24-04-2017
"Un año de Macri: Gestión con sabor agridulce"
Por Belen Marty @belenmarty

Un balance del año con sabor a poco. ¿Macri cobarde? A la gestión le faltó un capitán.

Estamos, inconscientemente, haciendo un balance de la gestión macrista todos los días. Cuando un extranjero nos pregunta "¿y, cómo está tu país?", cuando nos cruzamos a alguien en un ascensor y viajamos hasta el piso 20, cuando vamos al supermercado el miércoles y solo el miércoles porque es el día de descuento y sino no llegamos a fin de mes. Cuando, de hecho, llegamos a fin de mes con el máximo de descubierto que nos da el banco.

La realidad es que el balance después de un año de mandato de Mauricio Macri es agridulce. Es una victoria con sabor a derrota. Es cuando te preguntan si ganaste y respondes "no perdí".

Lamentablemente no estamos festejando los logros del presidente sino el aniversario del fin del chavismo en la región. El destierro, al menos temporal, de una ideología que abrazaba la intolerancia, el populismo, la prepotencia, el derroche y la miopía económica.

Da la sensación de que Macri tira de la cuerda para sacar al país del submundo, de las tinieblas, pero no lo hace con todas sus fuerzas. Con una mano agarra la soga y con la otra se rasca la cabeza. Todo a medias tintas, ni muy muy ni tan tan. No se la terminó de jugar con Venezuela, no condenó (del todo) las atrocidades de Fidel Castro, no cortó con la deficitaria Aerolineas Argentinas, ni se desprendió en nada del gasto público (lo mantuvo, a rajatabla).

El economista liberal Roberto Cachanosky decía "El pecado del macrismo fue no contar, desde el primer momento, la terrible herencia recibida. El estado real y calamitoso de Argentina". Para él, a los ciudadanos argentinos nunca se les explicó bien el ajuste severo que necesitaba el país. Por eso, al no haber sido explicados de la situación real del país, es posible que la tolerancia con las políticas del gobierno este tendiendo a agotarse.

Esto es un poco la pelea intelectual entre Edmund Burke y Thomas Paine. ¿Deben los cambios realizarse de manera gradual, preservar las buenas costumbres o, por el contrario, tirar todo por la borda como sucedió en la revolución francesa?

Un año es poco tiempo para hacer un balance real de lo que hizo un presidente después de agarrar a un país en la era post-apocalíptica. La intención de sincerar las tarifas de los servicios, transparentar las cifras de pobreza (no es que haya aparecido ahora; siempre estuvo), habilitar las importaciones, mostrar señales de que el camino viene de la mano de inversiones, promover el diálogo, hablar de inflación, acabar con programas populistas como Fútbol para Todos, son todas señales de un cambio positivo.

Pero no nos podemos contentar con tan poco. Argentina tiene todo para prosperar, lo que necesita es que la dejen. Haber salido del cepo cambiario no está haciendo que lluevan las inversiones, como nos habían hecho creer. Es muy difícil que éstas caigan del cielo con la carga tributaria más alta de la región. Ni una empresa se come el cuento de la inflación del 17% que se especula tendremos el año que viene y con una legislación laboral tan rígida, sumado al retraso cambiario, será muy difícil que tomen nuevos empleados que ayuden a mitigar la actual tasa de desempleo.

Ni hablar de la idea subyacente del gobierno que busca inversiones promoviendo una política de abastecimiento solo al mercado interno. ¡¿Cómo podemos crecer cerrándonos al mundo?! ¿O ese discurso es solo para las cámaras de Snapchat? Volvemos a las medias tintas de antes…

Cachanosky explica que Argentina es cara en dólares porque el tipo de cambio real está retrasado. "Eso es producto de que los precios en pesos aumentaron más que el tipo de cambio nominal, volviendo al viejo truco de anclar el tipo de cambio nominal para frenar la inflación", sostiene.

Todo se reduce, como todo, a las señales que nos marcan desde el oficialismo. ¿Cuál es el norte? Si el norte del país es más gasto público, manteniendo el actual déficit fiscal, financiándolo con deuda (y no tanto con emisión) estamos en problemas. Cuando desde el gobierno nacional le guiñan el ojo a un gobierno porteño que gasta en clases de zumba y en torneos de asados cuando los hospitales públicos se caen a pedazos estamos en problemas. Cuando se premia la profesión piquetera y se castiga al trabajador (caso Uber) estamos en problemas. Cuando lo que está bien, está mal, estamos en problemas.

Esperemos que,tal como publicó la revista Noticias el domingo, el "populismo cool" no se convierta en tendencia. Estamos recién a un año y quedan cuatro. Aún hay tiempo de virar el timón y no estrellarnos contra el iceberg de la soberbia kirchernista.

Belén Marty. Exclusivo para Cadena BA. 11/12/2016

Periodista,  Lic. en Comunicación Social (Univ. Austral), Maestrando en Economía y Ciencias Políticas (Eseade). Ex corresponsal Cono Sur y Cuba de Pamam Post. 




PI Global Media