18-08-2017
"Polémica decisión de la Legislatura porteña afecta la memoria histórica"
Por Alberto Lettieri (Historiador) @albertolettieri
La Estación Cabecera del Subte Línea B pasará de  llamarse Juan Manuel de Rosas  a llamarse Rosas/Villa Urquiza.

Con 40 votos afirmativos de los bloques del Pro, Suma+, la Coalición Cívica, el Frente de Izquierda y los Trabajadores, el Partido Socialista y Confianza Pública, la abstención de los legisladores de Autodeterminación y Libertad, Frente para la Victoria, Frente Renovador y Sindical Peronista, y el solitario voto en oposición de Gabriel Fuks, la Legislatura porteña modificó la denominación de la Estación Cabecera de la Línea B del Subte, Juan Manuel de Rosas, que a partir de ahora pasará a designarse Juan Manuel de Rosas/Villa Urquiza. A pocos días de una nueva celebración del hito de la Vuelta de Obligado, la decisión parece significar un nuevo avance en la restauración de una memoria anti nacional y popular en la CABA.

Tanto se ha escrito al respecto, que a esta altura parece innecesario recordar el compromiso de Rosas con la defensa a rajatabla de la soberanía nacional, el impulso de las economías regionales, la organización política, el respeto de la legalidad y la reivindicación de los sectores populares, así como con la creación de un orden político nacional, la Confederación Argentina, que cerró una larga etapa de anarquía y guerras civiles en nuestro país, y que mereció múltiples elogios y reconocimientos, entre ellos el de su contemporáneo, el General Don José de San Martín. Urquiza, en cambio, ha merecido críticas fundadas de todo el arco político e ideológico de su época, desde un José Hernández, quien acertó en pronosticarle el futuro que le espera a los traidores -"la muerte por la espalda por puñal federal"-, hasta Sarmiento o el propio Mitre y la prensa porteña, quienes lo denominaban habitualmente como el "Callfucurá que encabeza a las trece tribus de la geografía nacional" (se referían a las provincias, con la habitual soberbia de la elite porteña, excluyendo naturalmente a Buenos Aires). ¿Para qué detenernos en el incremento del patrimonio personal del entrerriano durante su gestión pública o en el contrabando de oro que llevó a cabo durante la Guerra del Paraná? Mucho menos en su provechoso abastecimiento de las tropas del enemigo durante ese mismo conflicto, o de las del Estado Nacional y sus aliados, durante la Guerra de la Triple Alianza?

También se ha demostrado suficientemente la política de distorsión y falsificación de la "memoria histórica de Rosas", tal como acordó el liberalismo en 1857, en sesión de la Sala de Representantes -devenida luego en Legislatura porteña- que hoy vuelve a sancionar a este patriota.

Aislado y limitado al caso de Rosas, resulta inaceptable el argumento de supuesta promoción de una reconciliación nacional que subyace a la decisión adoptada. Distinto sería, por ejemplo, si estuviera acompañado de la propuesta de una política similar para el resto de las estaciones y medios de transporte públicos. De este modo, el ferrocarrill Sarmiento podría llamarse Sarmiento/Chacho Peñaloza, y así tendríamos las líneas Roca/Pincén o Mitre/Solano López. También contaríamos con la estación Lavalle/Dorrego y la que homenajea a Roque Carranza -quien, antes de desempeñarse como Ministro de Defensa de Raúl Alfonsín participó del grupo terrorista que provocó los atentados en los subterráneos en 1953, que causaron 6 muertes y 90 heridos civiles, entre los que se contaban 19 mutilados- podría designarse Ministro Carranza/Mártires de la Democracia Argentina. Empezar por esta última sería un excelente comienzo. Pero no: los legisladores porteños, con la excepción de Gabriel Fuks, parecen creer que basta con sacarle la exclusividad a Rosas para comenzar a cerrar la grieta.

Realmente, la votación sorprende en algunos casos, ya que sabemos que muchos de ellos tienen un compromiso con un programa de reivindicación de la soberanía nacional y de promoción de los sectores populares, y que tal vez hayan sido sorprendidos en un descuido o que no han analizado a fondo las implicancias de su pronunciamiento. De ser correcta esta suposición, sería deseable que revieran su decisión o, al menos, que llevaran adelante mi propuesta de modificar la denominación del resto de las Estaciones sugeridas -y de otras que he omitido para no agobiar a los lectores-. De este modo daríamos tal vez un pasito adelante para el lado de la justicia histórica y de la reconciliación con nuestro pasado.

Alberto Lettieri exclusivo para Cadena BA. 15/12/2016

Doctor en Historia, Ex Director Académico del disuelto Instituto de Revisionismo historico Manuel Dorrego, Prof. Tit. UBA, Investigador Conicet, Escritor.




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