24-04-2017
"Fiestas electrónicas: Los responsables de las muertes son los propios drogadictos"
Por Belen Marty @belenmarty

¿De quién es la culpa que la gente se drogue? ¿Debe el Estado tener moral en sus políticas públicas relacionadas a cómo debe vivir cada ser humano? ¿Hasta dónde debe llegar la libertad de cada quién? ¿Somos víctimas de la sociedad o somos adultos responsables? Con estas preguntas podemos empezar a debatir sobre qué está pasando en la sociedad con las drogas y el discurso político.

Tras la muerte de la joven GiulianaMaldován de solo 20 años que falleció tras asistir a una fiesta electrónica producto de una hemorragia interna masiva, después de haber consumido éxtasis reabrió la conversación tan polémica como interesante.

Lo primero que tenemos que ponernos de acuerdo como sociedad es si el individuo tiene o no tiene derecho a disponer de su cuerpo como le plazca. No estamos hablando de hacerle daño a un tercero, sino de ingerir las sustancias que se le dé la gana. Llamémoslas tabaco, marihuana, éxtasis, alcohol, gaseosas azucaradas o limonada. Y en cuestión de principios no hay grises, no hay depende, no hay "gestión", no hay discursos políticamente correctos. La respuesta, por supuesto, es sí. Todos tenemos derecho de cuidar o destruir nuestro cuerpo, nuestra propiedad más íntima, de la manera que más o menos nos guste.

Inmersos en una sociedad ultra políticamente correcta, cualquier cosa que dice a viva voz y que contradice al establishment político y mediático está sujeto a lo que llamen todo menos lindo. Por eso, no llama la atención como no hubo un solo medio de comunicación que haya tratado a los drogadictos fallecidos en la fiesta electrónica como responsables de sus propias decisiones. Fueron víctimas solamente de sus malas decisiones. La responsabilidad no puede ni debe ser asociada a la persona que le vendió la pastilla, ni a la sociedad en su conjunto, ni a su familia o grupo cercano. La libertad de elegir qué hacer con el cuerpo viene de la mano de la responsabilidad por lo que hacemos con él.

Una vez que ya coincidimos que uno tiene derecho a disponer de su propio cuerpo, vemos que como dice el analista político Juan Carlos Hidalgo, la prohibición de las drogas ha tenido consecuencias desastrosas muy similares a la que sufrió el alcohol en los años veinte en Estados Unidos.

"En vez de reconocer el fracaso de dicha política, la mayoría de los gobiernos alrededor del mundo se han empeñado en gastar más recursos y atentar más contra las libertades de sus ciudadanos en un esfuerzo inútil por detener el comercio ilegal de narcóticos. Legalizar las drogas eliminaría o mitigaría significativamente las terribles consecuencias que enfrentamos bajo el actual enfoque prohibicionista", sostiene el experto que trabaja como investigador en thinktank liberal Cato Institute.

Pensar que la prohibición es el camino es un enfoque arcaico, retrógrado y que ha probado no funcionar. Ni siquiera podemos tener nuestras cárceles libres de drogas pretendemos que desaparezcan de un país entero. ¿Es serio esto? ¿No les resulta ni un poquito gracioso el enfoque? Ni convirtiendo a la Argentina en una prisión entera lograremos mitigar la demanda de drogas (y porque habrá demanda, seguirá existiendo la oferta, lógico).

Los únicos que se benefician con esta guerra contra las drogas son, sin lugar a dudas, los narcos y los que dependen de ellos. Los que se valen de la ilegalidad para poner precios a drogas sin controles de calidad ni seguros. Con una legalización, el comercio de la droga pasaría a estar regulado como cualquier otro bien, la oferta competiría entre sí para ofrecer una de mejor calidad y a mejor precio. Continuar con la política prohibicionista no es otra cosa que un despilfarro de recursos que bien podrían encontrar un mejor destino: educación para prevenir, hospitales, etc. Los interesados en consumir podrían chequear la calidad de la misma sin temor de caer arrestados.

"La legalización pondría fin a la parte exageradamente lucrativa del negocio del narcotráfico, al traer a la superficie el mercado negro existente. Y con la desaparición de la clandestinidad del narcotráfico disminuye dramáticamente la problemática social ligada a dicha actividad", anticipaba Hidalgo. Por supuesto, la actual prohibición de las drogas no detiene al mercado, simplemente lo ha mantenido oculto bajo el manto de la ilegalidad.

Coincido con Carlos Maslatón, quien posteó en su Facebook que los drogadictos no pueden alegar sus propias torpezas. En este sentido, ni el estado ni la sociedad son responsables de que, voluntariamente, estas personas decidan poner en riesgo sus vidas consumiendo sustancias peligrosas. El resto de la sociedad, que trabaja y se rompe el cuerpo picando la piedra todos los días no puede hacerse cargo de aquellos irresponsables que exigen clemencia por malas decisiones tomadas con conciencia.

Según datos publicados por el Cato Institute el 80% de las muertes relacionadas con drogas son causadas por la falta de acceso a dosis estandarizadas.

Por supuesto, la legalización también socavaría gran parte de la corrupción que cae hoy en dependencias policiales, en la aduana, en jueces convalecientes, en el Poder Ejecutivo, etc. A muchos les han comprado el silencio por años generando una red de mafias y contrapoderes.

Los vendedores de drogas son hoy delincuentes sin víctimas. El consumo de drogas es también un delito sin víctima. ¿Cuál es la víctima de una decisión tomada voluntariamente? Nadie obliga a nadie a consumir ni a comprar. Por eso, miles de millones de los recursos públicos van a parar a perseguir a dos personas que están haciendo una transacción completamente legítima. ¿Por qué esos recursos no pueden bien destinarse a combatir los verdedores delincuentes: a los violadores, ladrones, estafadores, terroristas?

Es hora de que la sociedad aprenda a convivir con la legalización de una sustancia hoy fuera de la ley, tal como lo hizo con la legalización del tabaco y del alcohol años atrás. La sociedad debe dejar el dedo acusador sobre la moral del otro. Siempre y cuando el vecino no viole nuestros derechos, tiene - o debería tener- todo el derecho y la libertad de vivir su vida. Ni más ni menos.

 Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 5/01/2017

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. Gestora de Contenidos de @StaplesAR




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