24-04-2017
"Trump: ¿El Perón estadounidense?"
Por Belen Marty @belenmarty
A exactamente 8.391 km de la capital de Estados Unidos, en Argentina no se habló de otra cosa que de Donald Trump por varios días seguidos. Quizás por esa extrema corrección política que sufrimos en este país, todos con los que hablabas del tema estaban radicalmente en contra del mangane yankee devenido en el mandatario más importante del mundo libre. Pero, curiosamente, las políticas que más critican del flamante presidente son las que les gustaría (al menos eso dicen) aplicar en nuestro país. Repasemos... La creación del muro, proteccionismo comercial, echar inmigrantes que tengan antecedentes. ¿Les suena familiar?

Los primeros días de Trump al frente no desencajaron con su personalidad. Cualquiera que venía siguiendo sus promesas de campaña y sus excéntricas apariciones en los medios podía esperarlos. Sin ánimos de apaciguar las aguas con la comunidad latina en su país, decidió quitar la versión en español de la página web de la Casa Blanca, apenas un par de horas después de tomar posesión de su cargo. Por el otro lado, devolvió el busto del político Churchill al Salón Oval que Obama, su predecesor, había removido y reemplazado por uno de Martin Luther King. Pequeñas acciones, grandes símbolos que marcan algunas prioridades o caminos por dónde sus políticas irán a transitar en los próximos años.

Ideológicamente, Trump abraza al anti-progreso, es decir, ampara a una ideología colectivista nacionalista antiglobalizadora. Mientras las naciones más libres progresan gracias al comercio y las transacciones multinacionales, Trump probará una receta que demostró ser harto ineficiente para los locales: Cerrar el país lo único que le traerá a Trump serán dolores de cabeza y un empobrecimiento del nivel de vida actual. 
 
Desde un punto de vista ideológico, el gobierno del nuevo presidente de Estados Unidos no puede empezar con peor pie: el del colectivismo nacionalista antiglobalizador. Como diríamos en casa "eso ya fue, es muy Siglo XVI". Lamentablemente, ese discurso nacionalista (todo parte de la campana Make America Great Again) fue un poco el leitmotiv de su discurso (Ver "Somos una nación y el sufrimiento de los demás es nuestro sufrimiento. Compartimos un corazón, un hogar y un destino glorioso). Un presunto interés nacional, del cual él sabe descifrar cuál es, por sobre el interés de cada uno de los estadounidenses. 

Quizás Trump aprendió del General Perón su odio hacia los medios de comunicación, su obsesión por mostrarse capaz y de buscar protagonismo, su rol de caudillos frente a las problemáticas que requieren un líder fuerte, la presentación de un enemigo extranjero en común, la política de sustitución de importaciones. La diferencia, quizás, es que de alguna manera (y quizás sea lo mejor que tenga), Trump intentará reducir los impuestos para crear empleo real. 

Quizás los argentinos tenemos la culpa de todo y, al tener la memoria de Perón en todos lados, le dimos la idea a Trump para que lo imite. El discurso populista del presidente norteamericano es desalentador. Oculta, al llamar a todos parte de un mismo "pueblo" la diversidad de intereses que existe en cada estadounidense.

De vuelta, Trump asocia su presidencia con "el pueblo" (cualquier semejanza con el Pocho es mera coincidencia): "Hoy no estamos simplemente transfiriendo el poder de una administración a otros, sino que le estamos transfiriendo el poder desde Washintgon D. C a vosotros, al pueblo (…) El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo se convertirá nuevamente en el gobernante de esta nación".

¿En qué parte un argentino que exporta limones a EE.UU. es enemigo del pueblo norteamericano? En todo caso, claro, será el enemigo del que produce limones en California. De hecho, la principal organización de citricultores de ese estado celebró la medida del presidente que busca "proteger" a los empresarios locales por sobre los consumidores estadounidenses de limones que se verán incapaces de elegir variedad de esa fruta.
 
Con el proteccionismo, una doctrina económica que augura levantar artificiales barreras comerciales entre naciones por el solo hecho de que están de otro lado de una barrera imaginaria, se pretende que los consumidores locales sean obligados a consumir productos nacionales solo por ser... nacionales. Será eso, ¿atacar al corazón del pueblo? Parecen palabras sacadas del corazón de una dama olvidada y no de la razón y de la evidencia.

Cuando el economista francés Federico Bastiat vio en 1845 que los ingleses ponían un impuesto a las ventanas con fines de recaudación y para estimular la venta de velas, en su indignación, escribió su celebre "Petición" para burlarse de la estupidez proteccionista. Es de recomendable lectura y básicamente escribe con ironía la petición de los fabricantes de vela a que le pongan un impuesto al sol, que compite deslealmente. Pasaron 170 años y aún parece que no hemos aprendido la lección.
 
Este economista también decía que el mal economista persigue un beneficio inmediato que será seguido de un gran mal en el futuro, mientras que el verdadero economista persigue un gran bien para el futuro, aun a riesgo de un pequeño mal presente. Lo importante, entonces, es recalcar que el comercio libre y voluntario siempre genera riqueza porque implica un beneficio para ambas partes (comprador y vendedor) porque, como sabemos a esta altura, el valor de los bienes es subjetivo y no objetivo, ya que el producto depende del valor que cada uno le de. Se puede generar valor solo cambiando de lugar un bien.

Como dice el economista argentino Marcos Hilding Ohlsson: "Si algún político, sea Moreno o Trump, deciden que eso es malo, y que deben interferir en el intercambio voluntario, no sólo coarta la libertad de actuar como a uno le plazca sino que pierde la oportunidad de comprar mejor y más barato, o de vender mejor y más caro. Claro que algún tercero se puede beneficiar, a costa de estas perdidas y es la razón que muchas veces impulsa el proteccionismo".

Hay mucho que nos queda por analizar del nuevo presidente. Sus similitudes con el senador demócrata, y último precandidato a presidente Bernie Sanders también dan que hablar: ambos son populistas, quieren aumentar el gasto en infraestructura, salud y seguridad, creen en una élite que corrompe al pueblo (una élite económica, quizás), ambos alertaron sobre el problema de la inmigración y ambos coinciden en que el laizzez faire no es el mejor camino.

Mientras tanto, suceden marchas como la Marcha de la Mujer y declaraciones de estrellas de Hollywood defenestrándolo en público. Muchas de esas mujeres jamás alzaron la voz por la falta de mujeres en la elite cubana (¿alguna vez algún hippie con Osde argentino dijo algo sobre eso acá?). Trump cortó con los tratados de libre comercio, con inmigrantes de ciertos países y ahora mató a 14 terroristas. Veremos como se van acomodando las piezas de este ajedrez que por un lado tiene a un nuevo líder nacionalista en EEUU y del otro lado, un mundo que busca cada vez más la libertad...

Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 29/01/2017

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. Gestora de Contenidos de @StaplesAR




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