25-09-2017
"Argentina: 'En el país de No Me Acuerdo'"
Por Alberto Lettieri (Historiador) @albertolettieri

Hace muchos años, la maravillosa compositora argentina María Elena Walsh escribió una de sus tantas canciones y poesías inmortales, que traducen a la perfección las contradicciones y el modo de ser de la sociedad argentina. Me refiero, en este caso, a "En el País de No Me Acuerdo", del que reproduzco a continuación uno de sus versos para refrescar la memoria de los lectores:

"En el país del no me acuerdo

Doy tres pasitos y me pierdo.

Un pasito para atrás,

y no doy ninguno mas,

porque yo ya me olvide,

donde puse el otro pie."

Desde su composición han pasado décadas. Sin embargo, la sociedad argentina parece empecinada en reincidir en prácticas y en senderos que sólo la han conducido a un camino de decadencia y empobrecimiento de las mayorías. Quizá este sistemático olvido o desconocimiento de la experiencia histórica sea una problemática a abordar desde la patología de las enfermedades sociales. Quizá se trate de simple ignorancia. Quizá sea el resultado exitoso de políticas que apuntan a favorecer la manipulación de las mayorías. Se trate de cualquiera de estas opciones, o tal vez de otras que no he considerado, la conclusión es la misma: los argentinos seguimos viviendo En El País de No Me Acuerdo.

En el día de hoy, por ejemplo, deberíamos estar celebrando el Bicentenario de la Batalla de Chacabuco, combate fundamental para la consolidación de la Independencia de América, librado pocos días después de que el General San Martín, al mando del mítico Ejército Libertador, concluyera su travesía a través de Los Andes. No hubo cadena nacional, ni actos oficiales, ni siquiera tweets oficiales. También el hecho histórico parece haber pasado desapercibido para el resto del arco político. San Martín, al mando de sus batallones argentinos y chilenos marcó hace 200 años un hito en la historia americana. Al día de hoy, ese hecho ha quedado en el olvido. Claro que olvidarse de la independencia, o de sus momentos fundantes, no es cosa menor. El lector podrá elaborar sus propias inferencias al respecto.

La sociedad, gravemente dividida en una grieta que resulta funcional para algun@s, ha decidido mirar al pasado con un solo ojo, y no acepta crítica ni cuestionamiento alguno sobre las conductas de sus líderes y de las agrupaciones políticas en las que se referencia. El caso del Correo Argentino, que tanto ha conmovido a la opinión pública en los últimos días, es realmente muy ilustrativo. No es la primera vez que la familia presidencial se ha visto beneficiada por condonaciones y transferencias al erario público de sus cuantiosas deudas. Ha pasado en los 70, en los 80, en los 90, y en los 2000. Es más, se trata de una práctica bastante habitual en la clase dominante de nuestro país desde sus propios orígenes. Tal vez por eso no debería sorprendernos que la legislación vigente, que se remonta en muchos casos a las décadas de 1980 y 1990 e, incluso, a los años de plomo de la Dictadura Cívico-Militar, resulte tan generosa con quienes han incurrido en quiebras o manejos financieros un tanto turbios. Por esa razón, se comprende que la explicación de los referentes de Cambiemos sobre la magnitud de la condonación de la deuda contraída con el Estado por Franco Macri, o sobre la supuesta transparencia del procedimiento adoptado, remitan insistentemente a la normativa legal.

En tanto el capítulo de la ética y los deberes de los funcionarios públicos resultan convenientemente disimulados en esa argumentación, la explicación se completa responsabilizando al gobierno kirchnerista por no haber exigido oportunamente, durante sus 12 años de gestión, el pago de la deuda contraída por la empresa privatizada en beneficio de Franco Macri. Incluso se ha llegado a responsabilidad de los gobiernos K de no defender adecuadamente los intereses del Estado y la sociedad argentina. ¿Defenderlos de quién -podríamos preguntarnos? La respuesta tácita es demoledora, y remite directamente a la familia presidencial.

Evidentemente, la fundamentación está rebozada con cierto cinismo, bastante habitual en las expresiones de las primeras líneas de esta gestión. Pero, más allá de eso, preocupa que ex funcionarios y referentes del cristinismo mantengan su silencio al momento de explicar qué fue lo que se hizo para cobrar esa deuda, o por qué no se lo hizo en caso contrario. Algunos sostienen que la explicación exigiría introducirse en las profundidades de la tristemente célebre Patria Contratista. La sociedad no cree en brujas…

Más allá de las respuestas que debería presentar la gestión anterior, parece quedar muy en claro que la condonación de la deuda contraída por la empresa Socma, presidida por Franco Macri, estaría viciada de nulidad absoluta, por diversas razones: la empresa ha litigado al Estado Nacional por la re-estatización, lo cual impediría la celebración de acuerdos entre las partes litigantes; es cuestionable la potestad de un funcionario con designación transitoria como Guillermo Mocoroa para aceptar la oferta recibida; el vínculo filial entre el Presidente de la Nación y su padre, afectaría la ética y los deberes del funcionario público, el Ministro del área respectiva, en este caso Comunicaciones, Oscar Aguad, podría ser considerado en situación de condicionamiento al haber sido designado por el Presidente Mauricio Macri, y encontrarse bajo su autoridad directa, etc.

Estas y otras cuestiones de relevancia similar han sido denunciadas puntualmente por la oposición. Varios diputados el FPV han solicitado la interpelación del Ministro. También el Peronismo y el Frente Renovador han levantado críticas y denuncias de alto voltaje. 

Por ejemplo, el jefe de la bancada del Bloque Justicialista, Oscar Romero, expresó una crítica encendida, al calificar al acuerdo como "vergonzoso", "negocio familiar" y una "estafa a los argentinos". Para el diputado, e histórico dirigente de SMATA, "La condonación de esta deuda millonaria es un fraude para el pueblo. Cuando decimos que este gobierno es para unos pocos -agregó- lo verificamos en cada uno sus pasos. Está claro que los argentinos no debemos pagar las deudas de las empresas privadas. La Justicia debe pronunciarse rápidamente sobre la escandalosa condonación de esta deuda." 

Por último, enfocó su censura a la Secretaria de Ética Pública de la Oficina de Anticorrupción, Laura Alonso, que "evidentemente entendió que su rol es llegar siempre tarde o mirar para otro lado ante este tipo de hechos."

El caso de Correo Argentino permite echar luz sobre las debilidades de la República democrática en nuestro país. La Oficina Anticorrupción, por ejemplo, que debería garantizar la ética en el desempeño público, no está a cargo de la oposición sino de la fuerza política que ejerce el Ejecutivo Nacional, por lo que el funcionario a su mando debe su designación a aquellos mismos a los que debería controlar. La Ley de Quiebras ha sido objetada por su exceso de contemplación en beneficio de quienes incurren en conductas escasamente transparentes, pero sin embargo no ha tenido inconvenientes en sobrevivir las gestiones de diversas fuerzas políticas de diverso signo.

Mientras esto sucede, y el poder real -ese que no se ve afectado sustancialmente por los cambios de gestión- parece haber conseguido incrementar significativamente su concentración de riqueza, el futuro que se avizora para nuestro país no parece dar razones para el optimismo. Las altas tasas de colocación de deuda que debío ofrecer la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, demuestra escasa credibilidad de parte de eventuales inversores externos. El propio Ministro de Finanzas, Luis Caputo, en gira para la colocación de nueva deuda, acaba de reconocer la caída en la cotización de los bonos argentinos, no sólo por el denominado "efecto Trump", sino por las poco alentadoras expectativas que genera nuestra economía. Además -tal como sostienen varias publicaciones especializadas de nuestro país y del exterior-, hay demasiadas cuestiones viscosas en lo referido a los activos e inversiones de las primeras líneas del Gobierno que desalientan las expectativas de potenciales inversores. Esta sumatoria de condicionantes habría llevado al Gobierno Nacional a limitar la emisión de deuda para el año próximo a la mitad de la negociada en 2016, situación preocupante para las finanzas Estatales en una economía en pleno proceso de achicamiento y en vistas de un inminente proceso electoral de relevancia.

¿Qué nos espera para los próximos meses y años? No es mi intención oficiar aquí como aprendiz de brujo. Sólo me permito recordar que ya hemos atravesado varias situaciones similares en el pasado, y las consecuencias nos fueron precisamente neutras. Sólo viviendo En El País de No Me Acuerdo estas experiencias podrían haber quedado en el olvido, del mismo modo que lo ha quedado, en el día de la fecha, el Bicentenario de uno de los hitos más decisivos en la Independencia Americana.

Alberto Lettieri exclusivo para Cadena BA. 11/02/2017

Doctor en Historia, Ex Director Académico del disuelto Instituto de Revisionismo historico Manuel Dorrego, Prof. Tit. UBA, Investigador Conicet, Escritor. 




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