18-08-2017
"La fortuna y la política. Maquiavello, Macri y la sabiduría del peronismo"
Por Alberto Lettieri (Historiador) @albertolettieri

Hace algo más de 600 años, en 1513,veía la luz  El Príncipe de Nicolás Maquiavello. Allí se ofrecía un compendio de procedimientos, reglas de juego y oportunos consejos sobre la política en el Estado Moderno, que mantendrían su actualidad hasta el presente. La mayor parte de los protagonistas de los últimos cinco siglos en Occidente fueron fervorosos lectores del perspicaz florentino, quien  les aportó un método y una perspectiva de la que carecían al momento de emprender su derrotero político.

Repasando brevemente sus páginas desde la actualidad argentina, obligadamente nos llama la atención la siguiente reflexión:  "los que llegan a ser príncipe por la fortuna, les resulta fácil ascender, pero muy difícil mantenerse en el poder." Para Maquiavello, en tanto acceder al gobierno no resultaba particularmente complicado, ya que bastaba con un golpe de mano oportuno, el gran desafío consistía en mantenerse, en naturalizar la dominación y convertir el poder desnudo en autoridad, es decir, revestirlo de consenso.

Los sucesos de los últimos días parecen confirmar la sentencia del florentino, si analizamos cual fue la estrategia diseñada por el Gobierno Nacional al momento de encarar 3 cuestiones esenciales: la reforma política, la Emergencia social y la reforma de Ganancias en la Cámara de Diputados. Ya que el detalle de los entremeses de cada una de esas cuestiones es bastante conocido, me limitaré a señalar que, siguiendo a Maquiavello, un gobierno naciente debe revestirse de autoridad, de consenso social. En síntesis, convencer a la sociedad de quien la gobierna la hace en base a justos títulos, y que orienta su acción hacia el bien común. Para conseguirlo, debe, por un lado, evitar el ridículo de colocar proyectos en la agenda de Sesiones Extraordinarias sin tener previamente negociada su sanción.  Lo inverso equivale a reconocer que el poder es impotente, que no tiene o ha resignado la capacidad de mando.  Algo que Cambiemos parece haber advertido recién después de su duro traspié en la Cámara de Diputados.

La forma en que reaccionó la primera línea del Gobierno Nacional nos devuelve a la sentencia de Maquiavello sobre los Príncipes que han accedido al poder en base a su fortuna: carecen de experticia política, por lo que mantenerse les resulta particularmente complicado. Más aún cuando las pocas voces lúcidas dentro de la gestión, como  por ejemplo Emilio Monzó o Rogelio Frigerio,  son desoídas e, incluso, descalificadas, dentro del círculo selecto y fundador del PRO. ¿Cómo interpretar sino la decisión de enviar a China al Ministro del Interior, clave en la relación con los Gobernadores, en plena discusión de la reforma de Ganancias en la Cámara de Diputados? ¿Cómo entender las descalificaciones a Monzó, cuando el Presidente la de Cámara de Diputados explicita la urgente necesidad de Cambiemos de fortalecer su textura política y asignarle un contenido a una   alianza electoral sin rumbo y sin programa concreto, convocando a actores relevantes procedentes de otras fuerzas políticas, en particular del peronismo? En política, los errores y los empecinamientos se pagan, y muy caros. Y justamente ese precio es el que hoy evalúa regatear el Gobierno Nacional, implementando argumentaciones que sólo parecen hundirlo más en el lodazal.

Mientras Emilio Monzó, portador de la experticia política, aceptó desde un principio que en política se gana o se pierde, lo que no se debe es promover la propia hecatombe, manteniendo en los titulares de los diarios una derrota vergonzante a partir de declaraciones y amenazas oficiales, Mauricio Macri, Marcos Peña Braun y el círculo de "chicos bien" que tan bien caracterizó Felipe Solá salieron a demonizar a Sergio Massa y al Peronismo y a manifestar su convicción que la foto de diputados del PJ, el FR, el Bloque Justicialista y el FPV incineraría al tigrense, el pueblo peronista, y también el progresismo que acompañó la medida, sólo pudo ver en esa imagen el punto de partida para la ansiada unidad del proyecto nacional, paso previo a un autoprofetizado retorno.  Una vez más, y con lucidez, Monzó afirmó: "hay un alerta de que el peronismo puede unirse."  

Quizá el error haya estado en escuchar demasiado a Jaime Durán Barba -sobre todo al recurrir a aquella célebre frase de Goebbels: "miente, miente, que algo quedará- y  dejar a Maquiavello empolvado en la biblioteca. Sobre todo porque la cita de Maquiavello que parece haber influido más sobre el círculo de asesores presidenciales no fue ninguna extraída de El Príncipe,  sino otra que se aplicaba a su propia actitud de vida como consejero político, y que le revelara a Francesco Guicciardini, en Carta fechada en el mes de mayo de 1521: : " yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla."                    

 Y, respecto de la reforma de Ganancias, por ejemplo, no es tan importante lo que el Presidente Macri piense,  como lo que afirmó en su campaña presidencial, que nos remite a aquella célebre máxima de que "el pez por la boca muere". Macri prometió que durante su gobierno se eliminaría el impuesto a las ganancias. No lo cumplió y, lo que es peor, su gabinete salio a denunciar un "golpe de estado blando" promovido por una oposición. Lo paradójico es que ese pretendido Golpe de Estado habría consistido simplemente en impulsar un punto programático de la plataforma electoral de Mauricio Macri.  Ahora el gobierno le prende las velas al Senado, especulando con que los Senadores reviertan la sanción de Diputados, para sacarle de encima del fardo de tener que vetar una Ley que sería la simple concreción de una promesa electoral….

Para un gobierno que gozara de respaldo y consenso social el golpe no sería, tal vez, tan duro. Pero cuando el índice de popularidad presidencial ha bajado a la mitad del que tenía un año atrás, cuando la mayoría de la población está convencida de que Macri "gobierna para los ricos" y a menos de un año de las cruciales elecciones de 2017, un veto a la reforma de Ganancias prácticamente equivaldría a auto-condenarse a una segura derrota en las urnas, tal como pronosticó Hector Daer. Llamativamente, en medio de la discusión parlamentaria de Ganancias, tanto La Nación como Clarín coincidieron en reproducir la información del Sitio Web Chequeado, donde se constata que, de 20 promesas electorales formuladas por Mauricio Macri, sólo se concretaron 2, y ambas beneficiaron a los sectores más concentrados de la economía.

Repasando los editoriales de los medios que inicialmente acompañaron a la gestión del Presidente Macri en la últimas semanas, salta a la vista que se ha diluido en buena dosis la protección de la que gozó en los meses iniciales.  En efecto, a cada paso se parece encenderse un nuevo polvorín que minimiza drásticamente las denuncias sobre los eventuales comportamientos ilícitos en que habrían incurrido figuras y empresarios cercanos al Gobierno anterior. Las 29 empresas de la familia Macri en paraísos fiscales que revelaron los Panamà Papers hasta la fecha se suman a las registradas por otros 18 funcionarios del Gobierno actual. El Acuerdo con Qatar presenta ribetes escandalosos, así cómo la profundización de las prácticas de la Fundación Presidida por la Vicepresidenta Gabriela Michetti. La inclusión de familiares de funcionarios dentro del blanqueo señala de manera incómoda a la familia presidencial. La relación entre Aranguren, Shell, y las importaciones y exportaciones de gas se anuncia como un tema de sumo impacto para los próximos meses. Y esto sólo parece ser la punta del iceberg. Junto a esto, la sanción de organismos internacionales por la grave situación de los DDHH en nuestro país, con referencia al caso de Milagro Sala, que ya complicaba -y mucho- a la actual gestión, se agravó en los últimos días debido a la sospechosa muerte de un joven, cuyo tío habría resistido a las presiones para declarar contra la dirigente de la Tupac.   

En medio de todo esto, los retiros espirituales no consiguen resolver las graves deficiencias de funcionamiento del Gobierno Nacional. Tal como se lo señaló alguien que de política conoce bastante, el ex Presidente Eduardo Duhalde, es difícil hacer funcionar un gobierno con 30 ministros en un país como el nuestro. También se lo habría aconsejado Maquiavello: "La experiencia -afirmaba el florentino- siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos." ES posible que un funcionario quiera  secar la plaza de pesos para bajar la inflación y otro quiera reactivar el consumo. Lo inconcebible es que ambos formen parte del mismo gabinete.

A un año de su asunción ya nada queda de la prometida "revolución de la alegría", la "tormenta de inversiones" y otros slogans de campaña. La pobreza se incrementó de manera exponencial, la industria toca fondo, las exportaciones en general han caído a niveles históricos, y el desempleo se ha incrementado. La pobreza se incrementó al menos 7 puntos, y la indigencia supera cualquier antecedente registrado en nuestro paìs. Las relaciones exteriores han tenido un manejo desastroso, y las internas dentro del gobierno superan en agresividad  a las críticas de la oposición más radicalizada. Varios funcionarios encabezan áreas estratégicas para las cuales muestran dudosa capacidad, y las gestiones más o menos exitosas, producto de negociaciones y acuerdos con la oposición, generan suspicacias y condenas al interior de Cambiemos.  Sólo la "mano de Dios" podrá ponernos a salvo de los incendios forestales, afirmo el creyente Secretario de Medio Ambiente del "Mejor Gabinete de los últimos 50 años",

Por si esto fuera poco, la deuda externa ha batido récords históricos, no ha llegado un centavo de inversiones productivas, los intereses de las Lebacs ponen en riesgo la viabilidad de la economía nacional en el mediano plazo. El mercado interno se ha contraído drásticamente, mientras el Gobierno, cual autómata, sólo atina a culpar a la "herencia recibida" y a una oposición sobre la cual ha recaído la verdadera responsabilidad de garantizar la institucionalidad política y la gobernabilidad.

Poco, muy poco, frente a un mes de diciembre que genera temores y sospechas de saqueos dentro de un gabinete que parece haberse extraviado dentro de su propio relato. ¿Quiénes serían los eventuales saqueadores? ¿Cómo resulta posible temer saqueos, cuando se cerró un acuerdo por $ 30.000 millones con los referentes de los sectores más carenciados?   ¿O es que no se negoció adecuadamente, o no se sabe con quienes negociar? A esta altura, lo más coherente de Cambiemos parece ser su relato sobre la fe y la felicidad sin encarnadura en la realidad, su predisposición a beneficiar a los sectores màs acomodados,  a ceder ante la presión y a descalificar cualquier iniciativa que propicie la igualdad social.  Un gobierno que titula la realidad, en lugar de accionar sobre ella.

Hace 600 años, Nicolàs Maquiavello concluía: "No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden." Sobre todo cuando ese nuevo orden excluye a las mayorías -podríamos agregar- y esas mayorías cuentan con una doctrina formulada por alguien que si había leído y comprendido, y muy bien, las enseñanzas del florentino, y las había colocado al servicio de la inclusión social y el desarrollo productivo. 

Aún es tiempo de barajar y dar de nuevo para Cambiemos.  No está tan en claro que sus referentes PRO "puros" lo hayan advertido. 

Alberto Lettieri exclusivo para Cadena BA. 10/12/2016

Doctor en Historia, Ex Director Académico del disuelto Instituto de Revisionismo historico Manuel Dorrego, Prof. Tit. UBA, Investigador Conicet, Escritor.




PI Global Media