitual inspiración pluralista y democrática, habría pretendido quedarse con 7 de los primeros 10 lugares de la lista de diputados nacionales y la mitad de los legisladores provinciales, contradiciendo las promesas formuladas el año pasado a las agrupaciones militantes y a los grupos de intendentes peronistas. En verdad, a medida que se van conociendo las exigencias de CFK y del stalinsmo k que hicieron fracasar el Congreso del PJ, cada vez queda más en claro que Cristina no queria la unidad, sino el unicato, fiel al estilo de su admirado Julio A. Roca.

"Esto es todo beneficio para Macri, que se ahorró una foto en la que le íbamos a marcar todas las consecuencias nefastas de su modelo económico y también es ganancia para Massa que ahora puede decir: ´Vieron, yo les avise´"- comentó con amargura un reconocido dirigente del peronismo. Realidad dura, por cierto, pero no sorprendente, ya que mantiene su coherencia con una lógica que venimos desplegando en esta página desde hace más de un año. Más aún: no faltó quien recordara las sospechas nunca aclaradas sobre la relación entre CFK y la familia Macri, un argumento tan sórdido que nos lleva, una vez más, a los confines de la fantasía.

Lo cierto es que el kirchnersimo -a propósito, Néstor Kirchner debe ser otro que, junto con Alfonsín deberá estar revolcándose en su tumba al observar los despropósitos que se cometen apelando a su nombre-, ha salido una vez más en socorro del PRO. Y esto por no hablar de la prisión impuesta al General Milani por sus acciones durante la Dictadura Cívico Militar. Curiosamente, otra de las áreas donde las contradicciones entre la retórica de CFK y las prácticas concretas de su gobierno entraron en contradicción, al designar a un denunciado violador de los DDHH en un área estrategia de su gestión.

¿Qué le queda esperar al peronismo? ¿Deberá insistir en un forzado acuerdo de unidad electoral resistido por las partes, y que ha terminado por construir una grieta interna tal vez mayor a la existente con el antiperonismo? O, por el contrario, resultaría más razonable acercarse al Frente Renovador, o tal vez participar en las próximas elecciones con listas propias, fuera de la incómoda convivencia con el cristinismo? La opción de hierro es simple: o se construye una alianza electoral de escasa coherencia, que tal vez prometa beneficios inmediatos, y tempestades a partir del día después de la victoria, o se intenta seriamente impulsar una renovación del peronismo, componiendo un Frente Popular con la participación de radicales, socialistas e independientes, realmente comprometidos con el ideario nacional?

Los interrogantes son muchos, y las respuestas no parecen encontrarse al alcance de la mano. Mientras tanto, el Gobierno puede recuperar el aire y replantear su futuro, gracias al invalorable auxilio de ese "populismo" denostado en el discurso y favorecido en las prácticas, que, tanto hoy como ayer, le ha servido de indispensable aliado.

Alberto Lettieri exclusivo para Cadena BA. 18/02/2017

Doctor en Historia, Ex Director Académico del disuelto Instituto de Revisionismo historico Manuel Dorrego, Prof. Tit. UBA, Investigador Conicet, Escritor. 




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